Tarcisio Barreto Ceballos ha sido una de las figuras más relevantes para el desarrollo de las orquestas y de la música académica en general tanto para el estado Lara principalmente, como para el resto del país; vale recordar que se trata de uno de los miembros fundadores de El Sistema, quien dejó una huella imborrable como director musical de la Orquesta Sinfónica de Lara, al igual que como director ejecutivo del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles del estado Lara y del Conservatorio Vicente Emilio Sojo de Barquisimeto. 

Por Roberto C. Palmitesta | @RPalmitesta

Su carrera como violinista reviste gran importancia al haber sido integrante de la fila de primeros violines de la orquesta pionera de El Sistema: la Sinfónica Simón Bolívar. Luego fue concertino de la Orquesta Sinfónica de Lara y ha sido solista de las referidas orquestas, así como de la Sinfónica de Venezuela, la Filarmónica Nacional, la Sinfónica Municipal de Caracas y la Sinfónica de Maracaibo, a las cuales también tuvo la oportunidad de dirigir en varias ocasiones. Además de conducir en Venezuela alzó su batuta en EEUU, Francia, Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Uruguay.

Actualmente se encuentra residenciado en la ciudad de Miami compartiendo su labor profesional entre la ejecución del violín, la dirección de orquestas, la composición y la gestión docente – gerencial, atendiendo una apretada agenda. Primordialmente cumple funciones como principal de la fila de segundos violines de la Orquesta Sinfónica de Miami que dirige el maestro Eduardo Marturet.

Además, lleva adelante una relevante labor como compositor en residencia de la Sinfónica de Miami, trabajando en la escritura de obras nuevas, realización arreglos y adaptaciones para su nutrida programación de conciertos. Como autor, también tiene planes para que el Ensamble 7/4 estrene sus piezas en EEUU y hasta lleva adelantada una obra para orquesta basada en el libro El General en su laberinto de Gabriel García Márquez. 

El maestro Tarcisio Barreto Ceballos con la honestidad y el entusiasmo que lo caracterizan, cuenta cómo se dio su nombramiento como compositor residente de la Orquesta Sinfónica de Miami y cuál ha sido su desempeño como violinista. Explica el desarrollo de la intensa labor docente que desea implementar en Florida y en otros estados de EEUU, y comenta sus planes para dirigir algunas orquestas. También ofrece los detalles de los proyectos que tiene con sus hijos: Tarcisio (trompetista) en la música de cámara y tradicional venezolana, y Miguel (guitarra eléctrica) en el mundo del rock sinfónico.

¿Cómo ha sido su trabajo como compositor residente de la Orquesta Sinfónica de Miami? ¿Cuántas de sus obras serán interpretadas?

El maestro Eduardo Marturet, director musical y artístico de la Orquesta Sinfónica de Miami, me invitó a ser compositor en residencia no solo para crear música a ser interpretada por la orquesta en sus temporadas de conciertos, sino también para desarrollar dos programas institucionales. El primero consiste en realizar adaptaciones y arreglos de piezas de diversos géneros musicales que van desde el pop, rock, latino, etc. los cuales formarán parte de la temporada de conciertos con la participación de grandes artistas en el segmento dedicado a estos géneros. El segundo programa es ligado a lo académico y consiste en coordinar actividades para la formación de jóvenes compositores, dándole las herramientas y facilitando los procesos necesarios para que estos talentos puedan crear sus obras y luego sean interpretadas por la orquesta. 

Mi trabajo ha sido bien intenso y enriquecedor no solo porque estoy constantemente creando, realizando arreglos, conociendo y tratando grandes artistas de otros géneros musicales y también enseñando y motivando a una nueva generación de jóvenes talentos en la composición. 

En relación  a mis obras, está pendiente para esta nueva temporada que comienza en octubre, el estreno de El Laberinto, pieza sinfónica basado en la novela El General en su laberinto de Gabriel García Márquez y también el estreno en EEUU de tres de mis obras escritas para el Ensamble 7/4 y órgano, que aunque ya fueron grabadas y tuvieron su premier en Austria, todavía no han sido interpretadas en los Estados Unidos.

¿Qué nos puedes adelantar sobre la obra El Laberinto? Por lo que acabas de contarme parece una pieza muy interesante.

A finales del año 2000, el maestro Abreu me envió con mi muy querido amigo Jesús Ignacio Pérez Perazzo a una misión a Bogotá, Colombia, con la finalidad de organizar y realizar las audiciones para la conformación de la Orquesta Sinfónica de Juventudes de Países Andinos, patrocinada por la CAF, fue entonces cuando Jesús Ignacio me preguntó: “¿Tu leíste el General en su Laberinto de García Márquez?”, a lo cual le respondí que sí, que García Márquez era uno de mis escritores latinoamericanos favoritos… de repente me dijo: “ven que te quiero mostrar algo”, y comenzamos a caminar por una céntrica calle de la capital colombiana muy cerca del Palacio Presidencial, hasta que llegamos a un edificio en cuya entrada había un vigilante al cual le pidió permiso para poder ingresar y me dirigió a su interior, y fue entonces cuando me dijo: “Aquí se inició el viaje, en este baño comienza la novela”.

Para mí fue una gran sorpresa y comencé a recordar cada una de las escenas magistralmente narradas por García Márquez, fue como viajar en el tiempo y ver al coloso americano salir de su baño matinal e iniciar su último viaje, su camino a su muerte. En ese momento me dije a mi mismo, tengo que escribir algo, tengo que componer algo y esbocé algunos fragmentos que quedaron congelados por muchos años, hasta que finalmente me decidí a culminar la obra, cuyo nombre original era El laberinto del General.

¿Cómo se dio su ingreso como compositor residente?

 

La Sinfónica de Miami tiene uno de los proyectos de compositores en residencia más innovadores que conozco, porque no solo se centra en crear nuevo repertorio académico, sino que también abarca otros géneros como el jazz o el pop entre muchos otros, estos últimos le han permitido descubrir y promover a un grupo numeroso de jóvenes inmensamente talentosos que han participado en los conciertos de la orquesta, ampliando así el espectro musical que una orquesta debe poder abarcar en estos momentos. 

El maestro Marturet y yo tenemos una muy dilatada amistad y en muchos momentos hemos tenido largas conversaciones sobre la composición, autores, técnicas, orquestación y en fin toda la temática que entre directores de orquesta y compositores se puede tener cuando te apasiona el tema. En muchos de estos aspectos hemos coincidido y fue entonces cuando me invitó conjuntamente con el equipo artístico a ser compositor en residencia y trabajar en los programas de desarrollo institucional ligados a esta área.  

Desde muy joven había querido dedicarle más tiempo a la composición, pero mis actividades, primero como violinista, después como director de la Orquesta Sinfónica de Lara y director del Conservatorio de Barquisimeto (cargos que ocupé por 23 años) me dejaban poco tiempo para ello, sin embargo yo siempre tenía reservado mi momento con la creación musical, cita a la que nunca faltaba. Recuerdo que el maestro Abreu, quien fuera mentor de varias generaciones de músicos venezolanos, me dijo una vez “en la composición está la sabiduría, la verdadera comprensión de la estética musical y el encuentro con el espíritu creativo infinito”, esas palabras me marcaron y ahora estoy bastante dedicado a escribir, a la ejecución y a la enseñanza, tres áreas que han sido mi razón de vida profesional.

 

¿Cómo describe su estilo de componer o cuáles son las escuelas que más lo han influido?

Es difícil responder cuál es el estilo y las influencias cuando tu has tocado y dirigido tanta música, como lo hemos hecho los que integramos El Sistema desde hace tantos años, en mi caso desde 1976. De alguna manera todos los grandes compositores y sus obras maestras se convierten en una influencia, desde Monteverdi hasta Penderecki, incluyendo los más tonales y los más alejados de ella.

Recuerdo que una de mis clases favoritas era la de composición con Blas Atehortúa porque él me hacía escribir en diferentes estilos, un día me pedía algo en estilo barroco, otro impresionista y me hacía que le explicara como lo había escrito comparándola con alguna obra de los grandes compositores, lo que me obligaba a investigar en detalle la técnica a utilizar, la orquestación y los demás elementos para cada proyecto. Fueron unos años intensos y de gran aprendizaje. Por eso definir el sendero es muy difícil, hay mucho paisaje a los lados y depende desde dónde miremos en ese momento. 

¿Cómo se siente con su trabajo de principal de segundos violines en la orquesta?

Tocar violín es siempre volver al principio de mi vida musical, el instrumento de mi niñez y de mi aprendizaje, es el rencontrarme con mis recuerdos más hermosos, las anécdotas, las clases con el Maestro José Francisco del Castillo (maestro, mentor y padre), el ser concertino de la Orquesta Sinfónica de Lara, las giras y las oportunidades que tuve de ser solista junto a la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar. Aunque no es algo nuevo ese tipo de responsabilidad en mi vida, siempre es un reto llevarlo a cabo, el ser líder de una fila conlleva muchos aspectos en las relaciones tanto artísticas como interpersonales, pero debo confesar que lo disfruto inmensamente porque además tengo una sección con músico muy profesionales y de extraordinaria condición humana por lo que se suman dos aspectos importantes a un gran ambiente de trabajo y un relevante trabajo artístico musical. 

¿De qué forma su trabajo ha ayudado al progreso y desarrollo musical de la orquesta?

No soy yo quién debe responder esa pregunta, creo que le corresponde al Maestro Marturet y a los músicos de la Sinfónica de Miami evaluar en que medida he podido aportar algo al desarrollo de esa gran orquesta. Si te puedo decir que en estos tres años he realizado más de 60 arreglos y adaptaciones que se han tocado en las tres temporadas con grandes artistas internacionales.

¿Tiene planes para dirigir orquestas en EEUU?

Tengo varias invitaciones para finales de este año y para el 2020 y 2021, lo cual me tiene ya trabajando en varios repertorios. Estoy trabajando en una agenda amplia que combine mi trabajo con la Miami Symphony y las invitaciones de otras orquestas tanto profesionales como juveniles, con quienes estoy seguro mantendremos lazos artísticos que integren también la docencia y el apoyo al desarrollo de los niños y jóvenes, que ha sido nuestra premisa desde que creamos el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela. 

Desde el punto de vista docente ¿qué tipo de actividades se encuentra desarrollando en EEUU?

En el área docente estoy desarrollando el programa de Jóvenes Compositores de la Sinfónica de Miami, el cual inicia sus labores docentes en noviembre de este año  y tiene como objetivo el ofrecer todas las herramientas académicas y pedagógicas que fomenten la composición musical en niños y jóvenes estudiantes de música, que luego puedan ser interpretadas e inclusive grabadas por la orquesta. También tengo un grupo de jóvenes muy talentosos, estudiantes de varias universidades y escuelas quienes estudian violín y dirección orquestal. Así mismo comienzo con un programa de asesorías en dos estados del centro del país, con la finalidad de fortalecer sus orquestas juveniles e infantiles.

 ¿En qué consiste su proyecto musical con su hijo Tarcisio y cuáles son sus planes?

Por el lado materno de mi familia, han habido varias generaciones de músicos, mi Madre Marlem Ceballos (estudió Piano), mi abuelo Juan Pablo Ceballos Liscano (pianista y compositor), mi bisabuelo Don Rafael Ceballos Rivero (trompetista y compositor) y mi tatarabuelo Don Rafael Ceballos Limardo (pianista). De mi bisabuelo conservo una fotografía tomada en 1904 con una trompeta en sus manos y de mi abuelo conservo varias cartas donde hacía referencia a música que tocaba mi bisabuelo en la trompeta y algunos bocetos de piezas que tanto mi bisabuelo como mi abuelo pensaban escribir para este instrumento, obras que desconocemos si fueron terminadas ya que solo encontramos los bocetos dentro de los manuscritos que me fueron entregados para ser su albacea, de esos bocetos surgió la idea de escribir varias obras para trompeta y de alguna manera, rendirle homenaje a nuestros antepasados.

Ya este proyecto está bien avanzado y consta de 9 obras para trompeta sola y trompeta acompañada de varias configuraciones instrumentales que incluyen: piano, órgano y orquesta. En algunas de las obras hay elementos de la música tradicional venezolana, en otras un lenguaje más moderno. Ha sido un trabajo muy motivador y edificante como padre el poder trabajar con mi hijo y escribir obras para la trompeta, a veces pienso como violinista y es allí donde Tarcisio Antonio me da su punto de vista como trompetista y me hace ver lo que no es posible en la trompeta. 

Pensamos iniciar las grabaciones de las obras muy pronto, producción que incluirá parte de la historia musical familiar en textos donde contamos vivencias y hechos acontecidos en la casona colonial de los Ceballos en Quíbor, lugar de encuentros de músicos, poetas, intelectuales y artistas del Estado Lara de mediados y finales del Siglo XX.

¿Qué nos puede adelantar del otro proyecto pero con su hijo Miguel y cuáles son sus planes?

Con Miguel (mi hijo menor) la historia es diferente, en sus primeros años él estudió violín y trompeta pero un día nos sorprendió con su decisión de tomar como su instrumento la guitarra eléctrica. Siempre me gustó la música Rock pero mi vida orbitaba en la música clásica 24 horas al día, por lo que la única opción de hacer música con mi hijo era combinar ambos mundos ya que Miguel y yo tenemos parte de los dos géneros, nos gustan ambos y tenemos las herramientas.

Nos complementamos muy bien, Miguel en el Rock (el cual es todo un universo) y yo en lo sinfónico. El primer proyecto lo hicimos cuando Miguel tenía 14 años, él me pidió tocar unas piezas para Guitarra eléctrica y orquesta de Yngwie Malmsteen, que tienen unos elementos sonoros muy similares al período barroco mezclado con el sonido distorsionado de la guitarra eléctrica, fusión que me pareció muy interesante y desde ese momento siempre que puedo me aventuro en proyectos que integren la música sinfónica y el rock. 

El proyecto con Miguel consta en obras que estamos escribiendo entre los dos, las cuales están más en la onda del rock progresivo, en las cuales la orquesta sinfónica tiene su protagonismo y no un simple rol de acompañamiento. Estamos trabajando en 11 piezas musicales y día a día se nos ocurren nuevas ideas y cambiamos e innovamos y así va tomando forma cada pieza.


La ventaja de tener una familia de músicos es que cuando trabajamos en el proyecto de Rock, Tarcisio Antonio (Junior) nos ayuda en la grabación y en todo lo que tenga que ver con la calidad musical, cuando trabajamos en el proyecto de trompeta es Miguel quien nos graba, ya que estudia producción musical y nos hace el control de calidad.


Además contamos también con Anna D´Addona (mi esposa) también músico y Valentina (mi hija) quienes también forman parte del equipo creativo de ambos proyectos. Anna como excelente músico que es, es una crítica objetiva con un alto nivel de exigencia y Valentina, aunque estudió música, se dedicó a sus estudios de arquitectura y se está encargando todo lo relacionado con el diseño gráfico de ambas producciones.

¿Qué nos puede contar sobre aquella experiencia tocando en el Crucero 70.000 Tons of Metal con la agrupación Rage?

El haber sido el primer violín de la orquesta Lingua Mortis acompañando a la legendaria banda de Rock alemán Rage en sus conciertos en el crucero 70.000 toneladas de Rock 2019, fue una experiencia inolvidable, en ese tour se tocó todo el contenido del disco XIII de la banda, celebrando el XX aniversario de su lanzamiento. Debo decir que la calidad y calidez de sus integrantes me mostró porque son una leyenda del Rock, creo que fueron de los conciertos más memorables del crucero por la reacción y los innumerables comentarios y felicitaciones del público, además de que todos los que integramos la orquesta lo disfrutamos desde el primer segundo del concierto.

En Venezuela usted ya había dirigido conciertos de orquestas sinfónicas acompañada por banda de rock o con solista en la guitarra eléctrica. ¿Por qué le ha llamado tanto trabajar fusionando el rock con lo sinfónico?

Siempre me ha gustado el Rock, siempre que iba a las disco tiendas a comprar música clásica, se colaban en la compra algunos discos de Rock de las bandas legendarias de los 60 y 70, y desde entonces siempre han estado en mi playlist personal. Creo que todos en algún momento hemos querido formar parte de una gran banda y aunque dediqué mi vida a la música clásica siempre me quedo ese gusanito de hacer música rock. Con mi hijo menor Miguel Antonio se reactiva esas ganas de tocarlo, ya no formando parte de una banda sino fusionando los dos géneros y es allí donde empiezo a realizar proyectos de Rock Sinfónico. La combinación de la orquesta y la banda de rock le da un timbre y una riqueza particular