Aprovechamos la visita del Maestro Carlos Riazuelo a Venezuela, a propósito de una serie de presentaciones en la capital, para conversar sobre su vida profesional, sus gustos y esa pasión tan grande que siente por la música y la vida en sí misma. Con batuta en mano, toda su energía está volcada en una agenda colmada de actividades durante este año y el próximo, que incluye el estreno mundial de un concierto para piano y orquesta de Serguéi Prokófiev en Baton Rouge, Louisiana, donde actualmente reside. Va a ser un acontecimiento histórico, pues la presentación de esta obra reconstruida contará con la presencia de Gabriel Prokófiev, nieto del compositor. Venezuela Sinfónica como noticiero digital líder no le pierde el rastro al Maestro Riazuelo, toda una institución para quienes valoran su trayectoria artística.

Evelyn Navas Abdulkadir, Entrevista Exclusiva para Venezuela Sinfónica.

Carlos Riazuelo desde el año 2009 vive en Baton Rouge, capital de Louisiana, donde ejerce como profesor de Dirección y Director de Orquestas en la reconocida

Louisiana State University. Su batuta vive de avión en avión, como una peregrina que le lleva por varios continentes, a donde su respuesta creativa frente a una partitura le exija presencia. Es así como regresa a nuestro país para cumplir diversos compromisos con las orquestas sinfónicas más importantes, que lo reclaman con cariño y admiración, a sabiendas que seguro el público responderá a la convocatoria, pues es conocido que Riazuelo disfruta de una reputación que llena salas de concierto.

Carlos Riazuelo es hijo de inmigrantes españoles. Nacido en Puerto Cabello, Estado Carabobo, se inicia en la música de la mano de su padre, Ángel Riazuelo, quien cuando era un niño pequeño lo introdujo en este mundo musical con un acordeón. Desde entonces, se interesó por aprender y continúa estudios con profesores como Ángel Sauce, Juan Bautista Plaza, Emil Friedman, Mario García, Olaf Ilzins, Alberto Flamini y José Francisco del Castillo, entre otros. Nombres que marcaron la historia musical de nuestro país.

A los 23 años cumplió su sueño de quinceañero –hacía tiempo que empuñaba la batuta con la voluntad de seguir el camino de la dirección orquestal, emulando a su padre, quien fuera director de coros- y subió al podio de director al frente de la Orquesta de Cámara de la Universidad de Carabobo. Después de asistir a varios cursos de Dirección Orquestal dictados por Franco Ferrara en Siena y Venecia, y George Hurst en Canford, Inglaterra, culmina sus estudios de perfeccionamiento en el Guildhall School of Music and Drama de Londres, recibiendo al graduarse el premio de la editorial Ricordi, otorgado por su destacado desempeño, especialmente en el área de la dirección de ópera.

La trayectoria del Maestro Riazuelo es estelar. Se le recuerda como Director Artístico de la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas y es muy destacado como director de Ópera, pues bajo su batuta ésta adquiere mayor brillo y solidez artística.

Feliz de regresar siempre a su patria, accedió con gusto a conversar con Venezuela Sinfónica y a revelarnos mucho más sobre su visión acerca de la vida y la música.

VS: ¿Qué se siente cuando está al frente de la orquesta, ya sea en un ensayo o en concierto?

CR: “En mi caso el deseo de estar frente a la orquesta surge del contacto con la partitura de una obra que me entusiasma, que me crea el deseo de convertir esos signos en ese maravilloso sonido que produce una orquesta al ejecutar una gran obra musical. Estar frente a la orquesta es una consecuencia y no una causa. El origen de todo es una obra musical”.

VS:    ¿Qué le atrae de la música académica, de los grandes clásicos y de los compositores latinoamericanos?

CR: “Creo que Duke Ellington decía que no había música popular o música clásica, había buena música y mala música. Naturalmente, queda el problema de definir una y otra cosa. Para mí el atractivo de las ‘grandes’ obras clásicas es la combinación del elemento mágico llamado inspiración, con la creación de una estructura sonora de una cierta complejidad, dimensión e inteligibilidad. Es absolutamente maravilloso ver la construcción que los grandes compositores crean alrededor de sus ideas para hacerlas grandes obras, y no necesariamente grandes porque son muy largas. En cuanto a los compositores latinoamericanos que conozco, admiro la originalidad del lenguaje al incorporar de distintas maneras ‘lo nuestro’ en sus obras. Yo no soy compositor, pero personalmente creo que desde Beethoven, más o menos, los compositores no escriben para sus amigos o sus paisanos. Pienso que escriben para expresar y compartir su sensibilidad con ‘el público’, y no con ‘un público’ específico. El elemento ‘latinoamericano’ forma parte inevitable de su sensibilidad musical, pero no como un elemento limitativo”.

VS: ¿Cuáles son las obras de compositores venezolanos que le agradan?

CR: “¡Muchos! Aunque reconozco una deuda con ese repertorio. He dedicado la mayor parte de mi esfuerzo y aprendizaje a tratar de asimilar una forma de hacer música que amo, pero que no me es idiomática, como es el gran repertorio centroeuropeo. Es una deuda que estoy comenzando a saldar poco a poco”.

VS: ¿Cómo apoya al movimiento de compositores latinos actualmente? ¿Presenta sus obras, las recomienda?

CR: “Como director artístico de la Sinfónica de Caracas por muchos años traté de dar cabida a la mayor variedad de repertorio de todo tipo. Mi actividad de profesor de dirección desde hace unos años me ha permitido hacer que mis alumnos estudien y dirijan también repertorio variado aunque, como digo más arriba, me siento en deuda con ese repertorio”.

VS: En su etapa formativa, ¿Qué tipo de música se oía en casa? ¿Qué tipo de música popular le gusta?

CR: “Yo tuve mi primer tocadiscos cuando me casé, muy joven. En mi casa paterna no se escuchaba mucha música clásica, más bien la música popular que escuchaba por radio mi hermana mayor, Martha. Después mis hijos me pusieron (y me siguen poniendo) en contacto con la música popular del momento. Yo hago mías dos frases que escuché en vivo de dos artistas: la primera se la escuché a Uslar Pietri en uno de sus programas. ‘Un pintor no es una persona que le gustan los cuadros, es una persona que siente que quiere decir algo a través de la pintura’. Yo creo que eso se aplica también a un músico. Ciertamente creo que se aplica a mí mismo. Y la otra se la escuché al gran tenor Alfredo Kraus: ‘Yo no oigo música sino cuando estoy trabajando’. Esto quiere decir lo mismo que dije antes: para mí la música no es una distracción, es toda mi vida profesional desde niño. Eso no quiere decir que no escucho música, pero no para distraerme. Escucho música para conocer a un nuevo compositor o un nuevo (o viejo) director de orquesta, para estar informado o para informar a mis alumnos, aprovechando las increíbles facilidades modernas de YouTube o Internet”.

VS: ¿Recuerda el primer concierto con público y qué repertorio interpretó? ¿Qué significación tuvo a nivel emocional?

CR: “Fue en el Teatro Municipal de Caracas sentado en ‘gallinero’, la Cantata Criolla dirigida por el mismo Antonio Estévez con la Orquesta Sinfónica de Venezuela (OSV). ¡Inolvidable!”.

VS: ¿Qué otros intereses aparte de la música tuvo durante su etapa formativa?

CR: “Aparte de jugar futbolín en el bar frente a mi casa, mi padre me hizo leer una cantidad de clásicos: la Biblia, el Nuevo Testamento, el Quijote, Alejandro Dumas, Víctor Hugo, Máximo Gorki, las obras completas de Rómulo Gallegos, Gustavo Adolfo Bécquer, la mayoría de las obras teatrales de Shakespeare. En fin, un menú bastante ecléctico. Aún aprecio leer los libros de prosa y poemas de Mario Benedetti, artista que adoro como escritor y como hombre. En este preciso momento estoy trabajando tres programas sinfónicos a la vez, así que no tengo mucho tiempo y aprovecho la versatilidad del formato MP3 para llevar material en el teléfono o la computadora sin que me ocupe espacio”.

VS: La fama no le llegó fortuitamente, ¿cuánto hay de suerte y cuánto de empeño y sacrificio para lograr el éxito?

CR: “Eso de la fama no lo sé. Creo que he tenido la suerte de poder trabajar sostenidamente por un cierto número de años tratando siempre de mejorar. Creo que el elemento suerte es inevitable, pero contar con él sin trabajar muy duro, ¡muy duro!, es muy peligroso. No creo que nadie -¡nadie!- que veamos como exitoso ha llegado a donde lo vemos sin trabajar mucho -¡mucho!- más que los que no llegan al mismo sitio, suerte o no suerte, talento no talento. Recuerdo un alumno que me citó una frase aparentemente del gran deportista Michael Jordan: ‘Mientras más practico más me felicitan por mi suerte’”.

VS: ¿Cuál fue la experiencia más cautivadora que haya vivido en un escenario?

CR: “¡Muchas! De verdad. He sido muy afortunado. Tal vez la primera vez que hice la Novena de Beethoven y se llenó el Aula Magna de la UCV de bote en bote, incluyendo gente sentada en los pasillos y al borde del foso. Eso fue increíble”.

VS: ¿Qué sueños le faltan aún por cumplir?

CR: “Poder seguir disfrutando de mi familia, de mis amigos y de mi profesión lo más posible. En ese orden”.

VS: ¿Le gusta la tecnología o es de los que prefiere el cara a cara, el contacto en persona? ¿Qué piensa del papel de las redes sociales en el desarrollo de los músicos de hoy, como una ventana de exhibición de la labor que cumplen?

CR: “Me encanta la tecnología. Adoro las redes sociales. Soy fan de Facebook, YouTube, Messenger, Whatsapp, todo eso”.

VS: Con la actual situación actual del país, ¿Cómo ve el futuro musical de Venezuela? ¿Es Venezuela una potencia musical en el continente y en el mundo? ¿Qué retos tiene la juventud musical por enfrentar? ¿Qué consejos les daría?

CR: “Yo veo la situación musical del país con enorme orgullo y alegría. Al vivir fuera siento constantemente el respeto que ser músico venezolano inspira en extranjeros cuando lo digo. Creo obvio que Venezuela es hoy en día una referencia musical. Gustavo Dudamel, por mencionar un ejemplo particularmente obvio y conocido, es la medida con la que se compara actualmente a cualquier joven director de orquesta en el mundo. Esto  para mí es un hecho, no mi opinión, y es un orgullo”.

VS: ¿Qué significa para usted la Ópera? ¿Cuáles son sus óperas favoritas? ¿Cuáles sueña con dirigir y con qué orquesta le gustaría hacerlo? 

CR: “La ópera es mi pasión, sin duda. La ópera o inspira pasión o inspira indiferencia, creo que no hay términos medios allí. Me gustan todas las óperas italianas famosas. Es el repertorio que me es más familiar: Rossini (¡maravilloso!), Donizetti, Verdi (¿a quién no le gusta Verdi?), Puccini (¿a quién no le gusta Puccini?). Me encanta dirigir cualquier ópera que tenga melodías reconocibles”.

VS: ¿Qué visión tiene de la Ópera en la actualidad y de la música clásica en general? ¿Cómo se puede llegar a conquistar a las audiencias más juveniles y presentarles soluciones más llamativas de mercadeo y branding para que puedan llenar las salas de concierto?

CR: “Créeme que no tengo una respuesta para esa batería de muy importantes preguntas que me haces. Creo que hay varias respuestas posibles. Lo que sí quiero poderte decir es que desde hace ya un tiempo he decidido no compartir un cierto sentido de angustia e histeria por responderlas que percibo a mi alrededor. Creo que los ‘problemas’ de la música clásica que se tienden a generalizar son causados por circunstancias que precisamente no se pueden generalizar. Me parece que cuando he investigado las razones por las cuales algunas instituciones artísticas entran en problemas se ha debido a causas diversas y en general, perfectamente comprensibles: mala administración en la mayoría de los casos, y no un problema de fondo con el arte o la música. Es mi modesta opinión”.

Finalmente, el maestro Carlos Riazuelo confiesa que está encantado de trabajar con los músicos venezolanos: “Porque respondo al mismo tipo de personalidad social y cultural, o eso creo. Soy venezolano. Ahora, profesionalmente, un buen músico es un buen músico sea de donde sea, y generalmente se establece una comunicación instantánea. Así que estoy muy feliz de estar nuevamente acá”.

Carlos Riazuelo

Está establecido como uno de los más destacados directores de Latinoamérica, acreedor de amplio reconocimiento crítico por sus notables interpretaciones del repertorio más variado. Nacido en Puerto Cabello, Venezuela, hijo de inmigrantes españoles, se inicia en la música con su padre, Angel Riazuelo, y realiza la mayoría de sus estudios de música en Caracas, con profesores de la talla de Angel Sauce, Juan Bautista Plaza, Emil Friedman, Mario García, Olaf Ilzins, Alberto Flamini y José Francisco del Castillo, entre otros. Su primer nombramiento como Director es a los 23 años, al frente de la Orquesta de Cámara de la Universidad de Carabobo. Después de asistir a varios cursos de Dirección Orquestal dictados por Franco Ferrara en Siena y Venecia, y George Hurst en Canford, Inglaterra, culmina sus estudios de perfeccionamiento en el Guildhall School of Music and Drama de Londres, recibiendo al graduarse el premio de la editorial Ricordi, otorgado por su destacado desempeño especialmente en el área de la dirección de ópera.

A su regreso de Europa, además de su trabajo en la Universidad de Carabobo, comenzó como director del Núcleo del Distrito Federal y director invitado del Núcleo de Aragua (hoy Orquesta Sinfónica de Aragua) dentro del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela. En 1980, fue nombrado Director Artístico de la recién fundada Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas, con la cual trabajó hasta el año 2002 en forma casi ininterrumpida, realizando una vasta labor de divulgación en todos los estratos socioeconómicos de Caracas y en los más variados escenarios, tradicionales y populares, llevándola a consolidarse como una de las mejores orquestas de Latinoamérica. Ha tenido la satisfacción de actuar con solistas de la talla de Henryk Szeryng, Janos Starker, Nicanor Zabaleta, Gyorgy Sandor, Yuri Bashmet, Kolia Blacher, Susan Starr, Joaquín Achúcarro, Michala Petri, Frans Helmerson, Agustín Dumay, Jose Feghali, Joshua Bell, Viktoria Jagling, Philip Myers, Gerard Caussée, Guillermo González, Stoika Milanova. Entre los cantantes Alfredo Kraus, Ruggero Raimondi, Samuel Ramey, Chris Merritt, Giacomo Aragall, Martine Doupouy, Susan Hinshaw, Carol Neblett, Justino Díaz, Peter Kelen, Stefka Evstatieva, Lando Bartolini, Paul Plishka, Christine Weidinger, Eugenia Grunewald, June Anderson, Dmitri Hvorostovsky.

En Venezuela es invitado frecuente de otras orquestas del país. Después de una primera experiencia con el concierto para violín de Beethoven, fue directamente escogido por el gran violinista Henryk Szeryng para acompañarle en su último concierto en Venezuela. Ha participado en varias Temporadas de Ópera en Caracas dirigiendo Tosca, Bohème, Butterfly, Traviata, Norma, Don Giovanni, Cenerentola, Dido y Eneas, Don Pasquale, Sonnambula, Capuletti y Montecchi, Elisir d’amore y Trovatore, entre otras, y ha comenzado asimismo una ascendente carrera internacional, con exitosas actuaciones en México, España, EUA, Bélgica, Italia, Alemania, Colombia, Bulgaria, Francia y Polonia.

Ha grabado discos compactos con obras de compositores venezolanos, otro con obras de Leonard Bernstein (Danzas de “West Side Story”) y Serge Prokofieff (Selecciones del ballet “Romeo y Julieta”) y uno en España con la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria y el famoso tenor Alfredo Kraus (Alfredo Kraus, Con el corazón). A raíz de esta grabación fue invitado nuevamente por el gran cantante para efectuar un concierto en Las Palmas, ante más de 9.000 personas, con la asistencia del Rey de España y televisado a toda la península Ibérica. Además produjo y realizó durante dos años una serie de programas divulgativos con la Sinfónica Municipal en la televisión venezolana. Como único director latinoamericano invitado por el gran maestro mexicano Eduardo Mata, hizo su debut con gran éxito ante la Orquesta Sinfónica de Dallas. Por recomendación del maestro Kurt Masur debutó asimismo con la Orquesta Filarmónica de Jena y la Orquesta Filarmónica de Dresde. Actualmente tiene invitaciones para presentarse en Norte y Suramérica, y Europa.

Se estableció en Madrid entre 1998 y 2005, realizando presentaciones con la Orquesta de la Comunidad de Madrid, el Teatro “La Zarzuela”, la Orquesta de Córdoba, la Orquesta Sinfónica de Galicia, la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, la Orquesta Ciudad de Málaga, la Orquesta Filarmónica de la Universidad de Valencia, además de la Orquesta de Cámara de Toulouse, en Francia, y la Orquesta de Cámara de Elche. Debutó en Madrid con la Orquesta Sinfónica de la Comunidad de Madrid (21/10/2001), recibiendo la aclamación del público y de la crítica.

Entre septiembre de 2005 y mayo 2009 trabajó como Jefe de Estudios Orquestales y del Departamento de Cuerdas en la Universidad Internacional de Florida (Florida Intrernational University) en Miami. A partir de agosto de 2009 inicia una nueva etapa como Profesor de Dirección y Director de Orquestas en la reconocida universidad Louisiana State University en Baton Rouge, Louisiana, Estados Unidos de América, mientras continúa su actividad como director huésped en varios países.