Valeria Perasso | BBC Mundo, Los Ángeles

David Lomelí no quería ser tenor, sino ingeniero. Probó suerte como cantante en la universidad sólo porque necesitaba una beca y así fue que consiguió un lugar en la compañía de alumnos del Instituto Tecnológico de Monterrey.

David Lomelí

David Lomelí

Pero el destino –y su propia voz- le tenían reservado a este mexicano un futuro distinto: comenzó a escribirse cuando deslumbró al tenor Plácido Domingo y conquistó dos premios por interpretación de ópera y de zarzuela en el “campeonato mundial” de lírica, un doble logro nunca antes alcanzado por un artista.

Fue en 2006, en Operalia, la competencia que el mismo Domingo estableció en 1993 para fomentar el talento joven.

Doble Victoria en Operalia

Doble Victoria en Operalia

Seis años después, Lomelí tiene al afamado tenor español como mentor y ha recorrido el mundo sin más herramienta que su voz.

Este fin de semana debutará en el Hollywood Bowl de Los Ángeles, uno de los escenarios favoritos de la ciudad, bajo la dirección del venezolano Gustavo Dudamel.

Hollywood Bowl

Hollywood Bowl

“Siempre es un gustazo hacer música con Gustavo, que es de mi edad y es latino. Un placer hacer música entre amigos”, dice a BBC Mundo Lomelí, de 30 años, mientras apura el almuerzo en el único rato que le queda libre durante un día de ensayo.

Mi primer protagónico fue la zarzuela “Luis Fernanda” y me tocó pelearle la mujer a Domingo… no es fácil. A mis 25 años, debutar con él fue una cosa espantosa, impensada. Yo ese día aprendí de técnica escénica como nunca, porque me comió como pollo rostizado”

David Lomelí, tenor mexicano

Cantante universitario

Nacido en Ciudad de México y criado entre la capital y Monterrey, Lomelí viene de una familia aficionada a la música “de todos los estilos”.

Pero lo suyo, pensó de adolescente, era la ingeniería en sistemas. Cuando probó suerte como cantante en el Tec de Monterrey, para asegurarse una beca por participar en actividades culturales, eligió “María”, del musical “West Side Story”. Le dijeron no, gracias.

Le sugirieron que intentara con la compañía de ópera que se estaba formando en la universidad, por iniciativa de un profesor aficionado al canto lírico. Le prestaron una cinta del tenor José Carreras y, en la audición, salió envalentonado a imitarlo.

Así se volvió solista: el contrato que le dieron le aseguró poder terminar sus estudios. Para tener un resto, cantaba en fiestas y casamientos.

“No había tenido entrenamiento formal, sólo lecciones de voz y algo de solfeo. Nunca había cantado ópera, pero pensé ‘pues si así me pagan, venga’. Quién sabe qué ángel o qué fuerza del destino jugó allí”, dice Lomelí.

El destino lo llevó primero de intercambio a Barcelona, luego a la Scala de Milán. Cuando regresó de Europa, sabía que el título de ingeniero, que conseguiría un semestre más tarde, iba a quedar guardado en un cajón.

Mentor de lujo

También por cosas del destino terminó en Nueva York en 2006. Por entonces, Lomelí era parte de un programa de talentos en México, del que habían salido artistas líricos con proyección internacional como Arturo Chacón o Rolando Villazón.

David Lomelí y Plácido Domingo

David Lomelí y Plácido Domingo

Con el grupo, viajó para cantar en una cena donde Plácido Domingo figuraba entre el público. Salió de allí con un trabajo como tenor profesional: el madrileño le ofreció ser parte de la Ópera de Los Ángeles, de la que es director.

Fue él, también, quien lo incentivó para participar en la competencia Operalia.

“Operalia es como el mundial de fútbol de los cantantes”, compara el mexicano, apasionado por el balón y dueño de acciones en el Manchester United inglés.

Recuerda que le tocó cantar de último y era puro nervio cuando comenzó con la pieza elegida, “El Soberano”, de la ópera “El Cid” de Jules Massenet.

“No había ni ensayado antes con la orquesta y voy y ganó el primer lugar en ópera y en zarzuela, los dos títulos juntos por primera vez en la historia”, destaca el tenor.

Debut

Fue en la ciudad californiana, y con Domingo como mentor, que Lomelí aprendió lo que sabe.

“Siempre tuve facilidad para cantar notas agudas, pero a la vez mido 1,90 metros y pesaba mucho más. Si tienes esa voz pero acompañada de ese cuerpo, no puedes cantar el repertorio ligero”, dice.

Siempre es un gustazo hacer música con Gustavo (Dudamel), que es de mi edad y es latino. Es un placer hacer música entre amigos.”

En el Programa Joven de la Ópera angelina le enseñaron a actuar y lo instaron a perder 30 kilos. Aprendió, también, que “cantar no es sólo pegar el grito, porque el 80% de la ópera te lo pasas en el medio (de tu registro)”.

Tardó más de dos años, pero el protagónico llegó. Y fue nada menos que haciendo de contrafigura de Domingo en la zarzuela “Luisa Fernanda”.

“Mi primer protagónico y me tocó pelearle la mujer a Domingo… no es fácil. A mis 25 años, debutar con él fue una cosa espantosa, impensada. Yo ese día aprendí de técnica escénica como nunca, porque me comió como pollo rostizado”, bromea Lomelí.

Lejos de casa

Acaba de celebrar su interpretación 113, cumplida en el Festival de Glyndebourne, Inglaterra. Ahora lo espera la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles, que Dudamel dirige, convertido en el Duque de Mantua para la ópera “Rigoletto”.

Lomelí acaba de celebrar su interpretación 113, cumplida en el Festival de Glyndebourne, Inglaterra.

Lomelí acaba de celebrar su interpretación 113, cumplida en el Festival de Glyndebourne, Inglaterra.

Le divierte ensayar con el venezolano, con quien tiene una conexión especial. Tanto, que el director le imita su acento “chilango” y le recomienda restaurantes nuevos para probar en la ciudad.

“Trabajé con Dudamel en 2009, mi primer réquiem de Verdi. Y salió bastante bien, yo creo, porque cinco meses después me contrataron para grabarlo con la Filarmónica de Berlín”, relata el artista, cuya interpretación del Duque ha sido aclamada recientemente en Canadá y Alemania y, después de Los Ángeles, será repetida con la Ópera de San Francisco.

Querría, sí, presentarse más seguido en su país natal. Pero le resulta complicado arreglar sus compromisos, porque la agenda “en el mundo se planea con cinco años de antelación y en México, con uno o dos”.

“Creo que sería importante para darle impulso (a la ópera). La mía fue la última generación a la que se le dio música obligatoria en las escuelas. Conforme pasa el tiempo, la educación musical es lo primero que se corta”, reclama.

¿Su deseo? “Tiene que existir un consenso, sobre todo en los países latinos, de que las artes son necesarias para el crecimiento integral del ser humano –sugiere-. Poder ser una cara visible de ese proceso siempre ayuda”.