Vía: ABC.es | susana gaviña / madrid

Tras su polémico regreso al templo lírico italiano, la cantante, que acaba de triunfar en Barcelona y Madrid, habla con ABC sobre sus comienzos y su carrera

Cecilia Bartoli, la semana pasada en Madrid durante la entrevista • Foto: ©ángel de antonio

Cecilia Bartoli (Roma, 1966) es hoy por hoy una de las mejores mezzosopranos del mundo y una estrella capaz de poner a sus pies a un auditorio lleno de público. Tampoco a ella le importa arrodillarse ante su público como señal de gratitud. Algo que sucedió en el concierto que ofreció el pasado jueves en Madrid. Un público absolutamente entregado que quiso hacerle olvidar su polémico regreso a la Scala de Milán hace unos días, donde fue abucheada.

Bartoli recuerda este episodio con humor: «No entendía nada. Todo fue muy bien en la primera parte, y casi al final de la segunda sucedió aquello. ¿Cómo es posible?», se pregunta, entre risas, durante una entrevista con ABC. «Pero en mi país todo es posible, incluso que vuelva Berlusconi».La mezzosoprano italiana regresaba a la Scala después de 19 años de ausencia, «por problemas de agenda, porque en Italia se organizan las temporadas con muy poco tiempo». Lo hacía con un programa sin riesgos, aparentemente, pues lo hacía con el repertorio que la ha encumbrado: Mozart, Haendel y Rossini. «¡Imagínese!»

–Según la prensa italiana fue un pequeño grupo organizado el que provocó el alboroto. Parece que en la Scala todavía hay un público que espera ver salir al escenario a las leyendas del pasado, como Maria Callas.

–Parte de la gente de ese grupo, que claramente no estuvo durante el concierto, seguro que tiene la edad de Maria Callas (bromea). Pero esto es algo que le pasó antes a Montserrat Caballé, a Carlos Kleiber, ¡uno de los mejores directores de orquesta del mundo!; Riccardo Muti, Claudio Abbado, Luciano Pavarotti…

–¿Qué se siente o cómo se reacciona en una situación como esa?

–A final, me pareció divertido porque era todo muy absurdo. Esas son cosas que pasan en el fútbol pero pensaba que no en la Scala, aunque, según dicen, es habitual. Ha sido como un bautismo para mí, pues ahora formo parte de esa lista de grandes artistas a los que les ha sucedido lo mismo. ¡Perfecto! Incluso a Verdi le abuchearon en la Scala. ¡A Verdi!

–¿Le había sucedido antes algo parecido?

–Tan divertido, no… (risas). Una vez en la Ópera de París le sucedió al director de orquesta, pero porque había una huelga. De todas maneras creo que en la Scala ya había algo de tensión antes de que yo llegara, porque iba a inaugurar la temporada con «Lohengrin» de Wagner y no con Verdi.

–Usted procede de una familia de músicos, sus padres de hecho eran cantantes de ópera. Parece natural que siguiera los mismos pasos…

–En casa no solo escuchaba música clásica, también me encantaba el pop, pero a los catorce años mis padres me dirigieron a la clásica, aunque antes había estudiado piano.

–Después acudió a un concurso de televisión y Muti se fijó en usted…

–Cuando estudiaba en el Conservatorio de Santa Cecilia de Roma, un pianista que trabajaba en la RAI nos comentó que buscaban cantantes y pianistas menores de 21 años. Entonces yo tenía 19 y pensé: ¿por qué no? Pasé la audición con Pippo Baudo, un presentador muy conocido entonces.

–¿Recuerda lo que cantó?

La Cenerentola, de Rossini. Yme hicieron un contrato de dos meses. Aquello me trajo mucha suerte, aunque no gané. Lo hizo un bajo, que recibió más puntos, pero él lloraba porque decía que yo tenía que haber ganado. Muti me vio y me ofreció una audición en la Scala. Me preguntó si quería cantar, pero entonces yo estaba estudiando, y me llamó unos años más tarde, cuando yo ya había empezado mi carrera.

–¿Sabe qué pasó con aquel chico que ganó el concurso? ¿Hizo carrera?

–Poca, porque llevaba muy mal la presión del escenario.

–Algo que usted domina muy bien. A sus cualidades vocales se suma su capacidad de comunicar. ¿Alguna vez le han propuesto trabajar en el cine, como le ha sucedido a algunos de sus colegas, como Roberto Alagna y Fabio Armiliato?

–No, pero sí me propusieron una vez hacer teatro de prosa, pero no se puede cantar y hacer teatro al mismo tiempo, es muy fatigoso y muy peligroso para la voz.

–Otro director de orquesta muy importante en su carrera fue Herbert von Karajan…

–Tuve la suerte de trabajar con él en Salzburgo, cuando yo era muy joven. Y ahora, veinte años después, soy la primera mujer que dirige el Festival de Pentecostés de Salzburgo que creó él. Para mí es un privilegio y algo muy especial por la conexión que tuve con Karajan. Este año tengo previsto ofrecer una nueva versión de «Norma». Voy a intentar recrear el mismo reparto que hizo Bellini. A los que les gusta lo tradicional tal vez no les interese.

–Sopranos como Maria Callas y Joan Sutherland pasearon esta ópera por todo el mundo.

–La ópera fue estrenada por Giuditta Pasta (1797-1865), que hoy sería considerada una mezzo; mientras que Adalgisa era interpretada por una soprano muy ligera, justo al contrario de lo que la tradición nos propone ahora. De un lado está la tradición y de otro la partitura, y aquí son cosas diferentes. La Callas y la Sutherland fueron hijas de una época en la que todo estaba influenciado por el verismo, pero Bellini es contemporáneo de Schubert, y su estilo viene más de un periodo clásico.

–Las mezzosopranos tienen un repertorio más limitado y menos espectacular que las sopranos. ¿Por este motivo decidió centrar parte de su carrera en la recuperación de música poco conocida y de figuras como María Malibrán o los castrati…?

–Me gusta realizar estas recuperaciones porque me encanta este repertorio. En Italia, a principios de los años noventa, Mozart tampoco era tan interpretado. Lo que siempre se programaba era Aida, de Verdi; Tosca y La Bohème, de Puccini; Carmen, de Bizet… Tuve la suerte de trabajar con directores como Barenboim, quien me aconsejó estudiar papeles de Mozart; y Harnoncourt, que me recomendó cantar Haendel. Gracias a ellos he ampliado mi repertorio.

–Su último proyecto que ha visto la luz es el disco «Mission» (Decca), que está presentando en Europa con mucho éxito. ¿Considera misión cumplida la recuperación de la obra del compositor Agostino Steffani?

–Absolutamente. Ha tenido un éxito increíble en Francia, Alemania, Suiza, Austria… Estoy muy contenta porque se trata de música que no se conoce, pero contiene tanta emoción que al público le ha encantado.

–¿Cómo se consigue un éxito de estas características con un compositor prácticamente desconocido?

–El secreto está en la calidad de la música; si es alta, toca el alma de la gente. Es cierto que un compositor también necesita de un intérprete. Incluso cualquier obra genial de Mozart, si es mal interpretada, sufriría mucho, aunque Mozart ganará siempre (se ríe).

–También es importante cómo se vende o se comunica ese hallazgo y usted se ha aliado para esto con las nuevas tecnologías, ofreciendo incluso una «app».

–El mundo va hacia adelante y necesitamos un público joven. Cómo puede continuar la música de Mozart, Wagner y Verdi si no existe ese público.

–Algunos artistas y músicos ya utilizan incluso tablets para leer la partitura. ¿Usted estudia ya con este tipo de soportes?

–No, Lang Lang y Yuja Wang lo hacen, pero a mí me da un poco de miedo que se quede sin batería… Además, yo normalmente canto de memoria.

–¿Alguna vez en sus comienzos imaginó que llegaría tan lejos, que se convertiría en una estrella?

–No me lo imaginaba. Lo de dedicarme a algo relacionado con la música sí, porque procedo de una familia de músicos. Además de cantar me gustaba bailar flamenco, de hecho estaba en un grupo semiprofesional. Mi profesora se llamaba Isabel Fernández. Mi gran pasión también fue el flamenco. Pero nunca me pude imaginar que iba a hacer una carrera como la que he hecho. Por una parte es bueno, porque cuando te pones unas expectativas muy altas es muy fácil que te sientas frustrado. Yen Roma yo vivía el día a día. Cuando mi carrera comenzó a despegar me puse muy contenta, pero también sentí miedo porque no sabía qué iba a pasar con mis amigos. Tenía que cuidar la voz. Fue un poco duro el tema de la disciplina. Recuerdo que tenía un scooter que me gustaba mucho, pero como salía con el pelo mojado de las clases de flamenco, no era muy coveniente y tuve que dejar de usarlo. Finito.

–Admirada y querida internacionalmente, ¿se siente profeta en su país?

–Nadie es profeta en su tierra, pero en Roma soy completamente amada. Lo que sucedió en la Scala es la historia que se repite. Yo amo a mi país, donde hay de Caravaggio a bunga bunga. Vivir en Italia es difícil, pero vivir sin Italia es imposible.

En Suiza, por amor

Aunque nacida en Roma, Cecilia Bartoli vive en Zúrich desde hace décadas. La mezzosoprano confiesa que el motivo que le llevó a instalarse en Suiza fue «el amor. Mi marido es suizo». Pareja desde hace años del barítono Oliver Widmer, contrajeron matrimonio en 2011. «Además de mi casa, Zúrich también es mi casa operística —añade—. Su teatro de ópera me ha permitido hacer otras cosas nuevas y diferentes. Yel tamaño es perfecto para hacer barroco, un estilo que es más íntimo», asegura. En él ha desarrollado y sigue haciéndolo gran parte de su carrera operística —lo que le permite compartir escenario en ocasiones con Widmer—. «También canto en Viena». Sin embargo, la actividad operística no es prioritaria para Bartoli, su presencia se limita a dos producciones al año. «Una nueva producción significa reservar dos meses en tu agenda y esta temporada voy a hacer ya Comte de Ory (en Viena) y Norma (Salzburgo). Ya son cuatro meses bloqueados».