Vía: elvenezolanodemadrid.com/ Por Tomás Ramírez González

Un solo acorde salido de las cuerdas de la Godin electro-acústica deja saber que el que la toma entre sus manos es el mismísimo Aquiles Báez, músico reconocido a nivel mundial, que meticulosamente probaba sonido en la cueva de la calle Mancebos 2, ayudado por los oídos del tenor Aquiles Machado y del violinista David Moreira, para abrir lo que podría representar un hito en la música popular latinoamericana en Europa.

“Cuidado con los agudos de Aquiles que distorsiona cuando pronuncia las ´eses`”, dijo Moreira a Alejandro Llerandi cuidando cada detalle de la ecualización, mientras que Jesús “El Pingüino” González esperaba apoyado de una pared de ladrillos abrazando su contrabajo eléctrico. Todos habían dado serenatas juntos en los telefonillos de la Caracas de los años ochentas y ahora se volvían a reunir para dar una doble función que podría marcar historia.

En pocas horas abrirían la primera jornada de las Noches de Guataca en Madrid, una “campanada cultural” que pretende promover a las propuestas musicales de los artistas de élite en espacios de la Villa y Corte.

Tras el ensayo, los Aquiles se sentaron en una pequeña mesa redonda en la esquina del Collage a la que se fueron acercando los demás músicos. Tras minutos llenos de anécdotas y cachondeo, la seriedad tomó el ambiente y conversaron sobre lo que mejor se les da: la música.

-¿Cómo surgió la iniciativa de llevar a pasear La Guataca por el mundo?

-La Guataca es una plataforma que nació para promover artistas que normalmente no tienen mucha voz. Hemos visto pasar tanto talento por esas tarimas que percibimos la necesidad de abrir espacios en el exterior. Así mi socio Ernesto Rangel propuso hacer espectáculos en Nueva York y a la iniciativa se unió la gente de Miami y ahora cruzamos el Atlántico para hacer el primero de muchos aquí en Madrid, con la producción de Manuel González.

-¿Por qué crees que la música que hacéis no es tan conocida como la brasileña o la colombiana?

-Porque no se puede exportar lo que no se conoce. En Venezuela hay poca proyección de lo que yo denomino la Música Popular Venezolana. Se ha estereotipado mucho. No es solo cuatro, arpa y maracas. A mi modo de ver, lo que hacemos es el secreto mejor guardado del Caribe pero para poder descubrirlo tiene que darse una implosión a nivel nacional para que pueda explotar todo ese talento.

Un ejemplo de eso puede ser el proyecto que estoy trabajando con una cantante de música afrovenezolana. Betzaida Machado tiene una propuesta diferente que incluso es bailable, pero casi nadie la conoce porque no se ha difundido como se merece.

-Ahora que tocas ese punto ¿Es cierto que la música de Venezuela no es popular a nivel mundial porque se basa mayormente en compases ternarios?

-Eso es un mito porque ritmos que han nacido en la India, Marruecos y, para no ir tan lejos, aquí mismo en España están muy presentes en el género del World Music de hoy en día. Esas expresiones artísticas usan estructuras rítmicas tremendamente complejas, así que no tiene nada que ver. Te pongo de ejemplo mi caso que he vivido 11 años en Nueva York y cuatro en Boston, allí siempre toqué mi música que a los norteamericanos parecía gustarle.

Parto del principio de que hay que innovar desde de la identidad.

No se puede asociar la tradición a lo conservador. En otras palabras, me considero un jazzista porque incluyo conceptos armónicos y melódicos de jazz a todo lo que hago, metiendo allí la música de Venezuela. Por eso creo que debería llamarse al género en el que nos desenvolvemos Música Popular Venezolana, para diferenciarlo de la música tradicional.

-¿Cuáles son los principales retos que afrontas para poder concretar esta empresa?

-No podemos tener una programación semanal como la llevamos en Caracas pero sí podemos organizar un espectáculo todos los meses. No tenemos el apoyo de la empresa privada ni de ninguna institución pero el talento está ahí. La mayor demostración de que podemos tener éxito internacional se llama C4 Trio, unos muchachos que iniciaron su carrera de la mano de La Guataca, y en la actualidad cuentan con el reconocimiento del mercado musical en Venezuela y del exterior.

La agrupación logró una nominación al premio Grammy Latino 2013 con su producción Gualberto + C4 y al año siguiente lo volvieron a hacer con el disco “De repente”. Eso demuestra que aunque sea difícil se puede.

-El concepto que ofrecéis de música popular venezolana es un poco diferente a lo que venden los grupos de la actualidad ¿A qué se debe?

-Esa tendencia de la que hablas no solo se ha impuesto en la música de Venezuela. En el mundo se busca impresionar tocando rápido. Nosotros pretendemos conmover más que impresionar. Vemos la música como un acto de amor y de fe porque somos un grupo de hermanos que se huele musicalmente. Es un concepto camerístico y humanístico, en fin, música hecha por personas.

-¿Cómo nació la idea del disco La Canción de Venezuela?

-Aquiles y yo nos volvimos a reunir después de muchos años en Nueva York. Tocábamos una noche en casa del pintor Jacobo Borges boleros, un poco de merengue caraqueño y surgió allí la posibilidad de grabar una selección del cancionero venezolano desde nuestro modo de entender la música. Algo así como lo que hizo Gualberto Ibarreto con las canciones del oriente venezolano. A partir de ahí comenzamos a trabajar con Aquiles Machado y mi socio Ernesto Rangel. De momento tenemos dos discos grabados La Canción de Venezuela, La Canción de Venezuela Volumen 2 y un DVD con el mismo nombre.

-¿Y qué le dices a los Venezolanos que estamos fuera?

-Que la diáspora venezolana se sume a seguir los pasos a los colombianos, argentinos y brasileños para poder sacar nuestra cultura adelante.

A medida que culminaba la conversación formal, los recuerdos de los bolos caraqueños y las bromas retomaron la mesa.

El éxito del concierto al día siguiente corroboró las palabras de Báez sobre su fraterna hermandad musical. Su complicidad en la tarima con González, Machado y Moreira se tradujo en un sentimiento indescriptible que solo interrumpió un fastidioso feedback que contaminó a ratos la tarima del Collage.

Los protagonistas de la noche se habían conocido en la escuela sinfónica infantil. Desde entonces han pasado a compartir muchos escenarios y hasta un piso en Parque Central, donde vivieron grandes momentos. Después de muchos años se volvieron a reunir en Madrid para abrir estas interesantes jornadas de difusión cultural.

Juntos recordaron el día que conocieron a Aquiles Machado, que fue llevado a ellos por el flautista Omar Acosta, quien precisamente también se subió a las tablas la primera Noche de Guataca en Madrid.

Ese día de 1988 iban a dar una de esas tantas serenatas en la capital en la capital de Venezuela. El tímido y joven Aquiles Machado no había abierto la boca hasta que sus nuevos compañeros se llevaron una sorpresa cuando la abrió. Años después, convertiría en uno de los tenores más importantes de la ópera en España. Pronto sabremos más de él en una entrevista exclusiva para El Venezolano de Madrid.