Por Simón Ignacio Martínez | ESPECIAL PARA @vzlasinfonica
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Gonzalo Micô nació en Caracas, Venezuela, en el año 1954. Obtuvo la licenciatura en Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela (UCV), hecho que le sirvió para darse cuenta de que no quería ejercer otra cosa fuera de la música. También se recibió en el Instituto Universitario de Estudios Musicales (IUDEM), en Caracas, y en el prestigioso Guitar Institute of Technology (GIT) ubicado en Hollywood, California, en el que compartió y recibió clases de grandes maestros, como lo son Joe Diorio y Carl Schoroeder. Joe Pass, Pat Martino y Mick Goodrick también aportaron en bases y programas particulares dentro de su formación. Su primera producción musical, Cinemascope (1982), es considerada una de las precursoras del género jazz en Venezuela. Este disco forma parte de los trece álbumes que trazan su carrera musical, siendo el último Trío 20-10, en el que aparece junto con Edwin Arrellano en el bajo y Willy Díaz en la batería. Ha tocado con músicos legendarios como James Moody, Claudio Roditi, Vinnie Colaiuta, Longineu Parsons y Jim Ates, y acompañado en grabaciones a otros referentes como Chiqui Rojas, Andy Durán, Gerardo Chacón y Gisela Guédez. Sus composiciones y arreglos han sido interpretados por artistas de la talla de Pablo Gil, Marcos Carrasco, Rubén Riera, Luis Julio Toro, Marcus Vinicius, Isabel Santos e Iván Adler.

La prensa nacional e internacional ha elogiado su calidad musical. En el año 2001 la revista de arte contemporáneo Art Review lo catalogó como un “súper guitarrista dentro de la tradición del jazz de Joe Pass y Jim Hall”.

Por otro lado, Micô ha sido docente en la Universidad del Zulia (LUZ), Ars Nova, la Escuela Itinerante de Música (EiM) y actualmente se desempeña como tal dentro de la Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte), en la capital venezolana, resaltando el valor de la educación para las nuevas generaciones de músicos que deciden tomar el camino de este arte como profesión.

Se le ubica como una leyenda del jazz venezolano en la guitarra, grabando el primer disco del género en el país. ¿Cómo fue esto posible? ¿Cuáles fueron sus influencias artísticas y académicas más directas para ello?

A finales de los años setenta fui guitarrista del grupo de jazzrock Wantuno, con el que grabé y acompañé a muchos cantantes de la época. Luego de la última gira en la que participé con ellos dentro de Venezuela yo partí para Hollywood, California, con el objetivo de formalizar mis estudios en el GIT (Guitar Institute of Technology). Allí estudié con el maestro que me enseñó todo lo que sé de la guitara: Joe Diorio. Él ha sido la mayor influencia en mi música y en mi vida en general. Una vez de vuelta en Venezuela, me reencontré con los integrantes del grupo Wantuno. Tres de los miembros habían hecho un estudio de grabación y acababan de fundar un sello disquero llamado Kandra. Mi primer disco (long play de acetato) fue una coproducción entre Kandra y mi persona, y se tituló Cinemascope (noviembre, 1982). Contó con la participación de Mariano Tito Jr. en el contrabajo, Rubén «Tutti» Jiménez en la batería y el joven de 18 años Otmaro Ruiz, en el piano.

Joe Diorio marcó su formación musical y personal, como bien dice, y lo considera un artista innovador de los tiempos modernos. Ahora, ¿cuáles otros músicos marcaron su desarrollo e influenciaron el sonido que hoy le define?

Podría empezar con Django Reinhardt. Fue un maestro de la guitarra acústica, el primero de los grandes que no nació en Estados Unidos. Como muestra de mi admiración, en el 2003 salió mi disco Lentement, Mademoiselle, editado en Miami, Florida, por Musical Mind (Jazz Mind Division), y en el que toco a cuarteto música de Django. Tal Farlow también debo nombrarlo, el gran maestro del bebop, lo mismo que Wes Montgomery, máximo exponente del hard bop; Jim Hall, maestro del cool jazz, Joe Pass, Chuck Wayne, Bucky Pizzarelli, George Barnes y dos europeos que me movieron hacia la modernidad: Atilla Zoller, el húngaro, y Volker Kriegel, el alemán.

Todos esos maestros dejaron a la guitarra en un lugar de altura, aunque en gran medida se le haya considerado a lo largo del tiempo como un instrumento acompañante. ¿Cómo cree que obtuvo su rol solista? ¿Cuáles son los riesgos que debe tomar el guitarrista a la hora de liderar una agrupación?

La guitarra ganó su puesto como solista con el legendario Charlie Christian, quien en una oportunidad dijo que “hacía tiempo que la guitarra necesitaba un héroe y ese soy yo”. Por otro lado, esto solo fue posible por las innovaciones electrónicas de otro grande: Les Paul, quien al lado de Leo Fender hicieron posible la guitarra eléctrica, esencial para la interpretación en este género.

Pero para un guitarrista no resulta fácil liderar un grupo. Por ejemplo, los instrumentos de viento (trompeta, clarinete, saxofón, etc.) poseen un mayor rango expresivo y el piano más posibilidades armónicas. Esto influye a la hora de tocar, a menos que el guitarrista sea un virtuoso. Pat Metheny dijo que los tríos de guitarra, bajo y batería más interesantes fueron los de Jim Hall y Jimi Hendrix.

Eso obliga a que el guitarrista cree su propio lenguaje, para resaltar del resto, y los avances estructurales en la fabricación del instrumento también han determinado su calidad sonora. ¿Todas las guitarras suenan igual en el jazz? En su opinión, ¿cuál es el sonido de la guitarra en el jazz?

Existen muchos tipos de guitarra y eso influye al momento de la interpretación. Yo considero que el sonido propio de una guitarra en el lenguaje del jazz es a través de la archtop (guitarra de tapa arqueada), que en épocas pasadas fueron llamadas celloguitars por su parecido estético con el instrumento al que hacen referencia. Fue a comienzos del siglo XX cuando un legendario luthier llamado Orville Gibson sostuvo que la guitarra era un instrumento muy atrasado en relación con otros de cuerda, como los chelos, violines, violas, etc., así que ideó, diseñó y construyó las primeras guitarras archtop con tapa arqueada y huecos en forma de F, de modo que a partir de ese momento la guitarra dejó de ser un instrumento para tocar líneas de manera contrapuntística y permitió ejecutar acordes en bloque en cualquier parte del diapasón sin desafinar. Aunque mi punto de vista puede ser entendido como purista y existen excelentes guitarristas que usan guitarras de cuerpo sólido o semisólido, considero que estas no pertenecen a la estética del jazz.

Ahora hablemos de su discografía. 13 álbumes, obras referenciales para todos los melómanos. ¿Qué busca exactamente a la hora de componer o sencillamente escuchar música? ¿Cuáles sonidos despiertan su interés? Y aquí no puede dejar de incluir su pasión por el blues y el rock & roll, que hoy materializa en su más reciente proyecto.

Mis primeros dos álbumes, Cinemascope y BeJazzArtes, fueron grabados en vivo, a cuarteto y con repertorio estándar. En el tercero, titulado Gonzalo Micô, solo incluí composiciones originales y monté percusión, vibráfono y en uno de los temas una voz femenina. A partir de ese momento empecé a experimentar con diferentes texturas musicales, lo que me llevó a considerar otras voces e incluir nuevos instrumentos dentro de mi sonido, como el steel pan y el teclado. Mi más reciente disco editado, Trío 20-10, es una formación de jazz tradicional (guitarra, bajo y batería) en el cual he incorporado solamente temas del repertorio estándar del género (obras históricas representativas) y una composición original. Paralelamente, he llevado a cabo un proyecto de rock que empezó como una broma y fue tomando forma con el tiempo. Quienes lo han conocido destacan que agrupaciones y músicos como Cream, Rolling Stones, Mountain, Jeff Beck y Jan Akkerman parecen ser influencia directa. Sin embargo, mi lengua materna sigue siendo el jazz.

Pareciera que la música lo escogió a usted y no lo contrario, ¿no es así? En especial cuando todas las aristas de su vida giran en torno a ella.

Yo me siento muy feliz porque siempre he vivido con la música y en estos tiempos no entiendo la vida de otra manera. En una entrevista que leí de Steve Swallow (bajista y contrabajista estadounidense de jazz) le preguntaron qué consejo le daba a los jóvenes que querían dedicarse a la música y él respondió: “Si usted quiere ser músico, no lo haga, porque es una vida muy difícil, pero si usted tiene que ser músico no lo dude ni por un instante porque no hay mejor manera de vivir”.