Vía: El Día.es | Joven tenor venezolano nacido en Barquisimeto en 1973, donde cursó sus primeros estudios de canto antes de llegar a España, a la Escuela Superior de Canto Reina Sofía, bajo la tutela del maes tro Kraus. Debutó en Caracas con “El Elixir de Amor” en 1996, y su primera actuación en Europa fue en el Pérez Galdós de Las Palmas con “Macbeth”.

Aquiles Machado

Aquiles Machado

Aquiles era un tenor orondo y bajito, y pese a interpretar una espléndida “Boheme” en el teatro Real, fue descartado para “Rigoletto”, porque los bobos mandatarios del teatro en ese época, consideraron que no daba la figura del Duque de Mantua, papel que si representó con éxito en la Arena de Verona, nada menos que con Leo Nucci e Iva Mula.

Tras encauzar su vida personal y ser padre, se puso a régimen y consiguió alcanzar un buen estado físico y mantener su voz intacta, lo que le ha permitido afrontar los principales papeles de las óperas del gran Verdi, cantando la nombrada “Boheme” más de doscientas veces, y especializarse en la ópera italiana y francesa, además de cantar música de cámara, oratorio y recitales. Últimamente le piden que cante Otelo, pero socarronamente dice que por ahora lo único que tiene en común con el personaje son los rizos.

Dirigido por grandes directores y cantando en los principales teatros, se ha abierto camino y afianzado su carrera como un tenor seguro y con garantía, y no ha sido nada fácil, pues como otros de su misma cuerda, ha tenido que afrontar la sustitución de los tenores del XX, que han dado mucha gloria y prestigio a nuestro país. Fijando su residencia en Madrid, donde curiosamente viven muchos otros artistas del bel canto, pertenece al club de grandes voces líricas de origen latino que priman actualmente en el mundo de la ópera, pues además de estar considerado por su gran seguridad y aplomo en el escenario, su bella voz se desliza con una enorme suavidad y facilidad hacia el público, de forma que penetra en nuestros oídos de una forma cálida.

Escucharlo es un verdadero gozo, y por suerte en las Islas, hemos disfrutado de su presencia en varias ocasiones. Si no me falla la memoria, en el Guimerá, creo recordar, al menos tres veces, y una de las más sonadas fue un espléndido recital, cantando un repertorio difícil, bajo la batuta de Víctor Pablo Pérez, quien definió muy bien la actuación con su comentario: ¡Este chico está soberbio! Efectivamente, pues lo dio todo en el escenario, y el público le ovacionó reiteradamente. En esa época, su manager era mi buena amiga Carmen Quintana, que lo cuidaba como un hijo.

Aquiles es una excelente persona, nada caprichoso o divo, y se ha entregado a su profesión en cuerpo y alma, consiguiendo un lugar importante dentro del circuito internacional. Su voz ha quedado para los anales de la historia de la música clásica en diferentes grabaciones, y entre su discografía también hay cabida para el cancionero de su país, al que tan unidos estamos los canarios, por lo que se siente identificado con nuestra manera de ser, como dijo en una ocasión: “somos su apéndice”, igual que ellos para nosotros.

“No hay nada más reconfortante que reírse de uno mismo”, es una de las frases que lo definen como persona sencilla. Afirma también que le gustaría tener más crítica, pues los pocos que escriben sobre música en nuestro país, están demasiado endiosados, y aunque probablemente sepan de ópera, la mayoría de las veces solo saben alabarse a sí mismos haciendo pocas referencias al espectáculo. Además de pocas reseñas musicales, los medios de comunicación han recortado al mínimo las referencias a la cultura, y grandes acontecimientos que se han celebrado recientemente, como la estupenda “Marina” del Teatro de la Zarzuela, cantada por Celso Albelo, ha quedado relegada a unos pocos párrafos. Periódicos como el ABC, que en otro tiempo tenían tres páginas de música clásica, ahora las despachan en una. Menos mal que hay otros medios donde conocer las noticias, pues de lo contrario esta faceta artística se seca. Son los tiempos que corren, vende más el morbo.

Se ha labrado una gran carrera, y deseo que siga cosechando éxitos. Lo merece, por magnífico artista y extraordinaria persona.