Teresa Cáceres bajó del autobús y empezó a llorar.

Había sido una agotadora y emocionante semana para ella y decenas de otros músicos de la Orquesta Juvenil de Los Ángeles (YOLA, por sus siglas en inglés), que regresó a casa el lunes entre carteles, flores y gritos de sus familiares y amigos, tras haber actuado un día antes con Beyonce, Bruno Mars y Coldplay en el Super Bowl 50.

“Nunca creí que estaría en un escenario tan grande con gente tan increíble. Aprendí mucho sobre música y la vida”, dijo Teresa, una violoncelista de 16 años, quien fué directo a los brazos de sus padres y hermana a las afueras de la Sala de Conciertos Walt Disney. “Estaba nerviosa, pero en el momento que subes al escenario, se te van los nervios y te sientes libre. Estaba asombrada de que iba a suceder y luego pasó”.

Y luego dijo, “conocí a Beyonce”.

El director de YOLA y la Filarmónica de Los Ángeles, Gustavo Dudamel, actuó ante una audiencia de televisión de alrededor de 112 millones de personas, durante el espectáculo de medio tiempo en el Levi’s Stadium de Santa Clara. Vestidos en rojo y azul pálido, los músicos tocaron con instrumentos del color del arcoiris en un espectáculo donde la música clásica acompañó — y no predominó— la actuación de los astros de la música pop.

Fué un momento cumbre para la orquesta, cuyos miembros provienen de familias pobres o de la clase trabajadora. Inspirados por Dudamel, quien creció en su nativa Venezuela asistiendo a un programa musical similar, YOLA es uno de los intentos más fuertes de la Filarmónica de L.A. para acercarse a las audiencias de inmigrantes, en un condado que es casi 50% latino. Que hayan sido invitados al Super Bowl es testimonio de su diversidad y refleja los tiempos de cambio en la demografía de Estados Unidos.

“YOLA les da una gran experiencia. No pagamos por nada de esto”, dice el padre de Teresa, Édgar, trabajador de la construcción, quien tenía en lo alto un cartel de bienvenida mientras el autobús de su hija llegaba a la Sala de Conciertos Walt Disney. “Esto cambiará su vida”

Yeni Caceres and 10-year-old daughter Zoe, center, are among family and friends waiting in front of the Walt Disney Concert Hall for the YOLA musicians who performed at the Super Bowl to arrive with a warm welcome home Monday. (Ricardo DeAratanha / Los Angeles Times)

Yeni Caceres and 10-year-old daughter Zoe, center, are among family and friends waiting in front of the Walt Disney Concert Hall for the YOLA musicians who performed at the Super Bowl to arrive with a warm welcome home Monday. (Ricardo DeAratanha / Los Angeles Times)

“Uno de mis momentos favoritos”, dijo Bianca Tinoco, miembro de YOLA, “fue cuando estuvimos en uno de los ensayos. Fue el día de mi cumpleaños y Coldplay cantó ‘Happy Birthday.’ Eso fue simplemente asombroso”.

Otra de las integrantes de YOLA, Karla Melgar, dijo que el vocalista de Coldplay, Chris Martin, y todos los miembros de la banda, así como Bruno Mars y Beyonce, trataron a los miembros de la orquesta como colegas y no niños. “Todos trabajamos muy duro. Y como dijo Chris, eramos parte de su banda. Fuimos parte de la familia real”.

Tras una fotografía en las escaleras de la Sala de Conciertos, Dudamel le dijo a los músicos: “Es difícil poner en palabras lo que estoy sintiendo. Estoy orgulloso de ustedes”, dijo. “Me siento como un padre. Mi corazón quiere explotar”. Agregó que en unos años “ustedes dirán, ‘Sí, estuve ahí’”.

En la semana previa al Super Bowl, los músicos tuvieron tres ensayos en el escenario principal del estadio. Tuvieron pruebas de vestuario y recibieron consejos sobre cómo expresarse ante una audiencia internacional.  Ellos bailaron junto a Beyonce y acompañaron a Coldplay. Los jóvenes músicos “trataron de calmarse tras bastidores”, dijo Diana Romay, violinista de 16 años. “La gente estaba rezando y llorando. Nos unimos”.

Teresa Cáceres secó sus lágrimas y posó ante el teléfono de su madre. “Quiero estudiar antropología forense cuando vaya a la universidad”, dijo. “Pero también estudiaré música. Nunca dejaré la música”.

Ella y los otros músicos de la orquesta ya no estaban en el estadio cuando los segundos finales del partido expiraban, en el triunfo de los Broncos de Denver 24-10 sobre los Panthers de Carolina. Todos se habían ido tras el medio tiempo para jugar boliche y relajarse.