María Elisa Flushing

María Elisa Flushing

Escrito por: María Elisa Flushing

En alguna parte del mundo, durante los últimos treinta años,  se ha representado al menos una vez al día Carmina Burana. Con más de 300 grabaciones, superando incluso la Quinta Sinfonía de Beethoven, la popular pieza de Carl Orff se ha utilizando en infinidad de comerciales y películas. Fue compuesta en 1936 y estrenada exitosamente en 1937.

CARMINA BURANA Vol. 1. Philip Pickett Carl Orff

La cantata está basada en textos medievales conocidos con el mismo nombre de Carmina Burana, que no significa otra cosa que “Canciones de Beuern” por el monasterio de Beuern (cerca de Munich) donde fueron encontrados a principios del siglo XIX una serie de más de 200 poemas y textos dramáticos y satíricos escritos por goliardos (clérigos errantes que llevaban una vida algo descarriada) en los siglos XI y XII. La temática tratada en ellos es de carácter profano: canciones de amor (no del platónico), elogios a la bebida y burla al poder eclesiástico. Orff escogió 25 de estos cantos y compuso su famosa pieza para orquesta (con amplia sección de percusión), tres solistas (soprano, tenor y barítono) y un coro.Carl Orff no fue realmente un miembro activo del partido nazi, pero no tuvo reparos en aceptar componer, a diferencia de otros músicos como Richard Strauss, una nueva partitura para “Sueños de una noche de verano” cuando fue prohibida la versión del “judío” Félix Mendelssohn.  Para ganarse la vida, diseñó un sistema para la enseñanza de la música que trató de vender a través de su amigo cercano  Baldur von Schirach (líder de las Juventudes Hitlerianas y criminal de guerra). El favor y la admiración de la dirigencia nazi se evidencian en los elogiosos comentarios de Goebbels, figura clave del Tercer Reich y amigo íntimo de Hitler, luego del estreno de Carmina Burana en La Opera de Frankfurt. A partir de ese momento se convirtió en la pieza más representada en la Alemania nazi y considerada ejemplo de lo que debería ser la música alemana.

En 1945 fue arrestado y, por una extraordinaria casualidad, el oficial norteamericano que lo interrogó, resultó ser un estudiante de música que naturalmente sabía quién era Orff. Se le pidió proporcionara pruebas para desmentir su aparente colaboración con el régimen y descaradamente mintió al inventar una historia sobre su participación en el grupo de resistencia anti-nazi “La Rosa Blanca”, organizado por su amigo Kurt Huber, un profesor de música que trabajó con él en la traducción a un latín culto de los textos originales de Carmina Burana. La realidad es que nunca participó en el movimiento. Más aún, cuando Huber fue arrestado y su esposa le rogó que intercediera para salvarlo, Orff simplemente respondió: “me arruinaría”.  Mintió también al asegurar que el partido nazi había odiado a Carmina Burana. El oficial norteamericano quedó satisfecho y Orff salvó su vida. Lo que no tuvo en los años posteriores fueron sueños placenteros; su tercera esposa da cuenta de las innumerables noches de pesadilla de Orff en las que despertaba gritando, y al preguntarle qué lo había perturbado, él respondía: “he visto al diablo”.

Tal vez los primeros versos de Carmina Burana resumen la complejidad y tragedia de su creador: “Oh Fortuna, variable como la luna, como ella creces sin cesar, o desapareces”