Escrito por Prensa FundaMusical Bolívar

Se trata del tercer venezolano formado dentro de El Sistema en alzarse con un reconocimiento extranjero durante este verano. El músico, perteneciente a la Sinfónica Simón Bolívar, se midió en el Concurso Contrastes, celebrado en Argentina, con ocho ejecutantes de la región

No he ido a estudiar a otra parte del mundo. He sido creado como contrabajista por El Sistema - Resaltó Hernandez.

No he ido a estudiar a otra parte del mundo. He sido creado como contrabajista por El Sistema – Resaltó Hernandez.

“Soy indio, soy Wayúu”, adelanta Claudio Hernández Ortega cuando comienza a contar cómo llegó a colocarse detrás del imponente cuerpo del contrabajo. Lo hizo a los 13 años sin buscarlo, porque “la verdad, yo no quería ser músico, sino deportista”. Fue su padre el que causó este viraje en los planes cuando lo acogió en su casa, ubicada en el barrio Santa Lucía de Maracaibo, estado Zulia. El pequeño vivió sus primeros años de vida en un lejano “barriecito” llamado Chino Julio de este estado occidental.

Este cambio y la inquietud paterna de que escogiera algún instrumento para estudiar música, le condujeron hasta el núcleo de El Sistema en Santa Rosa de Agua. Allí, el profundo resonar del contrabajo le recibió y cautivó instantáneamente. Ese nexo tuvo una acelerada evolución, una que 13 años más tarde continúa, y que momentáneamente, lo extrajo de su rol de principal de fila de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela y lo colocó en San Juan, Argentina, para participar en su primera experiencia como solista en un concurso internacional.

Luego de competir con ocho contrabajistas latinoamericanos, regresó este miércoles 4 de septiembre a su casa, al Centro de Acción Social por la Música en Caracas, con el 2º lugar de la Primera Competencia Internacional de Contrabajo Romeo Molo – Salvador Amato del Encuentro Contrastes, en su VII edición. El primer lugar fue para el argentino Laureano Melchiori.

La Suite en estilo antiguo de H. Fryba, el Concierto para contrabajo nº 2 en Si bemol menor de Bottesini y la Sonata nº 2 de Adolf Misek formaron el repertorio que Claudio tuvo que trabajar, aún en medio de los compromisos internacionales de la orquesta, para lograr dejar el nombre de su país muy en alto. Al conversar al respecto, agradeció, puntualmente, tres apoyos que han sido fundamentales para lograr este propósito: el del maestro José Antonio Abreu, el de su mentor y “casi padre”, Félix Petit, y el de su familia.

Es primera vez que sales del país con un proyecto individual, ¿cómo estuvo la competencia?
Fue muy bonita porque fueron todos latinos: un brasileño, un colombiano, un costarricense, dos argentinos, un chileno. Yo era el único venezolano. El jurado utiliza la técnica del arco francés, muy diferente a la mía que es el arco alemán, el que se estudia en todo El Sistema. Pero estuvo muy bonita porque prevaleció el compañerismo. No conocía a Alberto Bocini, contrabajista de la Scala de Milán (Italia), ni a Thierry Barbé, contrabajista de la Ópera de París, profesor del Conservatorio Superior de París (Francia). Fue genial; les gustó mi sonido, mi capacidad interpretativa.

En una experiencia de este tipo hay muchos retos técnicos, interpretativos, culturales. De todos, ¿cuál fue el más importante o al que le diste más valor?
El más grande fue tocar para Alberto Bocini una obra italiana: el Bottesini. De verdad eso fue increíble porque es como si él viniera a tocar música venezolana para acá. Que diga que le gustó mi interpretación fue satisfactorio. Me digo: “¡guao! lo hice bien, gracias a Dios”. Vendrán otras cosas, si Dios quiere, como esta.

¿La decisión de participar en este evento fue una inquietud personal, una recomendación?
Sí, personal. En realidad quería probar qué se sentía ir a competir, porque nunca lo había hecho. Es mi primera competencia en el exterior, y gracias a Dios me fue muy bien. El festival es nuevo, prácticamente. Lo hice porque uno necesita cultivar lo individual muchísimo, porque además, la orquesta, la Bolívar, está exigiendo muchísimo nivel, entonces hay que buscar qué hacer aparte, es decir, destacarse en su instrumento de verdad.

¿Qué aspectos evalúas en relación a la orquesta para sentir esta inquietud de excelencia?
El compromiso que tiene ahora la Simón Bolívar a nivel mundial es increíble: Festival de Salzburgo (Austria), Festival de Lucerna (Suiza), Los Angeles Philharmonic (EEUU), a lo que se añade que está en el podio un maestro como Gustavo (Dudamel) que ya es uno de los mejores directores del mundo. Entonces, siendo yo el principal de la fila, tengo que tratar de llegar a ese nivel como pueda para comprender su forma de hacer música, qué quiere y analizar bien las peticiones que le hace a la orquesta. Hay que abrir más la mente a nivel individual.

¿Es difícil hacerse consciente de esa responsabilidad individual cuando el trabajo como instrumentista siempre ha estado acompañado del trabajo orquestal?
No, porque nace de ahí mismo, de la orquesta. Nace de escuchar a tus compañeros y de ver que hay cosas que uno tiene y otro no. Sabes su nivel y no puedes quedarte atrás. Hay que estar a la par para hacer mejor música. De la orquesta siempre nace todo: la sana competencia, la mejora del trabajo. No es una inquietud que nace en un salón con un maestro. El factor de la individualidad es importante, porque va mucho más al detalle de lo que necesitas y de lo que no, pero es la orquesta donde aplicas todo ese conocimiento.
Tuve un sueño desde pequeñito y es que todos podamos tocar en una fila con la conciencia de un principal. Hace poco me enteré del lema de la Filarmónica de Berlín: 180 solistas, una sola orquesta. Con esa idea de ser siempre individualmente lo máximo que puedas, así seas el último de una orquesta, se beneficia mucho al grupo, al colectivo.

¿Cambió de alguna forma la concepción de ti mismo como ejecutante después de esta primera experiencia competitiva?
La verdad es que la sensación de quedar entre los dos primeros lugares de un concurso internacional frente a compañeros de Latinoamérica, es muy satisfactoria, porque la verdad es que yo no he ido a estudiar a otra parte del mundo. He sido creado como contrabajista por El Sistema, me he formado en El Sistema, y la sensación que me dejó es que voy por buen camino. No estoy tan perdido como alguna vez pensé. Definitivamente El Sistema es lo mejor que ha pasado en mi vida, porque gracias a esto soy lo que soy hoy en día.