El músico cubano, hijo de Bebo y puntal mundial del jazz afro-latino, presenta hoy en el Campos Elíseos ‘Irakere 40’, un homenaje a la banda que fundó hace 40 años

Vía: www.deia.com/ UNA ENTREVISTA DE ANDRÉS PORTERO

BILBAO– Chucho Valdés (Quivicán. 1941) rinde hoy tributo a la banda que fundó y dirigió con la aportación de Jorge Sandoval y Paquito D´Rivera. “Juntamos experiencia y frescura”, indica el músico, cinco veces ganador del Grammy, que acaba de regresar de tocar en la Casa Blanca junto a D´Rivera, Sting o Chick Corea.

Cuarenta años de la fundación y de Irakere y su influencia sigue viva.

-Es increíble. Nosotros hicimos el grupo juntando los conceptos musicales que teníamos en ese momento y nunca pensamos en la influencia que iba a tener en varias generaciones y su importancia en la música cubana. Bueno, en la música, en general.

Su música fue una revolución que abrió muchas puertas ¿verdad?

-Rompió moldes establecidos. La gente vio lo que hacíamos y aprovechó nuestra fórmula. Además, del grupo salieron grandes figuras.

Su triunfo fue la fusión del jazz con lo afro-latino, el espíritu de Thelonious Monk con el de Benny Moré.

-Exactamente. Estaban ellos y también Duke Ellington, las raíces cubanas, algo de clásica…

…y rock. En ‘Bacalao con pan’ sonaban como Santana.

-(Risas) Exacto, cogimos la guitarra electrónica (sic) y lo más moderno de la sonoridad contemporánea y lo acompañamos con los tambores de África. Fue un exitazo. Y hablando de Santana, versionó fantásticamente esa canción que cita en su disco Supernatural. La toqué con él, en Puerto Rico.

El antecedente de Irakere fue la Orquesta Cubana de Música Moderna.

-Yo ya tenía un grupo que revolucionó la música cubana, en el Teatro Real de La Habana. Luego llegó la Orquesta Cubana de Música Moderna, con los mejores instrumentistas del momento, que dio paso a Irakere.

El grupo no podía fallar con usted, D´Rivera, Sandoval…

-Y Enrique Plá, Carlos Emilio Morales, Carlos del Puerto… Era un all stars del momento. Elegimos Irakere porque significaba vegetación o selva, en lengua yoruba. Algo fogoso porque la comunicación se establecía a través de los tambores.

En Bilbao presentan un CD de homenaje a Irakere, ‘Live at Marciac’.

-Lo grabamos en 2015, en Francia. Está tocado por cuatro generaciones de músicos. Además, cuatro de estos diez músicos que me acompañan no habían nacido cuando se formó Irakere.

¿Qué le añaden esos músicos jóvenes a alguien tan curtido como usted?

-Experiencia y frescura. Llevamos metales, percusión y piano…

Su banda se llama Afro-Cuban Messengers. ¿Es un guiño a los Jazz Messengers de Art Blakey?

-Sí, es un saludo a un gran músico y a una de mis bandas favoritas, que también desarrolló grandes pasajes del jazz en el siglo XX.

¿Qué añade esta formación a los Irakere originales?

-Es una evolución contemporánea de aquel sonido y de sus conceptos rítmicos y compositivos. Es otro camino diferente a partir de aquel. Tengo que decir que en el primer ensayo del grupo llegué a llorar al oír los viejos temas.

Reunir a los Irakere originales habría sido un sueño, ¿no cree?

-Es imposible porque sus agendas son muy fuertes, al igual que la mía.

Imagino que rescatará clásicos en Bilbao.

-Claro. Solemos abrir con Juana 1.600 y hacemos una selección de los temas importantes de Irakere junto a los de Afro-Cuban Messengers. Y suenan clásicos como Congadanza, Misa negra o Bacalao con pan,junto a algunas composiciones nuevas como Lorena´s Tango, dedicada a mi mujer.

Irakere fue el primer grupo cubano que tocó en EE.UU, en 1878, tras la ruptura de relaciones con Cuba.

-Y ganamos un premio Grammy por entonces. Hicimos historia.

Ahora han vuelto a pasar por Estados Unidos.

-Sí, con una gira exitosa. La raíz africana está en la base tanto de la música cubana como de la estadounidense, la del jazz, que luego derivó en el blues y el rock. El ritmo es la base de ambas.

Algo para sentir, no explicable.

-Exacto, se lleva o no se lleva muy dentro. Está incorporado a nuestra personalidad. En Cuba la gente camina con ritmo, como si bailara.

Asentado en Benalmádena (Málaga), ¿cómo ve el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos?

-Hay que ver cómo se va desarrollando. Hace no mucho toqué en La Habana. Ya se ven algunos cambios.

¿Qué se palpa en las calles cubanas?

-Hay mucha alegría y esperanza. Y la música siempre está ahí, en cada momento del día. Hay tres clubes de jazz en La Habana. Eso se debe a que allí se enseña muy bien la música aunque también hay cantidad de gente que se atreve a salir fuera para aprender en el Berkeley College of Music, en Boston, y el Juilliard School, en Nueva York, por ejemplo.

Pero sin olvidar las raíces.

-Claro. Están en nuestro ADN, son nuestro carné de identidad.