La Sinfonía concertante para violín, viola y orquesta de Mozart, y la Sinfonía nº 3 de Anton Bruckner llenarán de belleza, majestuosidad, colores y fuerza a la principal sala del Cnaspm, trabajo que liderará uno de los directores fundadores de El Sistema

Prensa FundaMusical Bolívar

Dos épocas del arte, procedentes del más puro linaje vienés, serán las recorridas por la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela (OSSBV) este viernes 4 de abril, al interpretar -bajo la dirección artística del maestro Gregory Carreño- música del compositor clásico Wolfang Amadeus Mozart, así como la del romántico Anton Bruckner.

El Maestro Gregory Carreño “Réquiem para cantar a la vida”

El concierto, que se realizará a las 5:00 p.m. en la sala Simón Bolívar del Centro Nacional de Acción Social por la Música (Cnaspm), comenzará con la Sinfonía concertante para violín, viola y orquesta en mi bemol mayor del genio de Salzburgo. El violinista Alejandro Carreño -concertino de la OSSBV- compartirá el escenario con el también principal de la fila de violas, Ismel Campos. Ambos (pertenecientes también al Cuarteto de Cuerdas Simón Bolívar), se encargarán de un trabajo que, tal como lo refiere el maestro Carreño, constituye un diálogo único entre los dos timbres fundamentales de una orquesta.

Alejandro Carreño

Alejandro Carreño

Mozart compuso esta obra en 1779 mientras hacía un viaje por Francia y Alemania, a través del cual se vio influenciado por el notable desarrollo técnico que las orquestas europeas estaban experimentando en ese momento. Del género sinfonía concertante (mezcla de las formas sinfonía – concierto), se considera a ésta la más exitosa de su creación.

Por otra parte, el público oirá la Sinfonía nº 3 en re menor de Anton Bruckner, que fue escrita en 1873 y dedicada a Richard Wagner, a quien el autor calificó en ese momento como “el mundialmente famoso e inalcanzable noble maestro de la poesía y la música”.

“Se trata de una sinfonía muy particular, escrita dentro de un contexto post romántico puro. Tiene timbres muy especiales porque fue dedicada a alguien que está considerado como el episodio máximo de los alemanes en cuanto a la construcción de la ópera”, explicó el maestro Gregory Carreño, al tiempo que resaltó el gran poder y belleza que la Orquesta Simón Bolívar recorrerá a través de sus cuatro movimientos: “sentiremos lo sublime, lo celestial, pero también lo grande. La vamos a disfrutar mucho”.

Padre e hijo juntos en el escenario, Gregory Carreño y Alejandro Carreño

Padre e hijo juntos en el escenario, Gregory Carreño y Alejandro Carreño

Padre e hijo juntos en el escenario

La ejecución de la Sinfonía concertante para violín, viola y orquesta de Mozart será particularmente especial, ya que mostrará a través del director y de los músicos de la Simón Bolívar el desarrollo artístico de dos generaciones del Sistema, así como el especial nexo entre un padre y su hijo; Gregory y Alejandro Carreño, quienes no solo comparten la fe en el proyecto del maestro José Antonio Abreu, sino un lenguaje común que viaja a través de la sangre y la música.

– Maestro, usted es fundador de El Sistema junto al maestro Abreu, pero también es parte de una de esas tantas familias que ha visto en sus hijos lo que la música puede hacerles alcanzar, ¿cómo se siente de dirigir en esta ocasión a su hijo menor, quien además es concertino de la Simón Bolívar?
– Como padre, siento orgullo y satisfacción, porque se trata de ver a un hijo que está donde le corresponde estar porque se lo ha ganado, gracias también a que ha tenido un sistema que le dio esta plataforma. Nosotros los fundadores de El Sistema hemos apostado todo por esto, y es mi ejemplo particular porque tengo a mis dos hijos dentro de la Simón Bolívar; el otro es Gregory Carreño, también un gran violinista. Poder recibir la música de mi hijo menor en esta etapa, consolidado como un gran artista tras haberse codeado con lo mejor del arte del mundo, me hace aprender. Me impulsa a seguir aprendiendo de ellos.

– ¿Qué cosas continúa aprendiendo de sus hijos?
– Lo más grande que recibo de ellos es que, no solamente absorbieron de casa que lo que se gana en la vida es con esfuerzo, dedicación al estudio y por tener disciplina, sino que son garantes de eso y lo están transmitiendo a otros porque ya tienen seguidores, alumnos, incluso admiradores. Entonces, ¿qué es lo más grande? recibir de ellos el amor de familia y hogar, así como el haber conseguido hacer de la música su vida, igual que lo hice yo. Ese es un regalo muy grande que me dan a cada instante; verlos allí es lo más grande. Si antes los cargué, ahora ellos me cargan a mí.

– Alejandro, ¿cómo es esa retroalimentación con tu papá más allá del vínculo familiar?
– Además de habernos dado la vida a mí y a mi hermano, mi papá es fundador junto al maestro Abreu de El Sistema, así que cuando nacimos teníamos esto, la música, en nuestro día a día. Él me dio mi primer violín y nos enseñó a sentir entusiasmo y amor por el arte a través de este proyecto que ha dignificado la profesión que Dios y el maestro Abreu nos ha dado la oportunidad de tener. Decir hoy que eres músico en Venezuela es algo que se ha transformado.
En fin, siempre he estudiado en casa y tengo ahí a un gran maestro que es mi papá, y lo maravilloso es que cuando estás cerca de grandes maestros, nunca dejan de sorprenderte.

– ¿Qué te sigue sorprendiendo de tu papá?
– Hay un antes y un después en la vida de mi papá: el hombre que conocí desde que nací, y el otro que creó en mí una admiración profunda y eterna; ese que nació nuevamente después de un accidente. Ante la situación más adversa se levantó y fue como el fénix… de las cenizas, voló otra vez, volvió a la vida, y ver ese proceso en el día a día, hizo que mi admiración trascendiera hacia lo humano. Es una admiración muy bonita porque es por todos lados.

– ¿Qué significa para ti tocar junto a tu papá esta obra de Mozart?
– Bueno, tengo la sensación de ver dirigir a un gigante, a un gran músico, algo que no puedo dejar de admirar. Siempre me sorprende, aprendo algo nuevo. Nosotros en la orquesta hemos tenido la fortuna de trabajar con grandes de la dirección como el maestro (Claudio) Abbado, (Simon) Rattle, (Giuseppe) Sinopoli, y veo dirigiendo a mi papá nuestra orquesta y digo: es un gigante. No es romanticismo, porque además de ser su hijo tengo criterio sobre lo que es un director, por lo cual lo digo con toda responsabilidad. Toda la orquesta está encantada y entregada a lo que él está haciendo, sobre todo por lo que él representa como humano y como lealtad a un proyecto.