Vía: www.codalario.com | Por Por Alejandro Fernández

Málaga. 8/I/16. Teatro Cervantes. Temporada de abono de la Filarmónica de Málaga. Concierto abono nº 9. Solista: Katarzyna Mycka, marimba. Director: Manuel Hernández Silva. Obras de Berstein, Alderete y Stravinsky

La OFM retomaba con una cantidad de público aceptable la temporada de abono en el Cervantes de la mano de su director titular, el maestro Manuel Hernández Silva. Atrás queda la buena impresión del concierto extraordinario que la Filarmónica celebraba hace apenas unos días para dar la bienvenida al nuevo año y que contó con las voces de Berna Perles y Luis Pacetti. En esta última cita dos autores de la centuria pasada y una obra de estreno componían el programa que retoma y aplaza los abonos hasta el mes de febrero. Un año más, el Festival de Teatro y el Carnaval imponen el incomprensible parón tan sólo remediado con el Ciclo de Música de Cámara, y más recientemente con la buena acogida de las citas en la Filarmónica Frente al Mar, en el Edgar Neville, un espacio que no sin razón se ha convertido en un referente dentro de la agenda cultural de la ciudad.

Cuando en el repertorio se incluyen obras del siglo XX, la unanimidad del público se divide y, en ocasiones, de forma voluntaria o no, manifiesta su hastio con toses inoportunas, molestos cuchicheos y un largo etcétera que tan solo ejemplifica el escaso horizonte que musicalmente hablando se sigue manejando. Como cualquier otro periodo creativo, la centuria pasada exige un papel tan activo del oyente como el del romanticismo wagneriano o el neoclasicismo de Haydn. Hernández Silva conoce perfectamente esta excepción y apostó por un repertorio alejado de la aprobación general y abriendo puertas donde las reticencias no son pocas y de alguna forma arrastraron la despedida del anterior director titular.

La carrera de Leonard Berstein comienza a destacar con la sustitución del mítico Bruno Walter al frente de la Filarmónica de New York, trabajo que compaginará con las facetas como pianista y compositor. Esta orquesta de referencia se convertirá en su tarjeta de presentación entre los grandes conjuntos del viejo continente. Pero también de esta relación, a lo largo de un cuarto de siglo, alumbrará piezas escénicas como la opereta Candide. Su obertura, que pronto se independizaría del resto de la obra, contiene buena parte de las esencias de su autor, como la importancia del plano rítmico y melódico pasando por la disposición de una amplia plantilla orquestal a la que extrae una generosa paleta de colores con los metales cobrando especial protagonismo. Hernández Silva optó por una lectura en favor de las dinámicas, los fuertes contrastes que recoge la página.

Desde aquelprimer concierto para marimba de Igmar Alderete, grabado en su día por la Orquesta de Córdoba con Carolina Alcaráz como intérprete y Hernández Silva a la batuta, el maestro cubano regresa ahora con una partitura concertante para el mismo instrumento que el pasado viernes vio su estreno, en España, de la mano de la OFM, años después de su redacción. Alderete compagina sus trabajos como compositor con el violín en la Orquesta de Córdoba, de la que fue director nuestro actual titular. Una vez más, Katarzyna Mycka fue la encargada de asumir el exigente papel solista de este instrumento, de origen centroamericano, cada vez más frecuente en las salas de concierto dada su capacidad cromática y particular sonido.

El Concierto nº 2 se articula en torno a tres movimientos clásicos contrastantes sobre una cadencia central que organiza toda la estructura formal de cada tiempo. Destaca especialmente el lento, donde Alderete dispone un ambiente de notas mantenidas sobre las que se desliza el discurso de la marimba. Tras la cadencia de este extenso movimiento una coda final de corte lírico precede al alegro conclusivo de claro lucimiento para el solista. No obstante, hay un equilibrio constante entre el plano orquestal y el reservado al instrumento a lo largo de los tres motivos del concierto. Al término de la interpretación Katarzyna Mycka agradeció los aplausos de los aficionados interpretando una adaptación del Libertango de Piazzola.

Estrenado en 1910 El pájaro de fuego sigue manteniendo, un siglo después, la frescura y el temperamento innovador que llega a su cenit con la ruptura formal que encarna La consagración de la primavera. Una trilogía completada con Petrushka. Los tres títulos tienen en la tradición rusa su punto de partida, aunque desde el punto de vista formal instituyen la reinvención del ballet que entra así de lleno en la danza moderna. Hasta tres suites de concierto conoció, desde su puesta en escena, El pájaro de fuego y es la versión de 1945 la que suele copar los atriles de los conjuntos sinfónicos. Nuevamente, el maestro Hernández Silva contó con una amplia plantilla orquestal donde destacó el papel de los distintos solistas de la Filarmónica. Hernández Silva destacó los fuertes y conocidos contrastes rítmicos de la pieza y se mostró preocupado porque la emisión de conjunto resultase sólida y convincente, a lo que sin duda ayudó que la obra ya es bien conocida por los músicos.

Fue un concierto planteado con valentía, dado el período elegido para este abono, en el que apreciamos una travesía coherente, bien trabajada e hilada pero con escasa repercusión entre el público, que recibiría el programa con una frialdad impropia un tanto pueril.