Vía: El Universal | 104 Aniversario | DANIEL FERMÍN

El venezolano pasó de la escuela de música de su natal San Sebastián, estado Aragua, a ser titular de la Orquesta Sinfónica de Stavanger, en Noruega. Dejó el violín para tomar la batuta. Ha regido agrupaciones en Francia, Suecia, Israel y Alemania. Todavía sueña con dirigir, en un futuro cercano, a la Filarmónica de Berlín o a la de Viena.

Christian Vásquez

Christian Vásquez

El cuento ya es conocido: Christian Vásquez (Caracas, 1984) tenía ocho años cuando pasó frente a la Escuela de música de San Sebastián de Los Reyes, en el Estado Aragua, y le pidió a su mamá que lo inscribiera. Aquella anécdota fue el inicio de una trayectoria que hoy tiene a escenarios internacionales como contexto.

La petición del niño no fue capricho. El sonido de los instrumentos le atrajo. “Fue una suerte de imán, un ven a mí. A los dos o tres años ya sabía que quería dedicarme de lleno a la música. Tenía que estar muy enfermo para no ir. Iba muy temprano siempre al ensayo. Había un grupo de amigos con el que apostaba a ver quién llegaba primero”, recordó el ahora director de orquesta, que empezó en el coro infantil.

Antes de empuñar la batuta, Vásquez también pasó por la flauta y el violín. Su faceta de cantante fue muy breve. “Cuando me llevaron por primera vez a la escuela, la profesora me hizo un examen auditivo y otro rítmico para saber que facultades tenía para la música. Esa vez me mandaron a cantar Los Pollitos dicen y el Himno Nacional (…) Le dijo a mi papá que yo tenía buen oído. Yo le comenté que podría tocar violín porque es el que uno más escucha”, agregó el músico, que encontró en la dirección orquestal mayor libertad.

La primera vez que Vásquez estuvo al frente de una agrupación en un concierto fue en la iglesia de su pueblo. Tenía 15 años. “El director me preguntó si quería dirigir el Himno. Hubo un poquito de nervios, pero me sentí en confianza con mis amigos, mi gente”.

Casi una década después, le llegó la hora de conducir a la Simón Bolívar. En 2008 recibió una llamada de José Antonio Abreu, en Semana Santa, para hacerse cargo del grupo capitalino. Dirigió la Segunda Sinfonía de Mahler. “Después de eso cambió todo para mí. Llegaron invitaciones del exterior. No me imaginaba nada de eso, la verdad. Yo amo la dirección. Y para ese entonces dirigía porque me gustaba, pero nunca lo hice para viajar”, indicó el conductor, que ese mismo año tuvo su debut en París.

De dirigir a orquestas regionales pasó a encargarse de grupos extranjeros. La Filarmónica de Radio Francia, la Sinfónica de Gävle (Suecia), la Filarmónica de Israel, la Sinfónica Juvenil de Bavaria (Alemania), la Orquesta Nacional del Capitole de Toulouse (Francia). Una serie de agrupaciones que, en números, ya asciende a 15 o 20 (ni siquiera Vásquez lleva la cuenta).

Una de las últimas en sumarse a la lista fue la Orquesta Sinfónica de Stavanger (Noruega), de la que el venezolano será director musical titular a partir del segundo semestre de 2013. “Eso es una gran responsabilidad. Primera vez que estoy al frente de una orquesta profesional donde todos son mayores que tú, en ella hay 20 nacionalidades: japoneses, ingleses, de todo. Hay gente con mucha experiencia que ha tocado con grandes directores. Estoy seguro que va a marchar bien, me gusta el felling que hay entre la orquesta y yo. Es Amor a primera vista”, dijo el músico aragüeño, que tiene contrato en Noruega por cuatro años.

Christian Vásquez se ve en un futuro como director de la Filarmónica de Berlín, la de Viena o la de Nueva York. Sueña con llegar algún día hasta allá y con hacer música hasta que muera. Aunque, como a veces pasa, hubo un momento cuando quiso dejarlo todo. “Me pasó por la mente en la juventud. Estaba en esa etapa en la que todos tus amigos del bachillerato hacían fiestas, iban a la playa, tenían vacaciones, yo no. Entonces me pregunté si hacía lo correcto o no, fue un minuto de locura”.

Hoy el conductor venezolano no cambiaría nada en sus 28 años de vida. No tiene mucho de que arrepentirse. “Repetiría todo igual desde el inicio. Estoy muy contento de como me formé, de como todavía me educo. Yo me siento feliz por el sitio donde crecí, donde viví, también de mi propia familia”, concluyó Christian Vásquez. Si pasara otra vez frente a la Escuela de Música de su pueblo, volvería a detenerse.