Más de un centenar de personas tuvo que quedarse fuera de la sala de conferencias del Centro de la Diversidad Cultural cuando el Solo de Pajarillo de Omar Acosta comenzó a sonar detrás del escenario, a las 20:15 horas del jueves 26 de mayo.

Un aforo pleno disfrutó del repertorio propio del flautista, que se paseó por palos flamencos como las alegrías y las verdiales hasta la más típica música de Venezuela, para esperar el virtuosismo de Jorge Glem, Héctor Molina y Edward Ramírez y su C4 Trío.

Vía:  elvenezolanodemadrid.com/ Por Tomás Ramírez González

Un canto de ordeño abrió paso a Jesús “Pingüino” González, que entró en escena con su guitarra Manuel Rodríguez. Escondiendo sus ojos detrás de las gafas de pasta multicolor, y apretando los labios con cada nota, el maestro acompañó soberbiamente a otro monstruo de la música como Acosta, quien se valió de su flauta tenor para emular las melodías labriegas de los llanos venezolanos.

Un hermoso vals dedicado a Lucía conmovió a los presentes e hizo que un par de ojitos se asomaran por detrás del escenario. Eran los de la pequeña hija de Acosta, que escuchaba la melodía desde el fondo.

Sevillanas Criollas, una pieza que mezcló este palo bailable del flamenco con el pasaje venezolano, despidió, de momento, al flautista que fue acompañado también por el guitarrista del Ballet Nacional de España, Enrique Bermúdez, y la bailaora Nuria Cazorla.

El milagro del cuatro

Pocas veces, por no escribir nunca antes, el auditorio del centro cultural ubicado en la calle Hermosilla había dado una ovación de pie tan grande como la que recibió el trío venezolano. ¿El virtuosismo? ¿La interpretación? ¿Los temas? ¿El cuatro? ¿La nostalgia? Quizás ha sido una suma de todo lo que ha hecho que hasta el mismo embajador Mario Isea dejara a un lado el protocolo, y se levantara de su asiento tras la presentación de los chicos.

Zumbacumlaude, Receita de Samba e Isn´t She Lovely emocionaron a los presentes antes de que “Pingüino” y Acosta volvieran a tomar sus instrumentos, esta vez para acompañar a C4 Trío.

El sabroso merengue compuesto por el mismo Acosta treinta años atrás: El Cucacarachero, el vals rápido El Diablo Suelto y el mundialmente famoso vals Nº3 (Natalia) fueron parte del repertorio conjunto de los virtuosos.

En la última fase del concierto se mostraron las composiciones de los integrantes del trío criollo. Edward, junto a sus compañeros, ejecutó un vals que también compuso a su hijo de meses. “Cuando duerme se echa unas carcajadas y sigue durmiendo después de eso”, de ahí el título de la canción, “Vals Risueño”.

Tras el éxtasis y la calma, llegó la tormenta de Jorge Glem y su tema de raíces afrolatinas, para mover a más de uno de su asiento. Para la interpretación de esta canción llamaron de nuevo al escenario a Enrique Bermúdez en lo que se convirtió en una verdadera rumba flamenca que inevitablemente hizo evocar la Entre Dos Aguas del inmortal Paco de Lucía.

Luego de contagiar al público con la energía y el amor que transmite A Mis Hermanos, de Aquiles Báez, el espectáculo cerró con un joropo, como no podía ser de otra manera. Durante la Periquera con Seis por Derecho se pudo apreciar todo el talento de los muchachos en sus diferentes estilos. Héctor Molina ejecutó un monumental solo basado en el rasgueo más tradicional del cuatro venezolano. Edward Ramírez demostró una vez más sus dotes al puntear el instrumento como si se tratase de un arpa del centro de Venezuela, y Glem, tras lucirse con el rasgueo y una muestra percutiva alucinante, hizo una base rítmica muy salsera, ayudado con una pedalera, para seguir la rumba del tema antes mencionado.

“El Centro de la Diversidad Cultural, punta de lanza cultural de Venezuela en el exterior, debe seguir creciendo. Es necesario que se siga haciendo y escuchando música de nuestro país fuera de nuestras fronteras. Eso nos hace mejores seres humanos”, expresó Jorge tras recibir la ovación del público.

Detrás de los muchachos, un fondo en el que se podía leer Venezuela, en letras blancas sobre un panel azul, sustituyó un símbolo político que suele predisponer la vista del que entra en el auditorio. No sabemos si el cambio en la decoración ha sido una medida temporal o si será parte del milagro que el cuatro, en manos de Jorge, Edward y Héctor, está haciendo en Europa y en el mundo.