El venezolano acaba de recibir un “premio extraordinario” en el Concurso de Canto Tenor Viñas, consistente en un contrato con cinco casas de ópera en Suiza.

Rodrigo Sosa Dal Pozzo: La voz de un merideño que resuena en Europa
Por Várvara Rangel Hill @varvis  | ESPECIAL PARA @vzlasinfonica

La agenda artística del contratenor está llena para el 2018, con actuaciones al rededor de Europa

Un venezolano llegó a la final y fue ovacionado en el prestigioso Concurso de Canto Tenor Viñas –que figura entre los top 5 concursos de canto lírico más importantes del mundo– en Barcelona, España, a finales del pasado mes de enero. El merideño Rodrigo Sosa Dal Pozo destacó entre más de 500 concursantes y estuvo en la última ronda del certamen, en la que se disputaron los premios un total de 16 cantantes de diferentes países.

El criollo de cabellos rojizos se llevó un “premio extraordinario”, que consiste en un contrato con cinco casas de ópera en Suiza. Nada mal para el contratenor que lucha desde hace más de 10 años por hacer que su nombre brille en Europa.

Sosa Dal Pozo cruzó el océano Atlántico desde su Mérida natal para conseguir sus sueños. Por ahora, está radicado entre Estocolmo y Ginebra, desde donde ve con nostalgia la “pequeña Venecia”. Durante los próximos meses el artista cumplirá con actuaciones como solista y en roles principales en varios festivales y casas de concierto europeas.

-¿Cómo llegó a este concurso?

-El concurso lo conocía desde que me mudé a Barcelona (España), hace unos 11 años. Estudiaba dirección, no canto, y tenía una amiga que estudiaba canto en mi escuela y participó en el concurso. Luego conocí a otra cantante que también participó y ahí ya me dije que algún día me presentaría a ese concurso yo también, así que lo tenía en la lista de espera y este año finalmente me atreví.

-¿Cuál fue el momento más emocionante de la competencia?

-Sin duda, el haber cantado la final en el teatro del Liceu de Barcelona. Para mí fue una sorpresa porque no había ensayado. Los demás concursantes tuvieron el día anterior para ensayar, lo cual les dio la oportunidad de hacer una prueba acústica del teatro. Eso no lo puede hacer yo, porque el día anterior a la final estaba en Estocolmo, ensayando para un concierto que tendría en dicha ciudad el día después de la final del concurso en Barcelona, me tocó tomar 4 vuelos en 24 horas para poder hacerlo todo. Tuve suerte de haber ensayado con el pianista antes de comenzar el concurso. Para hacerlo corto, lo más bonito fue entrar al escenario del Liceu, sin tener idea de cómo era estar allí. Puede sonar a cliché, pero era una atmósfera muy bonita, el público fue muy agradecido y curioso, generoso al aplaudir y mostrando mucha receptividad y emoción.

-En 2017 participó en varios concursos ¿Por qué? ¿Qué busca?

-Tener una carrera como cantante, no es fácil que la gente se dé cuenta de que existes. Uno puede hacer muchas audiciones para casas de ópera, directores, agencias, pero en las audiciones no hay público, está solo el jurado, los potenciales contratantes, en ningún caso hay un público que quiera escuchar cantantes nuevos. Esto es lo que me parece interesante de los concursos, el hecho de que te graban, “te hacen” un video. Gran parte del material audiovisual que he podido usar para postularme a trabajos, audiciones, etc. lo he obtenido a través de los concursos.

“Ya no soy tan joven, tengo 28 años, y como contratenor la carrera es bastante corta. La voz no dura toda la vida, es muy diferente un barítono, que a los 60 años puede cantar Scarpia, pero como contratenor, con 50 años no hay quien te quiera ver sobre el escenario. Así que la carrera hay que comenzarla temprano y no voy a decir que voy tarde, pero casi. Estoy en los concursos justamente para darme a conocer y para establecer un cierto estatus en mi perfil que me permita optar a mejores trabajos”, explicó.

-De haber ensayado ¿cree que hubiese alcanzado un premio mayor?

-No, no hubiese tenido ningún tipo de repercusión en mi actuación, porque como se ve en el video, el pianista toca muy bien, en ningún momento me perjudicó. Nos conocemos desde hace mucho tiempo, desde cuando vivía yo en Barcelona. Tras saber que él iba a ser uno de los pianistas oficiales del concurso, procuré que ensayáramos antes del concurso y desde ese punto de vista no veo que haya habido ningún inconveniente.

-¿Cree que fue ajustada la decisión del jurado? 

-No tengo la menor duda de que los finalistas eran excelentes todos. Hay opiniones contrarias, quienes creen que quizás alguno sobraba o que de la semifinal alguien faltaba. No escuché a todos los cantantes porque me da pánico ponerme a escucharlos; son todos tan buenos, que si me fijo en ellos no consigo el coraje para centrarme en mi actuación. Siendo todos los cantantes de tan alto nivel, es realmente difícil repartir seis premios oficiales entre 16 finalistas, implica que 10 nos quedaríamos sin un premio oficial. Pero lo bueno de este concurso, es que como dan tantos premios extraordinarios y contratos de diferentes tipos, es muy difícil que alguien salga con las manos vacías, yo no me quedé sin premio y lo que me dieron es muy interesante, un premio de trabajo, un contrato con cinco casas de ópera en Suiza que trabajan en conjunto para un festival. Esto es muy importante, porque un primer premio no significa que salgas del anonimato y te conviertas en estrella. Lo importante es que a raíz de un concurso te salga trabajo y para mi, ese es uno de los principales fines de un concurso. El solo hecho de haber sido finalista de este concurso es una cosa increíble. Hace muchos años que no llegaba un contratenor a la final y éramos, en la primera fase, más de 500 concursantes, a la final llegamos solo16. Eso es ya un gran mérito del que estoy muy contento”.

-Mencionó que tiene más de una década en Europa ¿Ha sido muy difícil hacer una carrera musical en el viejo continente?

– Sí, llevo más de una década, unos 11 años, y no ha sido fácil. En Venezuela logré hacer muchas cosas, era asistente de dirección en varios coros, canté como solista en dos grupos de música antigua que había en Mérida –que ahora hasta donde sé, ya no existen–. Hice también un debut como solista con Isabel Palacios. Hice cosas, que para alguien de 16 años, fueron bastante importantes. Después de llegar a Europa uno pasa muy fácilmente al anonimato. Nadie te conoce, porque llegas a un país, un continente, que no es el tuyo. Llegas a competir con gente que ya la tienen difícil, que son de aquí y además, con muchas otras personas tremendamente talentosas que vienen, como tú, de otras partes del mundo.

“La razón es que el único lugar donde realmente se puede hacer carrera en la música clásica es Europa, ni siquiera en los Estados Unidos, Canadá ni en los otros países en los que quizás haya plataformas culturales que permitan a los músicos vivir de la música, como Australia, Nueva Zelanda, Argentina, Chile, Sudáfrica, etc.  En estos lugares hay personas que se ganan la vida tocando en una orquesta o trabajando en un teatro pero no llegan a tener una carrera internacional a menos que salgan de sus países. Para el que quiere hacer carrera, es muy importante venir aquí, donde te consigues con gente talentosa de muchos sitios, muchos latinoamericanos, entre ellos también venezolanos, aunque de estos, muchos vienen de la mano del Sistema, cosa que a mí no me sucedió. También hay mucha gente de Corea y otros países asiáticos, con una educación musical extraordinaria. También de Rusia, los países bálticos y otros países de Europa del este. La competencia es muy dura”, redundó.

“Si no se tiene la energía para competir y darse a conocer es muy difícil que se den cuenta de ti. No quiere decir que todo el mundo debe convertirse en un Pavarotti, una María Callas, un Toscanini, pero se puede tener un nombre mínimamente reconocido para no tener que estar todo el tiempo pidiendo trabajo sino que el trabajo te llegue a ti”, puntualizó Sosa del Pozo.

-¿Cuál sería la cúspide de su carrera?

Aspiro a que la gente me conozca lo suficiente para que se me ofrezcan trabajos sin tener que estar todo el tiempo presentándome a audiciones y dándome a conocer toda mi vida. Me gustaría cantar mucho, cantar en todos lados. No me interesa solo la ópera, me gustaría cantar oratorios, conciertos e interpretar ese otro repertorio que no requiere que uno se aprenda un papel de memoria, casarse con una misma ópera durante seis, siete, ocho semanas. Poder ir con partituras sobre el escenario, con dos o tres días de ensayo, para dar uno o dos conciertos. Esto es algo que me gusta mucho, por el hecho de que le das la cara al público. Haciendo ópera está siempre el maquillaje de por medio, los trajes, no eres tú, el cantante, sino el personaje el que se queda en la memoria del público.

-¿Qué otra disciplina artística o musical combina con el canto lírico?

-La dirección, que la tengo un poco de lado en este momento porque el canto me parece más urgente. Me interesa eventualmente volver a la dirección y me encantaría poder trabajar sobre todo con coros profesionales y también con orquestas, aunque tengo poca experiencia con la dirección de orquestas. Viendo hacia al futuro, habrá un momento en el que comenzaré a cantar menos, en la medida en que comience a dirigir más. Y cuando esté mayor, me dedicaré a la dirección y a la composición, que por el momento la tengo muy olvidada.

-¿Cuáles son sus próximos proyectos?

-Por primera vez en mi vida puedo decir que tengo un año lleno de compromisos. Entre otras cosas cantaré Apolo, en Gli amori di Apollo e Dafne de Cavalli, en el festival de música antigua de Innsbruck, Austria; haré por primera vez el rol de Ottone en L’incoronazione di Poppea, de Monteverdi, versión concierto, en Alemania; antes de eso tengo La pasión según San Juan de un compositor sueco, Sven David Sandstrӧm, escrita para cuarteto de cuerdas, coro mixto, contratenor y barítono solista; este último interpreta a Jesús, mientras que el contratenor interpreta a San Juan, o en otras palabras, es el evangelista. La estrenamos en Estocolmo el año pasado y la vamos a repetir este 2018 en marzo y en septiembre, en un simposio de música eclesiástica, en Suecia. Como solista haré también mi primera Misa en si menor y mi primera Pasión según San Juan de Bach, en Estocolmo y Mainz respectivamente; haré La pasión de Jesucristo, de Caldara, en el papel de Pietro, versión operística. También haré mi primer Mesías, como solista en las islas Feroe, en diciembre y tengo otras cosas por confirmar. Esto es lo más relevante.

-¿Desde cuando no viene y canta en Venezuela? ¿Le gustaría hacerlo?

-Después de irme de Venezuela solo he ido dos veces, en mayo de 2008 para cantar en Mérida como solista, en una producción del Réquiem de Mozart. La segunda vez fue en 2010, se casaba una prima y me encargué de la música para la boda, formé un coro con algunos de mis amigos coralistas y lo dirigí durante la ceremonia. Desde entonces no he regresado y desde luego me encantaría volver, cantar y dirigir en mi país, aunque no cabe duda que este no es el mejor momento para regresar. Me gustaría que la situación del país mejorara. No veo que me mude a Venezuela pronto, pero si por mi fuera, estaría allí bastante más a menudo.