Vía: www.avn.info.ve/ Fotografías AVN

El violonchelo del niño Marlon Florez, principal de la fila de chelo de la Orquesta Nacional Infantil de El Sistema, ha sido escuchado por grandes exponentes como Simon Rattle y Plácido Domingo, ha estado bajo la dirección del maestro Gustavo Dudamel y acompañado a la violoncelista Natalia Gutman, quien reconoció en él un potencial para la música que a sus 11 años de edad lo ha convertido en un niño prodigio.

Marlon, dueño de un verbo fluido, compromiso inquebrantable y carácter decidido al hablar de música, comenzó sus estudios a los cuatro años en el núcleo de El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Venezuela ubicado en Montalbán, Caracas, donde recibió su primera formación por parte de la profesora Juana Díaz. Luego, a los seis años, continuó sus estudios musicales dirigido por el maestro Valmore Nieves, en la sede principal de El Sistema, ubicada en Quebrada Honda.

A su corta edad, con la que atesora en su naciente carrera el Premio Nacional de Violonchelo (2012)  y como solista ha sido escuchado en el extranjero, Marlon no planea para sí un futuro distinto al que le ofrece su instrumento, el cual parece superarlo en peso, pero no en complejidad.

“Me gusta el chelo porque para mí la cuerda no es tan grave como el contrabajo, ni tan aguda como el violín, es como regular”, explica, “La música es un lenguaje, significa mucho, tiene mucha manera de expresarse. Para mí la música es mi futuro porque todavía me falta mucho por estudiar, me falta aprender muchas cosas todavía. No creo que llegue a tomar otra carrera”, expresó en entrevista ofrecida a la Agencia Venezolana de Noticias.

Compromiso familiar

Marlon comparte su pasión por la música con su hermano Samir, quien a sus 14 años es trompetista de la Orquesta Juvenil del Conservatorio de Música Simón Bolívar. La rutina de ambos requiere de disciplina y compromiso, pues además de sus estudios musicales los jóvenes tienen que cumplir con obligaciones académicas.

Desde sus inicios, su padre Henry Florez, los acompaña en esta ardua tarea. El único día de descanso es el domingo, los seis restantes comparten su dedicación entre el liceo y El Sistema.

“El sacrificio ha valido la pena, a veces te provoca tirar la toalla porque es fuerte para uno trabajar, acompañarlos, pero al ver lo que ellos están dando, al ver los nombramientos de muchos músicos de El Sistema y al ver lo que la gente habla de ellos, nos lleva a seguir”, expresa alentado el señor Henry, quien relató que en ocasiones el carro se convierte en comedor o lugar de descanso por la ajetreada rutina.

“Como todo, es con la lucha. Marlon, por ejemplo, va en el carro y va haciendo su tarea, llega a la casa, termina de hacer la tarea y se pone a estudiar. Yo me acuesto y lo escucho tocando el chelo, le digo que se acueste porque al día siguiente debe estudiar y me dice: ‘Papá, tengo que sacar esta pieza, mi profesor me va a ver a tal hora’. Él está comprometido 100%”, comenta.

El día empieza temprano, a las seis de la mañana, momento en el que Marlon y Samir se van al liceo, en El Marqués, donde permanecen hasta la una y treinta de la tarde. De vuelta a casa, automáticamente se alistan para ir a Quebrada Honda a aprender más sobre la música, luego en la noche aún no termina la jornada, pues los compromisos escolares deben ser cumplidos.

“El esfuerzo vale la pena (…) Es un compromiso, es no verme sin la música y también tenemos que estudiar. Tenemos que esforzarnos por todo, pero lo hacemos felices”, sostiene Marlon.

El talento es una aptitud innata que se cultiva, pero en Marlon y Samir también parece influir la genética. Tienen dos tíos, uno pianista y otro baterista; una tía corista, que perteneció a El Sistema, y sus padres también cantan.

“La familia nos dice que estudiemos bastante si queremos un futuro y que si nos gusta algo nos tenemos que esmerar en eso. Tenemos que aprovechar a los profesores, estudiar, administrar nuestro tiempo”, manifiestó Samir, quien también tiene clara su decisión de asumir la música como profesión.

“Quiero tomar la música como profesión porque llevo toda mi vida estudiándola y para mí sin la música, estudiar otra cosa sería un estudio normal. No me podría expresar”, dice.

Ser reconocido

Más allá de dedicarse a ejecutar el chelo, Marlon trabaja por el reconocimiento y se dedica también a componer. Dice admirar a Gustav Malher, a Dmitri Dmitriyévich Shostakóvich y a Peter Ilyich Tchaikovsky.

“He compuesto y esa inquietud es porque yo quisiera ser alguien reconocido en un futuro, que digan: ‘El profesor Marlon Florez compuso esta obra a tal edad’. Yo quiero hacerlo porque me gusta, es como me quiero expresar y eso lo puedo hacer con la música”, expresa.

Es fiel amante de la música clásica, los otros géneros no le atraen tanto y su intrumento tampoco tiene “mucha cabida en la salsa o en el jazz”. La primera y quinta sinfonía de Mahler encantan a Marlon, quien es dedicado estudiante de la obra del compositor, puede describir con tal claridad su trabajo que no cabe duda su pasión por la música.

“Malher hizo nueve sinfonías y un adagio. Él tuvo nueve hijos de los cuales se le murieron siete, en la quinta sinfonía se le murió su hija. Cuando empieza la quinta de Mahler, que suena las trompetas, dicen que ese sonido son las últimas pulsaciones del corazón de la niña y a medida que se iba desarrollando, por ejemplo, el solo que tiene la cuerda, podía haber sido cuando ya la niña muere. La música es una historia”, reflexiona.

“Muchas de esas obras son muy tocadas, pero yo creo que como lo hizo Malher no tiene comparación”, resalta.

A Tchaikovsky lo define como un romántico y admira de él la Obertura 1812, que conmemora la victoria de la resistencia rusa ante el ejército de Napoleón Bonaparte, “es algo glorioso, fulminante”; mientras que de la obra de Shostakóvich destaca su “musicalidad masculina, la música no es romanticismo, tienes que ser más imponente, tienes que saber ejecutarla”.

Precisamente, entre los méritos de Marlon destaca la capacidad para ejecutar de manera extraordinaria obras complejas del repertorio de compositores clásicos como Wolfgang Mozart, Joseph Haydn y Antonín Dvorak que han sido presentadas en escenarios de Caracas Lisboa, Tokio, Irochima, Seúl y Salzburgo.

“Yo me quedo con la música clásica porque me parece más interesante”, dice Marlon sin dudar.

Ante lo que significa tal talento, el señor Henry es cuidadoso, pero también opotimista porque confia en la capacidad que ha demostrado tener Marlon.

“La presión es con Marlon por la responsabilidad que él tiene, porque para su edad le han puesto unos conciertos que son muy difíciles y gracias a Dios por su talento, Dios ha permitido que él logre sus metas”, celebra el padre.

“Valmore Nieves lo está formando con miras a llevarlo a algo más grande por su talento y capacidad”, añade.

Por su parte, Marlon no se conforma con lo logrado hasta ahora y asegura que aún le falta mucho por aprender. “Me tengo que proponer leer, estudiar más a fondo, es un sacrificio que uno tiene que hacer para conseguir los resultados”, dice.