L.R. / Las Palmas de Gran Canaria

Es la primera vez que la soprano Isabel Álvarez hace jazz. Curtida en la música clásica y, en concreto, en la música antigua, la cantante se unió al clarinetista y saxofonista Andreas Prittwitz y al pianista Iñaki Salvador para interpretar, bajo otro prisma, obras de Frescobaldi, Debussy o Monteverdi. El resultado es Beau Soir.
 ‘Beau soir’, el jazz recupera la improvisación del barroco

‘Beau soir’, el jazz recupera la improvisación del barroco

Es la primera vez que hago jazz y creo que soy la más respetuosa con lo original, pero intenté no parecer demasiado clásica porque si no pareces el típico cantante de ópera que canta el himno de un equipo de fútbol, y no digo nada», bromea Isabel Álvarez. Por eso, continuó, «no se puede ser tan estricto. Al contrario, tienes que formar parte del grupo que está sonando», añade. Y el grupo suena ¿a jazz? a ¿clásica? Es difícil definirlo, pero el resultado, bautizado como Beau Soir, gusta.

«Yo tampoco sé cómo como definirlo, aunque a estas cosas siempre se les pone nombre. Sí hay algo curioso que me ha pasado al comentarme una decena de personas el disco. Me decían que les gustaba todo, pero resaltaban una obra entre todas, y cada uno me dijo un tema diferente. Es como si hubiera para todos. No seé para qué gente está hecho el disco, pero esos comentarios son bastante satisfactorios», apunta la soprano.

De hecho, explica, ha sido fácil dotar a la música clásica seleccionada para este disco del aire jazzístico. «En la música antigua, la del primer Barroco,  casi todo es improvisado. Se escribía un bajo, una sola línea,  que era sobre la que después los instrumentistas improvisaban y los cantantes la interpretaban fielmente  la primera vez, pero luego iban transformándola. Esto se perdió en el clasicismo. Los compositores comenzaron a escribir exactamente lo que querían que se oyera. Nosotros hemos vuelto a la esencia de la música a partir del siglo XII y hasta el XVIII, cuando se improvisaba infinitamente», explicó Álvarez que matizó que, no obstante, «también es cierto que todas las obras que elegí –aparte de Monteverdi o Frescobaldi hay piezas de Debussy, Satie o Strauss, son muy jazzística».

Por eso, añade, «no me inventé nada. Canto lo que se escribió para la voz, pero el acompañamiento le da ese otro aire».

Fue ella la que unió en los estudios de grabación, no sin el esfuerzo de aunar agendas, al clarinetista y saxofonista Andreas Prittwitz y al pianista Iñaki Salvador.

«Llevaba dos años dando vueltas para tratar de juntar a estos dos grandes músicos. Nunca habían trabajado juntos entre ellos y dije: Esta es la mía. Yo intuía que podría funcionar muy bien con ellos dos», explicó Álvarez. Y, efectivamente, «algunas de las piezas las grabamos a la primera. Fue un trabajo que fluyó de tal manera que salió muy bien como el único concierto que hemos dado, por el momento, juntos», apuntó la soprano.

La cantante adelantó que a partir de septiembre el trío comenzará su agenda de conciertos en Madrid y espera poder presentar en la Isla este trabajo conjunto.