Vía: ElUniversal.com | JONATHAN REVERÓN

El Festival de Juventudes, en honor a José Antonio Abreu, presenta hasta hoy en el Centro de Acción Social por la Música las sinfonías de la No. 1 a la No. 6 de Beethoven. El evento concluirá los días 23, 24 y 25 de este mes con las sinfonías No. 7, 8 y 9, dirigidas por Gustavo Dudamel.
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Abre la puerta de su oficina ya despabilado. “Estaba haciendo una siesta de veinte minutos”. Sobre la mesa del escritorio de Gustavo Dudamel están los restos del almuerzo inmediatamente sustituidos por una taza de café. Las paredes están recién pintadas de blanco y sobre ellas guindan fotografías enmarcadas, menos una, que por su dimensión tiene que descansar sobre un enorme caballete, se trata de un collage de fotografías de la última visita de Simon Rattle a Venezuela. Dudamel moja una palmerita en el café mientras alguien le comenta que vino más delgado, “estoy corriendo”. El director barquisimetano acaba de realizar una extensa gira con la Filarmónica de Los Angeles por China, posterioremente regresó a Los Angeles para celebrar los cuatro años de su hijo Martín y darle una sorpresa a Engracia, su abuela, que este mismo mes cumplió ochenta años.

Acerca para sí una partitura versión libro de bolsillo con la segunda sinfonía de Beethoven. El viernes la interpretó como parte del programa inaugural del Festival de Juventudes Bancaribe, donde dirigirá las nueve sinfonías de un músico tan atormentado que logró transformar su profundo sufrimiento en la develación de enigmas, tragedias y alegorías: los misterios del universo cifrados en la música.

-¿Cómo se encuentra el maestro José Antonio Abreu?

-Viene hoy para la sede. Sabes, el Maestro es un hombre que nunca supo lo que es el descanso, eso es lo que tiene. A su edad está aprendiendo a descansar.

-¿De dónde viene la idea de que este festival sea puro Beethoven?

-Nosotros siempre hemos hecho festivales Beethoven pero de manera aislada. Eran más abiertos, conciertos para piano, violín, oberturas, sonatas. En este caso nos enfocamos sólo en las sinfonías. Las estamos haciendo en orden cronológico. Normalmente se presentan desorganizadas para poder terminar esos programas con sus sinfonías más conocidas. Lo hicimos así para asumir el reto de interpretar dos sinfonías por día. Además las estamos grabando. Beethoven tiene un poder implícito en su música: retar al hombre. Imagínate la sensación para un músico de perder su mayor talento: escuchar. Su genio siempre será abrumador e incomprensible.

-No es la primera vez que se enfrentas a una de estas partituras en sus 25 años de carrera musical. Su primera partitura como director es la quinta sinfonía.

-Era una edición de color vinotinto con su cara de mal genio impresa en la portada.

-Pero sí es la primera vez que la hace una tras otra.

-Correcto. Yo le dije a los muchachos desde el primer día que esto era una locura.

-¿Más que hacer dos veces todas las sinfonías de Mahler?

-Eso no fue una locura. Eso fue demencial.

-¿Qué busca con estas escaladas?

-Nos nivelan, nos ubican. Deja saber en qué punto estamos como orquesta. Beethoven es redescubrirte.

-¿Cuál cree que es la gran resolución en torno a la obra de Beethoven?

-La complejidad humana. Somos un misterio, no nos descubrimos. Beethoven nos da un libro de sabiduría. Sus sinfonías nos dejan herramientas para internalizar y descifrar. Con su música interpretó el misterio del ser humano.

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