El jazz no iba a ser el mismo desde la llegada de este saxofonista a Nueva York. No sólo por sus innovaciones en la técnica, sino porque originó toda una revolución musical en cuanto a armonías, arreglos y rítmica. Charlie Parker o “Bird”, apodo que adquirió durante su carrera en la ciudad, dejó un legado musical que llega hasta nuestros días.


Vía: www.laizquierdadiario.com | Ignacio Conini

Nacido en Kansas un 29 de agosto de 1920, comenzó su camino en la música desde muy joven, cuando a los 11 años su madre le regaló un saxofón alto. Ya tenía entonces influencias del jazz, de la mano de su padre que era pianista y de otros músicos más reconocidos, como el saxofonista Lester Young.

Durante su adolescencia se dedicó principalmente a practicar con su instrumento y a tocar en “jam sessions”, donde comenzó a desarrollar sus habilidades. Sin embargo, sus primeros pasos no fueron tan buenos. Una noche en Kansas, Parker se perdió en la canción en medio de su improvisación, por lo que el baterista de la banda, Jo Jones, le tiró un platillo echándolo del escenario. Muchos marcan este hecho como un momento bisagra en la vida del artista, donde decide superar el revés y dedicarse de lleno a su instrumento y ser uno de los mejores. Comienza una etapa en la cual, según sus cercanos, llegó a practicar hasta 15 horas diarias.

Luego de haber consolidado su estilo, de haber desarrollado algunas de las ideas que más tarde darían vida al “Bebop” y de actuar exitosamente con bandas de la zona de Kansas, Parker se muda a Nueva York en 1939.

Trabajando como lavaplatos en un bar de jazz, consigue un ingreso y la oportunidad de escuchar a muchos grandes músicos, como Art Tatum. Aquí da uno de los grandes pasos de su vida: graba por primera vez con la banda de Jay Mcshann, plasmando ya muchos solos que serían los que cautivarían a un enorme público, en temas como “Oh lady be good”.

Tras un paso fructífero por Los Ángeles, con muchas “sessions” y una desintoxicación en su espalda, el músico regresa a Nueva York, adonde vive una de sus mejores etapas musicales, realizando actuaciones exquisitas con su quinteto formado por Miles Davis, Duke Jordan, Tommy Potter, Max Roach y él. Uno de los más importantes conciertos que dieron fue junto con la orquesta de Dizzy Gillespie en 1947, en el Carnegie Hall, donde tocaron las versiones más conocidas de temas como “Ornithology” y “Yarbird Suite”. En estos años daría conciertos por gran parte de EEUU, Europa y Canadá.

Es tocando con el trompetista Dizzie Gillespie, cuando encuentra el “chispazo” que le hace desarrollar el bebop: en un jam session se da cuenta de que puede utilizar las doce notas de la escala cromática para pasar a distintas tonalidades. Esto no sólo surge de una idea musical brillante, sino también de la necesidad de renovación de muchísimos músicos de jazz de la generación de Parker, que se sentían limitados por las formas tradicionales del swing y de la rigidez de las big bands, donde cada instrumento tenía un rol marcado y que no permitía soltar la creatividad al máximo, como luego lo harían.

Por lo tanto, el bebop no sólo innova musicalmente, sino que renueva el jazz por completo, cuando muchos lo consideraban estancado. En esta renovación se encontraban Parker, Gillespie, Roacho, Powell y el legendario Miles Davis, todos músicos bebop que se enfrentaban al tradicionalismo musical de la vieja guardia.

El bebop es un estilo mucho más complejo y atractivo, más impredecible y rápido que el swing tradicional. Los solos y los riff adquirieron mucha más importancia, tocados en forma de corcheas o semicorcheas que les dan gran versatilidad a la hora de hacer melodías más complejas. También se complejizarían las armonías de los típicos blues de 12 compases, en los cuales las sustituciones e inversiones permiten una gran variedad de escalas y maneras de improvisación, obteniendo un resultado bastante distinto del original blues mayor.

Algunos de estos temas son “Billies Bounce”, “Cool Blues” o “Barbados”. Muchos de los temas de este género son reinterpretaciones o toman las armonías de grandes estándares del jazz, como es el caso de “Ornithology” que se basa en el clásico “How High The Moon”.

La vertiginosa carrera y el increíble desempeño de Charlie estuvo acompañado, o probablemente en muchos casos minado por una fuerte adicción a la heroína, común en esos tiempos. Él solía perderse sesiones o perjudicar sus interpretaciones a menudo, sin embargo muchos músicos lo imitaban en este hábito porque veían allí la causa de su talento musical.

Más allá de que haya logrado composiciones legendarias sobrellevando esa adicción, ésta deterioraría su salud irremediablemente hacia sus 30 años.

Murió el 12 de marzo de 1955, a causa de una ulcera y una neumonía, sin embargo, ya se veía aquejado por una cirrosis y tiempo atrás ya había sufrido un ataque al corazón. El médico que le realizó la autopsia declaró que su cuerpo tenía la condición de un hombre de 60 años. Había entrado en una etapa de declive con la muerte de su pequeña hija, que por no tener dinero, no pudo acceder a una atención médica vital. Luego de esto tuvo dos intentos de suicidio.

El legado Parker es muy extenso. Reinterpretaciones de sus temas pueden ser escuchadas en muchísimos lugares y de mano de grandes artistas. Un ejemplo es la sublime interpretación que hace Jaco Pastorius de “Donna Lee”, agregando un solo de bajo eléctrico, algo que también fue una enorme innovación en su momento.

Su vida llegó a la pantalla grande en “Bird”, película biográfica dirigida por Clint Eastwood, o más recientemente en “Whiplash”, la historia de un músico de conservatorio que siente la presión de ser tan grande como Charlie, en donde incluso se retrata la ocasión donde a Parker le tiran un platillo.

En la literatura, Cortázar escribió su cuento “El perseguidor”, con su protagonista basado en la figura de Parker. Un músico de jazz que toca como remedio ante la falta de respuestas a las preguntas que le provocan su existencia. Un cuento que Cortázar posiciona en una etapa propia, que el mismo escritor define como “metafísica”.

En tan sólo 25 años, Parker se convirtió en uno de los músicos más aclamados de su tiempo y uno muy influyente en los posteriores. El fraseo inconfundible del estilo Parker no envejece y sigue en los repertorios de muchísimos artistas. Talento y creatividad marcan toda su obra. Por algo, el legendario Miles Davis dijo “Puedes resumir el jazz en cuatro palabras: Louis Armstrong. Charlie Parker”.