El hombre que ve su piano como una “batería de 88 tambores” se mantiene muy activo a los 71 años; toca con músicos jóvenes y rearma su histórica sociedad con Steve Gadd

Vía: www.lanacion.com.ar | Sebastián Chaves

“Es mi vida -sintetiza-. Siento la necesidad natural de buscar nuevas cosas todo el tiempo”

La carrera de Chick Corea puede pensarse como una reinvención permanente a partir de variaciones mínimas. Entre el jazz-rock, el jazz fusión y la tradición, el pianista de 71 años ha forjado una obra que lo encuentra siempre renovado, incluso cuando recupera viejas sociedades. Una de ellas, la que lo trae de regreso a la Argentina para tocar mañana en el Gran Rex, es la que formó con el baterista Steve Gadd a fines de los 70. “Siempre dijimos que queríamos volver a tocar juntos y por fin lo hicimos”, cuenta Corea del otro lado del teléfono.

The Leprechaun y My Spanish Heart, ambos de 1976, y Friends, del 78, son algunos de los discos que grabaron juntos cuando ambos vivían el pico de sus carreras creativas. Así como Corea ya había demostrado todo su potencial desde los años en los que configuró el jazz-rock bajo las directivas de Miles Davis y se había consolidado como líder en Return To Forever, Gadd se había convertido en uno de los sesionistas más requeridos de la escena, con grabaciones que iban de Paul McCartney a Chet Baker. “No sólo pasó que esos discos se volvieron muy populares, también fue el inicio de una gran amistad”, recuerda el pianista sobre su trabajo juntos.

A dos años de su última visita, aquella vez junto a The Vigil, una formación de músicos jóvenes de los que aún conserva a Carlitos del Puerto en bajo y a Luisito Quintero en percusión, Corea se mueve, al igual que en toda su vida, como un fusionista incansable.

En su búsqueda de nuevas sonoridades, y siempre interesado en componer, ha desarrollado no sólo una estética propia, sino también un modus operandi. “Es mi vida -sintetiza-. Siento la necesidad natural de buscar nuevas cosas todo el tiempo”.

-Tranquilamente podría dedicarse a girar tocando sus clásicos. ¿Cómo se hace para evitar la zona de confort después de 50 años de carrera?

-Bueno, es una forma de vida, me gusta sentarme a escribir, mi principal amor es la composición y de ahí mi interés por encontrar cosas nuevas. Y después uno siente las ganas de mostarlas por todo el mundo, que la gente las conozca. Y cuando salgo de gira entiendo que me tengo que cuidar y mantenerme sano, comer bien, descansar bien… La música me mantiene joven, me mantiene fresco.

-¿Por eso se rodea de músicos jóvenes?

-Sí. Es algo natural buscar músicos jóvenes y creativos. Es algo que hacemos mucho los jazzeros. Mi generación ya es vieja y los más chicos son los que te traen las novedades. Siempre busco aprender de ellos, me mantienen interesado. Miles Davis fue un gran ejemplo de eso, era un gran líder y se rodeaba de músicos jóvenes, porque ellos son los que te enseñan lo nuevo. Creo que es algo que hay que adoptar para la vida en general. Para sentirte vivo tenés que estar despierto, toda la música debería ser así, no sólo el jazz.

-Hoy se lo reconoce como uno de los estandartes de la fusión, ¿cómo llegó a ella y qué es lo que encontró ahí que tanto le gusta?

-Cuando estaba en la secundaria me hice amigo de un trompetista portugués que tenía una banda, hacían rumba, chachachá, merengue… todos ritmos que yo no conocía. Me invitó a tocar el piano y su conguero era excelente. Cuando me mudé a Nueva York, él me mostró esos sonidos, me llevó a escuchar a Tito Puente y toda esa camada de percusionistas. Ahí entendí que podía sumar eso a mis influencias, entonces toqué con Mongo Santamaría, el gran percusionista cubano.

-Y después llegó España como su otra gran fuente de inspiración.

-Claro, en 1972 conocí a Paco de Lucía y me enamoré del flamenco. Y “Spain” se convirtió en un éxito, algo inesperado porque nunca componés una canción pensado en cómo le va a ir. Estoy muy feliz de que le haya ido bien; de hecho, ahora estoy preparando una obra inspirada en Joaquín Rodrigo y su “Concierto de Aranjuez”, la idea es pensarlo como un concierto para guitarra y orquesta, pero poder tocarlo desde el piano y también con mi banda. Creo que eso resume todo mi universo afrolatino (risas).

-Una de sus grandes marcas de estilo es la forma en la que toca losstaccatos, que le dan ese sonido brilloso. ¿Fue una búsqueda deliberada?

-Sí, me gusta que la música sea rítmica, que haya swing. Uno de mis intereses es pensar el piano como una batería de 88 tambores. Cada tecla es un tambor afinado en una altura particular y mis dedos son 10 palillos. Me gusta tocar la batería cuando no toco el piano, y siento que, cuando tenés buen ritmo, le das a lo que estés tocando otro brillo, reforzás la emoción que querés transmitir. Cualquiera sea la melodía, tiene que tener cierto espíritu bailable. Entonces, internamente, siempre estoy luchando por eso. El ritmo es lo que le da diversidad a tu música.

-Pensar el piano desde su costado percusivo lo ubica cerca de Thelonious Monk y Cecil Taylor. ¿Se siente parte de ese linaje?

-Absolutamente, son dos de mis grandes maestros y fueron muy influyentes en mi sonido. Especialmente Monk, porque no sólo fue un excelente pianista, sino que también es mi norte como compositor. Fue uno de los mayores creadores de nuestro tiempo.

-Hacia fines de los 70, la crítica apuntó al jazz-rock como algo que ya había pasado de moda. ¿Cómo lo tomó en ese momento?

-Creo que eso fue algo de uno o dos críticos, al resto le encantaba lo que hacíamos. Eran pocos los que nos criticaban. Siempre se trata de unos pocos, pero eso es lo que se recuerda, y por supuesto que tienen su derecho a opinar y a que no les guste. Pero si lo mirás ahora, toda esa música sobrevivió al paso del tiempo y lo va a seguir haciendo. Nunca fui de prestarles atención a esas críticas, yo sigo tocando música, que es mi objetivo principal. Y la mido en la felicidad de la audiencia que viene a verme. Si ellos están conmigo, entonces quiere decir que estoy bien. Y me gusta llevarles siempre algo nuevo y creativo, no me importa si es eléctrico, acústico, largo o corto. Lo que importa es que tenga un efecto positivo en el que lo escucha.ß