Michael Barenboim, hijo de Daniel, actúa este sábado en el Palau de la Música de Valencia

Vía: Valenciaplaza.com | MANUEL MUÑOZ

El primer impulso es decir que no abundan los casos, pero la verdad es que, después de pensarlos, me han salido unos cuantos. Me refiero a las estirpes musicales, las familias varios de cuyos miembros han destacado en el cultivo de este arte. Y lo hago a propósito de la visita que Michael Barenboim, destacado violinista e hijo del celebérrimo director y pianista Daniel Barenboim, hará a Valencia para tocar el sábado 12 en el Palau de la Música el Concierto número 2 para violín y orquesta de Béla Bartók. El programa se completa con el segundo acto de Samson et Dalila, de Camille Saint-Saëns, con los cantantes Nancy Fabiola Herrera, Stefan Vinke y Marc Barrard, la Orquesta de Valencia y su titular, Yaron Traub.

Michael, Daniel y David Barenboim. FOTO: JONAS UNGER

Michael, Daniel y David Barenboim. FOTO: JONAS UNGER

No he oído nunca tocar a Michael Barenboim, pues no asistí al concierto que ofreció el pasado 15 de junio en el Palau de les Arts, con la orquesta titular dirigida por Zubin Mehta, pero tocó en aquella ocasión el concierto de Felix Mendelssohn-Bartholdy, una de las piezas capitales del repertorio. Sabemos que, pese a su juventud (París, 1985) es concertino de la West-Eastern Divan Orchestra, y además ha tocado ya obras de enorme nivel y dificultad. No es poca cosa que se haya atrevido en Viena, con la Filarmónica de la ciudad dirigida por su padre, con el concierto de Arnold Schoenberg. Se trata de una pieza que une a su extrema dificultad el hecho de ser muy poco lucido, a diferencia, por ejemplo del que escribió Alban Berg. Esa es la razón por la que los grandes violinistas apenas tocan la obra de Schoenberg, mientras que la de Berg goza de un amplísimo repertorio de versiones discográficas.

HALFFTER, SANDERLING, JÄRVI

Sea como fuere, no es único en nuestros tiempos un caso como el de los Barenboim padre e hijo. Ahí está para ratificarlo el del director Pedro Halffter (Madrid, 1971), titular del teatro de la Maestranza de Sevilla y de la Sinfónica de Gran Canaria. O el de Michael Sanderling (Berlín, 1967), hijo del célebre Kurt Sanderling, titular durante años de la Sinfónica de Berlín, la orquesta competidora, por así decir, en el Berlín Este de la Filarmónica de Karajan. Otro caso de un muy destacado director de orquesta es el de Paavo Järvi (Tiflis, 1962), titular musical de la Orquesta de París desde 2010 e hijo de Neeme Järvi.

Y también hay casos en otras especialidades musicales, como el violonchelista Adrian Brendel, hijo del célebra pianista Alfred Brendel, o el contratenor Bejun Mehta, sobrino del gran director de orquesta Zubin Mehta, titular del festival del Mediterrani que celebra anualmente el Palau de les Arts. Sin olvidar a Igor Oistraj, hijo del grandísimo David, ambos violinistas.

Esos son algunos ejemplos de familias en que la música ha dado varios miembros importantes en época reciente. Pero hay muy célebres casos antiguos. El padre de Wolfgang Amadeus Mozart, Leopold, también era músico, aunque muy lejos de la genialidad de su hijo. En cualquier caso, a él debemos la enseñanza que este tuvo desde época temprana, que permitió descubrir su singular talento. El hermano de Joseph Haydn, Michael, fue un buen compositor, aunque no se le puede comparar. Y también lo fueron Fanny Mendelssohn, hermana de Felix, y Clara Schumann, esposa del célebre compositor romántico, cuya fama la eclipsó, pese a tener algunas obras importantes.

LOS BACH Y LA PASIÓN

Y si hablamos de estirpes musicales, quizás el principal ejemplo es la familia Bach, con cuatro hijos compositores: Wilhelm Friedemann, Carl Philipp Emanuel, Johann Christoph Friedrich y Johann Christian. La enorme genialidad y abundancia de la obra del padre ha eclipsado en gran parte los innegables méritos de los hijos. Por cierto que el viernes 9, como es tradicional en estas fechas, también en el Palau de la Música se ofrece la obra más famosa de Bach y una de las más famosas del repertorio, la Pasión Según San Mateo, con los Solistas Barrocos de Amsterdam bajo la dirección de Tom Koopman.