Escrito por Ramón Bau | Vía: Todo Ópera

A menudo, aunque no tanto, me hablan jóvenes más o menos introducidos en el mundo de la música, pero sin conocimiento alguno de Wagner, de que tras oir hablar sobre wagnerianismo, o sobre Wagner, les entra de repente la sana intención de ‘oir’ algo de Wagner, a veces más por curiosidad que por otra cosa.

El Anillo de los Nibelungos

El Anillo de los Nibelungos

Esta curiosidad se ve incrementada por algunos tópicos, aunque con una base real lejana y mal comprendida en algunos casos, como las visiones ‘germánicas’ de algunos diseños sobre El Anillo de los Nibelungos, los comentarios tan frecuentes en la prensa (y tan absurdos o mal intencionados) sobre el entorno político o personal que Wagner, cuando no por la sugestión de voces líricas famosas o por el coleccionismo de versiones discográficas. El objetivo de entrar en el wagnerianismo es bueno, pero la motivación es mala y el camino es pésimo.

Si queremos entrar en Wagner es preciso cambiar la motivación y el camino para llegar a su obra.

LA MOTIVACION PARA SER WAGNERIANO

‘Laciate omnia política’ podríamos decir, parafraseando el ‘Dejad atrás toda esperanza’, letrero que Dante pone en la entrada del Infierno.

Si uno quiere ser wagneriano por motivos mitológicos, de afición al canto o político está prostituyendo la obra de Wagner, no la entenderá nunca y, lo que es peor, se enredará en un mundo de simbolismos falsos e interpretaciones neuróticas que solo le llevarán a ser un extravagante pero no un wagneriano.Debemos querer entrar en el wagnerianismo por sus motivaciones personales, artísticas y humanísticas, no por una politiquería imitativa de bajo nivel y poca consistencia.

Por tanto lo primero que debe hacer es asumir si realmente se desea tomar un camino ‘artístico’, de sentimiento, un camino de elevación personal y social por el Arte. Si no es este el sentimiento y el deseo, es mejor dedicarse a otra cosa y dejar a Wagner tranquilo.

En objetivo esencial para ser wagneriano es desear encontrar un camino de redención personal y comunitario por medio del arte y la sensibilidad, por medio de la elevación de la Persona y la Compasión por el Dolor del mundo. Eso es, obtener un camino para una Concepción Dramática del Mundo que resuelva las preguntas esenciales del hombre: ¿Qué hacer en este mundo de dolor y engaño material?. ¿Cómo elevar nuestra Persona sobre el mero placer o el mero vivir tras una felicidad aparente?. ¿Cómo poder llevar los elementos de elevación y sensibilidad a las gentes?.

Para trabajar este tema ya publiqué en su día un libro “Wagnerianismo como Concepción del Mundo”, y creo superfluo insistir en todo lo que allí ampliamente he indicado.

EL WAGNERIANISMO Y LA ESCALERA DEL ARTE

Si quisieramos simplificar en seis palabras el camino del arte, y con ello indico que como toda simplificación es tremendamente injusta, diría: Belleza, Espiritualidad, Carácter, Sentimiento, Wagnerianismo y por fin, Neurosis.

El arte se inicia en serio con el sentido de la Belleza como esencia del arte, pasa luego por un largo camino de misticismo y espiritualidad, retoma en el Renacimiento el sentido de la belleza pero ya no solo física sino del carácter de la persona, belleza física y psíquica; se eleva todo en el Romanticismo hacia el sentimiento puro, la sensibilidad del ser humano; consigue su máxima cumbre hasta el momento en la Obra de Arte Total del Wagnerianismo;… y acaba cayendo desde la altura al profundo infierno de las locura y las neurosis enfermizas del llamado arte actual.

Por tanto quien se enfrente al conocimiento del wagnerianismo debe entender antes algo del arte griego, del sentido místico del arte cristiano, del clasicismo renacentista y sobretodo del romanticismo.

Cada paso dio un peldaño imprescindible para subir al wagnerianismo. Grecia dio la esencia de la Tragedia, su definición y su exacta concreción, en un increíble adelanto a todos los pasos posteriores, pero con medios absolutamente insuficientes para lograr su expresión perfecta. El cristianismo dio la esencia compasiva y espiritual que es necesaria para abordar el dolor del mundo con esperanza. El renacimiento aporta la gran música junto al drama de Calderón o Shakespeare, que son una de las bases del wagnerianismo. El romanticismo trae el sentimiento a la música, supera la mera belleza y aporta la expresión sentimental. Pero solo Wagner logra unir las partes y darles la forma unitaria definitiva.

Y subió tan alto que los enanos sucesores no se atrevieron a subir más, así que decidieron bajar al infierno para no competir en las alturas.

Así pues no estará de más al que desee entrar en el wagnerianismo tener una idea previa aunque sea superficial de la Historia del Arte, para lo que debe evitar ante todo leer cualquiera de esos nefastos libros del marxismo histórico que pretenden explicar todo el arte a base de las relaciones económicas o sociales del momento, cosa que es como explicar el sentimiento de una persona a base de conocer el saldo de su cuenta corriente.

Elegir pues un libro de Historia del Arte, preferiblemente anterior a 1936, y tomar conciencia de los peldaños de su caminar.

LAS TRES BASES DEL CAMINO WAGNERIANO

Para entrar en el mundo wagneriano es preciso ahondar algo más profundamente en tres partes concretas del arte anterior que forman las piedras angulares de su esencia, y para las que se precisa algo más que un conocimiento superficial o general.

El wagnerianismo trata de conseguir una obra de Arte capaz de llegar a expresar en sí un camino de Redención personal y comunitario, por tanto la obra de arte necesita expresar no solo el sentimiento genérico en toda obra de arte, sino responder a preguntas mucho más profundas: El por qué y el para qué de esos sentimientos, las razones y las motivaciones que llevan a los sentimientos y el desenlace de esos choques sentimentales.

La música es un elemento perfecto para la expresión de sentimientos, puesto llega directamente a la sensibilidad humana sin necesidad de razonar, de ser interpretada por la razón, lo que siempre es un atentado al sentimiento en sí.

Pero la música es incapaz de expresar las razones, los motivos y los desenlaces necesarios para lograr que esos sentimientos puros se conviertan en un camino, y no en una mera sesión sentimental personal.

El desarrollo del tema humano es un drama, todo lo que en el mundo es serio y esencial está reflejado en el drama humano. La Tragedia, que no es solo desastres o dolor, sino que es el desarrollo humano de sentimientos en una situación de conflicto, y la vida es siempre un conflicto, al menos con la muerte, el amor y el dolor.

Por ello el Drama teatral es otra de las bases del arte completo, la parte que logra expresar el por qué de los sentimientos, su lógica, su desenlace, su camino trágico o compasivo.

El texto en verso de los Dramas clásicos une a las razones, la belleza de la sonoridad, por eso siempre es preferible una lectura dramática en verso, aunque no siempre es posible.

Por último el drama teatral nos explica el porque de los sentimiento pero normalmente, exceptuando casos muy aislados, no muestra el Para qué del Drama, la filosofía que orienta el drama y la vida humana. Nos muestra la tragedia un caso concreto de la vida humana, y es preciso de ese caso sacar lo genérico, pero como toda obra de arte, el teatro trágico no es una clase de filosofía, no es un Ensayo. Es preciso pues entrar algo en la filosofía del para qué del hombre y su tragedia, sus sentimientos, su vida y su muerte.

EL TEATRO DRAMATICO: ¿El por qué?

En Wagner el drama saca a luz los más profundos sentimientos humanos, desde el amor a la renuncia, desde la compasión a la desesperación, la ambición o el odio, el heroísmo y la redención, la fuerza y la ruindad. Pero cada sentimiento solo es comprensible totalmente si lo vemos en su entorno, sabemos por qué se produce, que lo despierta, donde está su fuerza y su lógica, en que se alimenta y que lo debilita. Y esos datos nos los dará solo el texto, el poema dramático.

Esos comportamientos se basan en personalidades elevadas o trágicas, malvadas o heroicas, pero nunca vulgares. Ni Wagner ni Calderon o Shakespeare nos van a mostrar el alma del vulgar televidente, del protagonista de seriales de TV con sus bajezas o pensamientos de nivel cuasi simiesco, es un Teatro de pasiones, elevadas o ruines, pero siempre profundas. Hemos pues de leer ese teatro antes de abordar a Wagner, no vayamos a creer que en Wagner nos van a dar novelas rosas cutre-dramas freudianos y temas neuróticos o histéricos a lo Almodovar.

Dentro del teatro dramático la persona que quiera entrar en el wagnerianismo debería al menos, como algo esencial, reducirse a tres grandes bases: el Teatro Clásico español (y puestos a concretar, empecemos con Calderón y sigamos con alguna de Lope y Tirso), el teatro dramático de Shakespeare y el teatro romántico alemán de Schiller.

Como supongo que no se tiene tiempo para estar un año con todo ello, reduzcamos aun más la preparación en este tema al libro ‘Wagner y el Teatro Clásico Español’ de J. Mota y M. Infiesta, para seguir con al menos las obras principales de Calderón (sobretodo La Vida es Sueño) y lo mismo de Shakespeare (tanto sus obras dramáticas, esas casi todas, como las llamadas históricas, especialmente Ricardo III, Enrique IV y Enrique V, y las del ciclo ‘romano’ como Julio Cesar, Coriolano o Titus Andrónico). Algo de Schiller es esencial en su producción dramática, quizás Wallenstein y algunas otras….

Y desde luego hay que obtener el texto de las obras de Wagner que se vayan a ver, leer el texto con calma, como una obra de teatro profunda que es, sin prisa, y no empezar la visión de la obra sin haber leido al menos dos veces el texto días antes y conocer el desarrollo no ya de la ‘acción’ sino del diálogo y su sentido. Para ello es muy bueno si se puede encontrar algún texto explicativo de la obra, cosa nada fácil pues los actuales son una basura de comentarios. Pero si podemos lograr los textos de Chamberlain, Liszt, Lichtenberger o Angel Mayo, eso ya es mucho mejor. Afortunadamente la obra más importante “El Drama Wagneriano” de H. S. Chamberlain es posible de tenerla en formato Word de PC, si no se encuentra el libro.

Sobre los textos de las obras, están muchos editados, y en Internet se pueden encontrar todos en castellano “Kareol”. Así mismo tenemos todos esos textos en un diskette en formato Word.

Recomendamos un texto como “¿Wagner poeta?”, por Jordi Mota, Nº 29 (Abril-Junio 1998) de la revista Wagneriana de la Associacio Wagneriana de Barcelona.

LA MÚSICA: ¿El qué en su esencia?

La compasión si solo se explica, es completamente inútil, la compasión debe sentirse. El amor no se logra leyendo su definición sino practicando su esencia misma.

La música nos transmite esa esencia del sentimiento que las palabras solo hacen que confirmar o complicar.

Es imprescindible pues distinguir entre la ‘pura música’, aquella en que se busca la belleza y la sonoridad equilibrada, y la música del sentimiento, cuando lo que se pretende es expresar ‘estados del alma’.

En Wagner no podemos hacer como en tantas óperas: escuchar los momentos de arias o musicalmente más ‘melódicos’ y adormecernos en el resto. En Wagner hay que seguir el drama y la música es un lenguaje más de ese drama en todo momento.

En música se debe empezar con Haendel, El Mesias y las Arias heroicas. Luego Bach, al menos el Magnificat y los Conciertos de Brandemburgo. Por fin el réquiem de Mozart. Es la música pura y elevada.

Tras ello es imprescindible iniciarse en la música del sentimiento romántico, sin duda Beethoven, las sinfonías 3, 5, 7 y 9 por lo menos. Y la obertura Egmont.

Por fin algún Poema Sinfónico como ‘Mazepa’ de Liszt o ‘Don Juan’ de Strauss.

Todo lo que podamos escuchar de música clásica es bueno, pero dado que no se trata de hacer larga la llegada a Wagner propongamos al menos algunas ‘operas’ que nos preparen al Drama Wagneriano:

De Mozart con ‘La Flauta Mágica’ y luego Weber con ‘El Cazador Furtivo’ serían las más adecuadas.

EL PENSAMIENTO: ¿El para qué?

Ya hemos hablado antes de las motivaciones para ser wagneriano, pero dejando aparte esas generalidades, en cada obra hay una motivación, una orientación de esa obra concreta. Por eso es muy recomendable ‘conocer la obra’ antes de abordar su representación. Pero hay que ser claro: Wagner decía en una carta a Liszt que para asistir a sus obras no pedía al público ‘inteligencia’, sino solo ‘sentimientos no deformados y un corazón humano’, lo que ya es mucho pedir, como él mismo Wagner indica, y más en este época donde la gente tiene deformada la mentalidad por el dinero y su propaganda, y se ha inculcado en sus sentimientos el egoismo y la mera búsqueda de placer y diversión.

Por ello hay que distinguir entre el conocimiento de la obra y la inmersión en la filosofía general que rodea la obra de Wagner, siendo esta segunda cosa meramente recomendable pero en modo alguno necesaria.

Así pues en una escalera de necesidades en este tema de la preparación ‘intelectual’ para recibir las obras de Wagner, pondremos tres escalones:

1- Hacer un trabajo previo cada uno de liberarse, antes de la representación, de toda preocupación material, de odios, problemas económicos o de trabajo, limpiar el corazón de la sociedad que nos rodea y prepararse a ser sensible al Arte.

2- Tratar de comprender el mensaje subliminal, no filosófico sino general, de la obra a la que se va asistir. De alguna forma si uno asiste a Los Maestros, el Oro o Parsifal sería conveniente que previamente tuviera una idea de que es cada obra, que mensaje, que sentimientos, que orientación tiene la obra. No se puede ir a Parsifal con el mismo sentido que al Oro del Rhin.

Quizás en este sentido falte un pequeño folleto donde introduzca cada obra en este sentido, aunque el ya mencionado texto de Chamberlain es sin duda muy adecuado para ello, lo mismo el libro de Angel Mayo ‘Wagner’ de Ediciones Península (colección Scherzo).

3- Si uno se siente preparado, y con tiempo, introducirse en la filosofía de Schopenhauer, sino en su profundidad si en su generalidad.

Si indicase que uno lea algunas obras de Schopenhauer creo que le estaría haciendo un triste favor como wagneriano… lo más seguro es que se cometieran dos errores:

– Tomar algunas de las obras más populares del gran pensador, que son las menos interesantes para un Wagneriano. El ‘Parerga’ o sus aforismos sobre el Amor, las Mujeres y la Muerte son de lo más profundo y cínico, pero no aportan nada al wagnerianismo.

– En cambio la obra capital, ‘El Mundo como Voluntad y Representación’, que es realmente fundamental en el wagnerianismo, es una obra larga, compleja y dura de leer sin una cierta preparación.

Así que una vez más recomendaría un resumen de los muchos que se han editado en revistas wagnerianas, y en concreto el comentario al libro “Richard Wagner et la pensée schopenhauerienne” de Edouard Sans, editado en la revista Wagneriana, nº Extra, o también el libro ‘Wagnerianismo como concepción del Mundo’ editado por la Associació Wagneriana.

Textos publicados en las revistas de la Associacio Wagneriana como “La cultura del entretenimiento”, por Jordi Mota, Nº 35 (Octubre-Diciembre 1999) y “El Gran Estilo perdido: Sobre la moda de rechazar los legítimos derechos del Gran Arte”, por Joachim Kaiser, Nº 45 (Abril-Junio 2002), ambos de la revista Wagneriana.

LA TRAMPA DE LA VOZ: EL AFICIONADO OPERISTA

Si el nuevo proponente a wagneriano ya es un buen aficionado a la ópera, creo que sería preciso que lea antes de nada ‘Opera y Drama’ de Wagner, que está editado en castellano y en catalán. Y en todo caso, se debe tener claro que casi todas las versiones de las obras de Wagner que hay en el mercado, en CD, Video o DVD, casi todas (por no decir todas) la versión orquestal y la voz es más que suficiente, son correctas, mejores o menos mejores, pero siempre correctas para la comprensión y acercamiento al sentimiento dramático de la obra.

No será una mala orquesta o un cantante nefasto lo que estropee la versión que se pueda comprar, sino las repugnantes puestas en escenas que en gran cantidad de casos (la mayoría, con pocas excepciones) se dan en los videos y DVD’s disponibles.

No es que sea malo el debate sobre las diferencias de voz entre cantantes wagnerianos, es más, es muy recomendable entender del tema, pero lo importante es no caer en el defecto operístico de la ‘manía-voz’.

Si hay algo que es absolutamente diferente en Wagner que en una ópera es la importancia de la voz en el global de la obra. La Voz debe ser adecuada, pero no es el principal protagonista de la obra, como pasa a menudo en la ópera. La Voz debe cumplir con la expresión del drama y cumplir con la partitura, pero en Wagner no hay ‘divos’, no tiene que haberlos, hay actores que cantan, no cantantes que se lucen con su voz. Por supuesto una voz hermosa y potente resalta la actuación y la obra, es necesaria, pero nunca debe primar sobre los demás componentes del drama.

“Habituad antes de nada a los cantantes a concienciarse de que tienen primero un problema Dramático a resolver, y ellos mismos podrán fácilmente luego resolver el problema lírico”.
Carta de Wagner a Liszt, 22 Mayo 1851.

O TODO O NADA: VERSIONES COMPLETAS

La mayoría de discos de Wagner que no son versiones completas representan tres tipos de contenidos:

  • Oberturas de sus obras dramáticas
  • Trozos de sus obras dramáticas (que a veces tienen la desfachatez de llamar ‘arias’)
  • Piezas no dramáticas de Wagner

Sin duda las terceras son muy recomendables, mientras que las dos primeras es mejor no comprarlas, pues su audición nos da una versión ‘musical’ u ‘operística’ de Wagner y en absoluto nos ayudará a luego abordar las obras dramáticas como tales.

Hay que romper con la idea de origen operístico que la obras de Wagner son una obertura fabulosa, trozos sublimes de arias, duos, coros, etc y largos recitativos intermedios.

Quien vea así su obra es mejor que se dedique a Rossini y deje a Wagner en paz.

Hay que ir a versiones completas, y si es posible en DVD, y sino en Video, dejando la mera ‘audición’ solo para casos en que estas dos posibilidades anteriores ya se hayan efectuado o sean absolutamente imposibles.

Es precisamente por esa necesidad de ‘asistir’ a una representación dramática que puede durar varias horas, que estamos analizando como ‘abordar’ esta representación sin caer en errores que hagan ‘aburridos’ o ‘incompresibles’ los dramas.

Si vamos a una representación dramática teatral donde el texto se diera en alemán, seguramente tendríamos serios problemas para que el espectáculo nos interesara. Los dramas wagnerianos son obras teatrales en dos idiomas: el musical, que es comprensible para todos, y el poético en alemán, que por tanto debemos comprender antes de entrar en la representación. Ambos lenguajes se complementan y están imbricados uno con otro, de forma que no pueden ser tratados aparte ni comprendidos el uno sin el otro.

La mera audición parcial de una obra wagneriana es ‘solo música’, lo que no significa que no sea maravillosa y recomendable de oir, pero con ello no entramos en la obra wagneriana sino en su música sólo. Como la mera lectura del texto es la de una obra teatral incompleta, pues le falta el mensaje sensible de la música.

Si recomendamos leer el texto antes de la obra, y no, en cambio, escuchar la música antes, es porque la música es un lenguaje universal que comprenderemos directamente en la representación, mientras que el texto y las explicaciones sobre el texto y su entorno, no las podremos entender en la representación. Incluso sabiendo alemán muy bien, suele ser difícil entender todo el texto cantado, y además la lectura del entorno y comentarios sobre la obra serían, en todo caso, siempre necesarios.

Otra cuestión es que para iniciarse en Wagner lo mejor es empezar por obras de su producción dramática media, ni la inicial ni la final. Sería conveniente empezar por Tannhäuser y Lohengrin, seguir con Los Maestros Cantores, y abordar solo tras esta preparación las obras como El Anillo de los Nibelungos, Parsifal y Tristan e Isolda.

LAS REPRESENTACIONES TEATRALES WAGNERIANAS

Asistir a Bayreuth es actualmente una de las mejores formas de tener que soportar, con casi total seguridad, a las peores representaciones del mundo sobre Wagner. Así que tras eliminar la posibilidad que debería ser la más adecuada, Bayreuth, el Templo de Wagner, convertido hoy en un maquiavélico laboratorio de Mefistófeles, una alquimia donde pretender convertir el oro wagneriano en pienso transgénico, la única forma de asistir a obras wagnerianas en teatros es estar muy al tanto de donde y cuando se hacen las pocas versiones correctas que se dan en el mundo.

Abandonando esperanza alguna en el Liceo barcelonés, en manos de Alberic, hay que asumir viajes y tener información veraz de las representaciones que valen la pena.

Viena, Budapest, New York, Wels, Seattle, Lieja, Bilbao… son ciudades donde se han dado buenas representaciones, sin que ello asegure que todas las que se den en ellas sean buenas.

Por eso es muy conveniente suscribirse a las revistas de una Asociación Wagneriana que apoye las buenas presentaciones y combata las barbaridades actuales.

El wagnerianismo asociativo tiene hoy una importancia vital en este sentido, debe ser el que informe sin estar a sueldo de nadie, y menos de las mafias oficialistas, nombradas a dedo que dominan las direcciones de los teatros pagados por e Estado, de las buenas representaciones, de su sentido, de los datos y conocimiento profundo de textos wagnerianos, de todo el entorno de la obra de arte del futuro, no solo Wagner sino toda la labor de tantos compositores y artistas para elevar a la persona humana a través del Arte.

Dentro de esta labor es absolutamente importante leer el nº 20 de la revista ‘Wagneriana’ en catalán, de la Associacio Wagneriana de Barcelona: “Contra la dictadura artistica actual…. Demanem la paraula!” y “Escenògrafs: ¿artistas o provocadors?” (también editado en catalán), donde podemos leer docenas de comentarios autorizados sobre la necesidad de una representación correcta y las críticas a las absurdidades, casi criminales en algunos casos, de las representaciones actuales en muchos sitios.

EL WAGNERIANISMO

Por fin, si tras asistir, en directo o por DVD, a las obras de Wagner, si tras leer los textos que hemos indicado, si tras todo ello existe en nosotros la idea y sentimiento de que el camino Wagneriano es algo más que ‘música’, que una distracción o un gusto artístico, que es algo más que un punto dado de la historia de la música, que es mucho más que unas horas dedicadas al arte, que es un Camino de Redención personal para mejorar y para llegar a ese Gran Estilo, entonces, y solo entonces, es bueno decidirse a ser ‘wagneriano’.

Es conveniente para ello leer, por ejemplo:

  • “Qui som els Wagnerians?”, por Jordi Mota, nº 9: (Noviembre 1998), revista Wagneriana, edición catalana.
  • “Historia de la ‘Associació Wagneriana’”, por Jordi Mota, Nº 40 (Enero-Mayo 2001), revista Wagneriana, edición castellana

El wagnerianismo no es una ‘filia’, una manía o un hobby personal, no se trata solo ni centralmente de conocer a fondo la vida de Wagner o detalles de sus obras, aunque eso es necesario, sino se trata de profundizar en el último de los intentos del Hombre para elevarse, para llegar a una conciencia superior al placer, la vida útil, la existencia para ‘ser feliz’, el egoismo de ‘mi familia y mi dinero’, el último de los grandes intentos de que la Persona alcance su mayor desarrollo sensible, artístico, humano y espiritual posible.