En su primera visita a la Ciudad de México, la trompetista holandesa charló con Excélsior de su papel musical dentro de los ritmos afrolatinos

Vía: www.excelsior.com.mx | Por VÍCTOR MANUEL TORRES

Sucede que no es común ver a alguien así incendiando la tarima con su música. Holandesa, 36 años, rubia pelicorto, esbelta, parece una modelo; hoy vive en Medellín y comparte su vida con un “paisa”. Ha grabado tres discos (uno de ellos, Déjame así, fue nominado al Grammy Latino) y es considerada una de las mejores trompetistas de la música afroantillana. Maite Hontelé estuvo en la capital mexicana y charló con Excélsior, en perfecto español “aprendido en la calle”, acerca de sus pasiones artísticas, el coleccionismo musical de su padre, su liderazgo sobre el escenario y de cuánto admiró y quiso emular al trompetista cubano Alfredo Armenteros, el famoso Chocolate, quien falleció el pasado 6 de enero.

Para abrir boca, concede participar en un ejercicio de imaginación, en el que ella asiste a un concierto en cualquier urbe latina. Asegura, primero en broma, que si ella contemplara como público a una extranjera rubia, liderando sobre el escenario a un grupo de músicos latinos, pensaría que “¡eso no puede ser! ¡Es un insulto para la raza latina!”. Luego en serio: “Pero no, no, es todo lo contrario. Yo pensaría en alguien que está rompiendo límites, quebrando ideas. Siento que lo que soy a veces es una desventaja. Puede ser que viene una rubia tocando la trompeta y entonces la salsa ‘no puede sonar bien’, pero esa desventaja se vuelve ventaja en el momento en que me escuchan, porque he estudiado la música y es real lo que estoy tocando, no es una farsa. El público sabe.”

¿Qué factores fueron determinantes para que una trompetista holandesa, de Conservatorio, arribara a los ritmos caribeños? Primero, mi papá es un gran coleccionista musical y en casa ponía esa música, así que crecí con ello. Segundo, mi papá se mudó a España y el contacto que mantuvimos fue también a través de la música: él me mandaba cassettes, entonces esa música se tornó en algo muy importante, profundo emocionalmente. No sólo decía: “¡qué bonita música” sino que también hay sentimientos de una niña que anhela a su papá. Eso me ha ayudado porque si la música está tan dentro de ti en emociones que se convierte en una fuente de inspiración siempre.

¿Y cómo habla tan bien español? Es de calle. Yo me metí en unos cursos chiquitos para profundizar un poco, pero generalmente es porque amo el lenguaje, amo los idiomas y mi papá vivió muchos años en España. Visitándolo cada vez, me enseñaba un par de palabras; también aprendí por la salsa y sus letras… y mi esposo es paisa.

Si bien su papá y su abuelo le transmitieron el amor por la música, para tocar los ritmos afrocaribeños se necesita un feeling  especial. ¿Cómo lo adquirió? Yo creo que eso es cuestión de escuchar mucho esa música, no sé si el sabor ya está en el cuerpo, toco salsa desde los 14 años. Cuando me dieron esa trompeta empecé a poner salsa y a tocar encima; yo quería sentir que estaba tocando como en Puerto Rico.

Dice que le dieron la trompeta, no la pidió. La banda del pueblo necesitaba trompetista. Yo nunca escogí el instrumento. Estaban incluso reclutando en el colegio y yo dije: “dame una maletica de esas”. La llevé a la casa y ya desde ahí empecé a soñar con tocar salsa.

Las referencias musicales

Escuchar el sonido diáfano que sale de la trompeta de Hontelé remite a los grandes intérpretes del instrumento: Gillespie, Miles Davis, Fats Navarro, por mencionar a algunas estrellas, pero sobre todo a Arturo Sandoval, Luis PericoOrtiz, Víctor Paz, Mario Ortiz y a Alfredo Chocolate Armenteros.

¿Cuál cree que sea su mayor virtud como trompetista y qué le falta por aprender? Yo creo que mi virtud es transmitir a través de melodías, trato de “hablar” con la trompeta. En el conservatorio siempre me enfocaba en el sonido, un sonido grande, pleno; la dicción, podría decirse: en cómo puedes decir, cómo puedes hablar, con qué acentos.

¿Y alcanzar tonos altos? No me he enfocado tanto en pitar muy arriba, no me vas escuchar hacerlo, no soy capaz de hacerlo y no me importa. Obviamente sigo estudiando mucha técnica, trato de abrir mi rango un poquito, pero estoy muy feliz con mi voz.

Hay trompetistas de la salsa, como Héctor Colón y John Walsh, cuyos tonos altos parecen aguijonear el oído de quien escucha. En cambio el rango suyo es más redondo, transparente; no pica como abeja. Claro, ellos tienen otra función; yo tengo la función casi de un septeto cubano, donde la trompeta es solista. Ellos tocan en secciones y eso quiere decir que se requiere otro rango. A mí me llaman para tocar en secciones, pero ya no lo hago; a veces tocaba segunda o tercera trompeta, pero no primera. Para ser primera trompeta tienes que tener un rango muy grande. Más bien me he enfocado en tocar muy afinado, me concentro en la técnica.

¿Se considera una virtuosa? Hay gente que dice que lo soy, pero no soy virtuosa. Me he enfocado más bien en pulir la técnica, lograr un sonido agradable, que te llega, una dulzura. Mis ejemplos son Chocolate Armenteros, Félix Chappottín, Jesús Alemany, Julito Padrón. Lo que más me gusta es cuando tocan en ese registro. Arturo Sandoval, que pita como ninguno, me gusta mucho más cuando el toca dos octavas pa’ abajo, porque ahí sí me llega. A mí no me llegan esas notas de ahí arriba, ese virtuosismo no me conmueve el corazón.

Los 300

Trescientos escuchas. Esos cupimos en el minúsculo Foro Bizarro (Yucatán esquina Álvaro Obregón, colonia Roma), que acogió a Maite Hontelé,  acompañada en su primera visita a la Ciudad de México por el septeto del trompetista cubano Yoanny Pino. Apenas tocó los primeros acordes de su trompeta y  Hontelé ya se había ganado al público apretujado, pero contento. Los 300 teníamos altas expectativas y éstas fueron cumplidas en gran medida gracias al virtuosismo y simpatía de la holandesa, no tanto por el repertorio.