En momentos en los que la industria cultural sobrevive bajo mínimos, da gusto ver un Palau de la Música lleno y, además, en un Festival de Jazz (el 49º), es decir, lejos de las listas de éxitos.

Vía: elpais.com | Por Miquel Jurado

Y aún más placentero es comprobar que los que decidieron alejarse de la realidad casi dos horas y media no se equivocaron y abandonaron el Palau con una amplia sonrisa. A la salida, pues, optimismo y buen humor.

Los responsables de levantarle el ánimo al personal la noche del jueves fueron dos perros viejos adentrados ya en la setentena: Chick Corea y Steve Gadd. El pianista y el batería estadounidenses ofrecieron un concierto largo y trepidante que se balanceó entre lo acústico y lo eléctrico, entre el pasado y el futuro, con total naturalidad y, cosa curiosa, con todas las luces de Palau encendidas, para verse las caras y evitar innecesarios juegos de pirotecnia lumínica. Corea dominando el escenario tanto desde el piano como desde los sintetizadores y Gadd asegurando un ritmo frenético y una potencia física en sus solos que sorprende a sus 72 años. Y al final, una imagen insólita en un concierto de jazz: todo el Palau de pie en movimiento, dando palmas y tarareando el estribillo final del emblemático Spain.

Antes de llegar a ese apoteósico bis, que como es norma se inició con una visión acústica del segundo movimiento del Concierto de Aranjuez, Corea se había paseado por toda su historia musical. Desde temas de su último disco con Gadd hasta composiciones tan entrañables como Return to forever, que abría su disco homónimo en ECM de 1972. Un perfecto equilibrio entre el piano de cola y los sintetizadores que ahí tocó cima, como si no hubieran pasado 45 años (aunque la voz del guitarrista Lionel Loueke no es la de la Flora Purim de antaño).

Corea sabe adaptar su mundo a cada momento y lograr que todo suene unitario a pesar de los años. Fresco, difícil decir si estuvo más emotivo al piano que con los sintetizadores. Gadd alternó la calma de sus escobillas con la tempestad de sus dúos con el percusionista Luisito Quintero. Y aún estaban en el escenario dos músicos a retener: el contrabajista Carlitos del Puerto y el saxofonista y flautista Steve Wilson, que protagonizó momentos de los más intensos. No son ignotos, pero aún no han protagonizado las hazañas que cabe esperar de ellos. Dos nombres a seguir.