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Como lo prometido es deuda, aquí os dejo el secreto para dominar la técnica de una obra en poco tiempo y de manera sencilla.

Preparaos que allá vamos.

“El principio de oscuridad”

¿Qué es lo primero que dicen los estudiantes de enseñanzas básicas cuando ven una partitura de nivel avanzado?:
“¡Qué neeeeegro!”

Pues bien, esto que parece un chiste de músicos es lo que yo llamo el “Principio de Oscuridad”, y es aplicable a cualquier partitura. Nunca falla.

Este principio se basa en el grado de dificultad percibida tras dar el primer vistazo a una partitura. Ésto no solo depende de que haya muchas fusas en el pentagrama. También hay que tener en cuenta todas las demás cosas que se pueden escribir en una partitura: indicaciones de tempo, de dinámicas, así como las de articulación, respiración (no siempre), y si la partitura es de hace poco, hasta indicaciones de efectos sonoros y digitaciones especiales. Cuanto mayor es el grado de oscuridad de una partitura, mayor es la dificultad percibida, y por lo tanto, más lejos se ve la meta de dominarla por completo.
Por eso, lo primero es poner un poco de orden en el caos.

Ordenando el caos

Lo primero que hay que hacer es pensar en cuáles son las cosas más importantes que trabajar para conseguir dominar una obra. Yo os propongo las siguientes:

Notas y ritmo —> Articulación —> Digitación —> Sonido —> Respiración

Y diréis, pues ha descubierto la pólvora. No, ya lo se. Pero recordad que aquí lo importante no es el qué, sino el cómo. Así que dejad que me explique.

1. Notas y ritmo
Esto lo hacemos siempre. Lo normal es empezar con una o dos vueltas de reconocimiento para familiarizarte con las notas (la tonalidad, las alteraciones accidentales, etc.) y el ritmo (las indicaciones agógicas, los cambios de compás, etc.)

Pero ahora viene lo interesante.

2. Articulación
Las siguientes vueltas se la dais concentrados solo en la articulación, es decir, ataques, tipos de picado, ligaduras y acentos. Y no pasáis a concentraros en otra cosa hasta que hayáis tachado articulación de vuestra lista.

3. Digitación
Eliminada la articulación de la ecuación, os centráis en los dedos, en limpiar y dar velocidad y precisión a cualquier pasaje que os cueste especial trabajo. Es en esta parte cuando se realiza el trabajo sobre los adornos, siempre teniendo en cuenta el estilo de la obra y la época en la que fue compuesta, si queremos que nuestra interpretación sea históricamente correcta. Si no, pues a inventar adornos que os gusten.

4. Sonido
Una vez que los dedos dejan de suponer un problema, pasamos al sonido. Aquí estamos hablando de varias cosas. Lo primero es ver las dinámicas, y una vez que las tenemos bajo control, vamos poco a poco limpiando cosas como la afinación, problemas de flexibilidad, empleo del vibrato o cambios de color. Pero siempre concentrados solo en una cosa. Y Todo eso suponiendo que ya contéis con un sonido limpio, homogéneo y con buena proyección. Si no, aun tenéis trabajo por hacer. Pero no os preocupéis, es muy fácil. Ya os hablaré del sonido en otra entrada. Pero si estáis precisamente en esa fase de búsqueda de vuestro sonido ideal, y necesitáis algo de ayuda, no dudéis en escribirme.

5. Respiración
Ahora que habéis dominado los apartados anteriores ya tienes una imagen bastante completa de la obra. Este es el momento en el que pasas a concentrarte en la respiración y el fraseo. Preguntas como ¿dónde voy a respirar?, ¿dónde acaba esta frase? ¿cuánto aire necesito para cada frase?, ¿cuánto tiempo tengo para respirar?, ¿qué hago con el aire que expulso?, son las que deberíais haceros llegados a este punto.

Todas las obras se pueden trabajar siguiendo este esquema. La idea es que vuestra mente solo tenga que concentrarse en una cosa cada vez. Nuestro cerebro permite el modo multitarea, pero solo con cosas que ya domina. Así que, en lugar de dedicaros a darle vueltas y más vueltas a la obra como pollos sin cabeza, intentando que a la enésima hayáis conseguido prestar atención (ya no dominar) a todas las cosas que están escritas en la partitura (y a las que no), podéis ahorraros mucho tiempo y cabezazos contra la pared siguiendo un simple esquema.

Y ya está. No era para tanto, ¿no?. Si habéis completado con éxito cada uno de los pasos anteriores, ¡enhorabuena!, habéis sido capaces de encontrar orden en el caos. Ya estáis preparados para iniciar la siguiente fase: ¿Como hago mía una obra?. Pero esto será en la siguiente entrada.