El maestro argentino anticipa sus conciertos de este mes en el Colón y evalúa la crisis europea; la relación de Argentina y Alemania


Vía: www.lanacion.com.ar | Pablo Gianera | Fotografía Emiliano Lasalvia

Las repentizaciones de Daniel Barenboim son parte de su genio. La línea telefónica funcionaba mal, de manera asimétrica: el que debía hacer las preguntas no oía del todo bien, y el que debía responderlas, oía sin intereferencias. “Entonces yo le hago una entrevista a usted mejor. Es más fácil.” Por fin las líneas se alinearon

Barenboim está de vacaciones en España; allí “junta fuerzas” para el viaje a la Argentina, donde actuará a partir del 29 de julio, en uno de esos maratones musicales que implica también a Martha Argerich y que solamente Barenboim es capaz de afrontar física e intelectualmente. “Hay cosas musicales que tengo que preparar. En el programa con Martha hay cosas que son nuevas para los dos: la obertura de El holandés errante de Wagner en la transcripción de Debussy, y El mar para dos pianos.”

-Lo más sensato, maestro, será entonces que volvamos al plan inicial y que sea yo quien haga las preguntas… El de los dos pianos es un programa singular con transcripciones que se escuchan muy pocas veces. ¿Cómo lo decidió?

-Como el año que viene se cumplen 100 años de la muerte de Debussy queremos hacer un homenaje. Y lo hacemos ahora porque Martha no irá a la Argentina el año que viene. Quisimos hacer la obra completa, incluidas las transcripciones para dos pianos y cuatro manos, aunque faltan por ejemplo los Estudios en forma de canon de Schumann, que ya tocamos. Me pareció un digno homenaje a Debussy.

-La transcripción de la obertura de El holandés errante es una verdadera rareza. ¿En qué términos entiende usted la relación de amor y odio de Debussy por Wagner, que pasó de la devoción al rechazo?

-Es un buen punto. Wagner fue una fuerza enorme. Nadie durante su vida, ni después tampoco, pudo ignorarlo. O lo adoraban o lo odiaban. Ni siquiera se puede hablar de que haya habido una reacción equilibrada: respetarlo sin adorarlo, o que no le guste sin odiarlo. Siempre despertó reacciones muy extremas y por eso fue, históricamente hablando, una fuerza tan importante. Debussy, desde que empezó a escribir, estaba buscando su carácter individual, su carácter francés. Usted sabe que él escribía en su tarjeta de visita: “Claude Debussy. Musicien français“. Para mí, no es un signo de nacionalismo sino que marcaba que él no era un músico centroeuropeo. Debussy es el primer compositor que ofreció una contrapropuesta a la música centroeuropea e italiana. En Wagner, Debussy vio alguien que también había tomado su propio camino, y de ahí su gran admiración inicial. Poco a poco, se fue liberando de Wagner, pero siempre quedaron rastros, incluso cuando ya se había separado de su influencia, quedaron rastros; rastros armónicos, y ni hablar de los rasgos instrumentales. Wagner fue el que inventó, por ejemplo, el sonido del corno inglés y la trompeta tocando en unísono, en el Crepúsculo de los dioses. Y eso se oye también al principio de El mar. Cuando Debussy encontró su camino individual, se fue prácticamente con Stravinski. Juegos, para orquesta, podría perfectamente ser de Stravinski.

-Debussy contaba que debía mantener una estricta vigilancia en la escritura, y que cuando, por decirlo así, soltaba la mano, aparecían reflejos de Wagner…

-Toda la música después de Wagner está relacionada: porque los compositores lo siguen o porque muy conscientemente quieren romper con él.

-Traerá también las Tres piezas para orquesta opus 6 de Alban Berg, que es una obra clave de la segunda escuela de Viena, en la que Berg parece disciplinarse a sí mismo, en un sentido formal. Adorno veía además una expansión del círculo de Schönberg y una gravitación de Mahler y Debussy. ¿Usted ve también esas sombras?

-Mahler está muy claro, y Debussy también. Uno podría pensar en Ravel, pero Ravel no era entonces suficientemente conocido. Y de Mahler ni hablar: en la tercera pieza hay una alusión directa a la Sexta sinfonía. Me parece que esa observación de Adorno es realmente muy justa.

-El compositor Oscar Strasnoy, que vive en Berlín, me dijo una vez que no hay nadie en el mundo que pueda dirigir Strauss como usted. Sin embargo, al mismo tiempo usted es un campeón de la Segunda Escuela de Viena, desde cuya perspectiva Strauss es casi reaccionario. ¿Cómo evalúa la posición histórica de Strauss?

-La posición histórica de Strauss es indefendible. Alguien que escribió Elektra Salome a principios del siglo XX y terminó escribiendo las Cuatro últimas cancionesMetamorfosis y el Concierto de oboe, a mediados de siglo, no se lo puede tomar históricamente en serio. En medio siglo fue completamente para atrás. Pero le voy a contar una pequeña anécdota que me contó la viuda de Wilhelm Furtwängler. El día antes de morir, Furtwängler estaba en el hospital, perfectamente consciente pero muy débil, y le pidió a ella que le llevara la partitura de Una vida de héroe, de Strauss. Entonces ella buscó la partitura y se la llevó, pero le dijo: “¿Por qué quieres que te traiga esto? No es una obra que admiraras ni dirigieras tanto…” “No”, le dijo él, “pero está tan perfectamente instrumentada que quiero leerla una vez más”. Strauss es eso: desde el punto de la instrumentación, de la mano de obra, es absolutamente esencial.

-No por nada revisó el Tratado de instrumentación, de Berlioz.

-¡Claro! Y además lo que me fascina de Strauss es que haya tomado tanto de Wagner pero que la música sea otro mundo, mucho menos arrebatador. Es de carácter más bien clásico aunque el idioma sea mucho más avanzado. Don Quijote, que vamos a hacer con el magnífico celista Kian Soltani, es una obra muy especial: hay una conexión muy estrecha entre la historia y la música. Es un ejemplo de cómo se puede contar una historia solamente a través del sonido.

-¿Cómo fue la colaboración con el cineasta Wim Wenders en la ópera Los pescadores de perlas, de Bizet, que hicieron juntos el mes pasado en Berlín?

-Lo invité porque me gustaban sus películas. Wenders es una persona exquisita y con muchísima fantasía. Vino muy bien preparado y con excesivo respeto por la música. Sabía muy bien a diferencia entre ser director de cine y director de ópera. Pero tiene una gran imaginación visual. Fue un espectáculo de mayor imaginación visual que de dramatismo de actores. Y Wenders me dijo: “Nunca aprendí tanto en un período tan corto como haciendo una ópera”. Es una persona de una gran modestia y espero que se lance a seguir.

-No sé si sigue las noticias en las vacaciones, pero la reunión del G-20 estuvo convulsionada. Además, ahí en Hamburgo volvieron a encontrarse el presidente Mauricio Macri con Angela Merkel. ¿Cómo ve esta nueva etapa de las relaciones entre Argentina y Alemania?

-Creo que hubo un gran progreso en las relaciones, que no fueron muy buenas en los últimos años. Tengo la impresión de que, con la llegada de Macri al poder, las relaciones, tanto diplomática como económicamente, alcanzaron un grado mayor de cooperación. Y eso me alegra mucho.

-¿Piensa que Merkel podrá mantenerse en el poder?

-Eso no lo sé, pero ella demostró en los últimos años que es la única líder del mundo libre, así que tiene las credenciales.

-La elección de Macron en Francia parece haberla fortalecido también…

-Eso es muy importante. Como sabemos todos, el mundo está en un gran desorden, y parte del desorden consiste en el hecho de que la idea de la comunidad europea, de la unión europea, se redujo al euro, a la moneda. Yo me acuerdo todavía de cuando se inventó la Unión Europea con Mitterrand y Kohl. Se hablaba entonces de una unión en todas las disciplinas, también en la cultura. Y ahora la Unión Europea no funciona porque quedó reducida al factor económico. Las opiniones negativas, sobre todos de los jóvenes, provienen de que no tienen la más mínima idea de por qué tienen que estar juntos. No tienen la idea de que hay una cultura europea. La música es la única disciplina en la que realmente no hay fronteras. Ningún músico alemán toca solamente Brahms. Todos tocan Debussy y Stravinski y Verdi. Pero los idiomas no se aprenden, no se ven los paralelismos en la cultura y falta el sentimiento de que lo que tiene Europa de particular es que hay una cultura común. Y un destino común. ¿Por qué en Grecia hay tanto sentimiento anti Unión Europea y anti-alemán? Porque ven solamente la cuestión del euro, la cuestión de las deudas. No tienen el sentimiento de pertenecer a la misma comunidad. Tenemos que crear una comunidad en el sentido más simple de la palabra, y a la vez en el más complejo. Hace falta un programa urgente de educación. Eso es lo único que puede salvar a Europa. Yo se lo comenté a Merkel y estuvo de acuerdo, pero me dijo que primero tenía que ganar las elecciones.