Vía: laprensa.peru.com/ Fuente: Deutsche Welle)

Entre 1871 y 1914, muchos países europeos florecían económica y culturalmente. Sin embargo, el resentimiento nacional en contra de los vecinos se incrementó. Algo que también se reflejó en la música.

Joseph Haydn no tenía, seguramente, segundas intenciones, ni nacionales, ni artísticas, ni financieras, cuando adaptó el segundo movimiento de su Cuarteto de cuerda en Do mayor, como himno del Imperio austríaco en 1797. Asimismo, Ludwig van Beethoven creó sus variaciones sobre “Rule Britannia” pensando en el mercado musical ingles y no en monarcas. Sin embargo, las composiciones patrióticos han jugado siempre un importante papel en el panorama musical, especialmente, a principios del siglo XX.

Entonces, los himnos eran parte, no sólo de la política, también de la vida pública. Se escuchaban de manera regular en los desfiles militares o cuando el cuerpo militar de música los tocaba los domingos, como entretenimiento. A menudo, sonaban como cierre de conciertos de música clásica y, por supuesto, cada vez que alguien era coronado. En las salas de conciertos, también se podían oir marchas y composiciones patrióticas. De hecho, entre 1901 y 1907, el ingles Edward Elgard compuso cinco marchas de “Pompa y Circunstancia”. La primera sigue considerándose hoy el himno extraoficial de Gran Bretaña.

Sentimiento nacional

Elgar nunca escondió sus sentimientos nacionales. Igual que los alemanes, los franceses y los británicos, participó en la Batalla de Ypres en 1915. Entonces comenzó a componer “El Espíritu de Inglaterra”, para coro y orquesta, pieza que terminó dos años más tarde.

Igual que Elgar, el francés Claude Debussy fue también un ardiente patriota, que se enfrentó, de manera crítica a la música alemana. Con las sonatas que empezó a componer en 1915, quería crear un contrapunto deliberado a la tradición de las obras de Beethoven e impulsar el espíritu musical francés. Tras la invasion alemana de Bélgica en 1914, Debussy compuso la “Nana heroica” y la dedicó al rey belga y los soldados caídos en la batalla.

Para las personas y para la patria

En el imperio alemán también había composiciones patrióticas y heroicas. Muchos compositores, hoy en día olvidados, crearon enérgicas marchas y canciones de guera, que tuvieron gran resonancia entre el público. En las salas de conciertos, podian escucharse sonidos de tono nacional.

Es el caso de la “Obertura Patriótica, Op 140” para gran orquesta, de Max Reger, que fue creada poco después del estallido de la Primera Guerra Mundial, en septiembre de 1914. Reger trabajó también en una obra dedicada “Al Ejercito Alemán”. Y, junto a esto, aparece otra conocida melodía: “La canción de los alemanes”, himno de Hoffman von Fallersleben.

Reger fue aplaudido por sus contemporaneos, como casi ningún otro compositor alemán. Otro creador, también de renombre, fue su colega Hans Pfitzner. Entre 1915 1916, escribió dos “Canciones alemanas”, de gran motivación nacional, para barítono, coro masculino y orquesta, sobre textos de los poetas August Kopisch y Joseph von Eichendorff.

Música condenada

Mucho antes de la Guerra, se produjo una hostilidad hacia los dioses de la música de otras naciones. Pero, tras 1914, alcanzaron dimensiones más importantes. Las operas de Richard Wagner fueron desaprobadas en diversos círculos franceses y, con el estallido de la guerra, se condenó toda la música alemana.

Lo mismo ocurrió con las obras de compositores de Jacques Offenbach o Charles Gounod, anteriormente muy populares. Además, teniendo en cuenta la duración de la guerra y su impacto sobre la población, es normal que los sonidos patrióticos provocaran más de una discusión musical, sobre todo, si se tienen en cuenta los acontecimientos que se vivieron entre 1914 y 1918. La superación del resentimiento mutuo musical comenzó, lentamente, después de la Primera Guerra Mundial.