Vía: www.abc.es | JULIO BRAVO

La violinista alemana publica su nuevo disco e inaugura la temporada de conciertos de Juventudes Musicales de Madrid

Han pasado cerca de cuatro décadas desde que Herbert von Karajan invitara a una joven violinista de trece años a tocar junto a laOrquesta Filarmónica de Berlín. Comenzaba entonces la excepcional carrera de Anne-Sophie Mutter (1963), una de las más grandes intérpretes de nuestros días. Ayer, la violinista alemana tocó en Madrid, acompañada por The Mutter Virtuosi, un conjunto de jóvenes músicos patrocinado por la fundación que lleva su nombre. Con este concierto se inauguró la temporada de Juventudes Musicales de Madrid. Recién llegada a Madrid, Anne-Sophie Mutter atiende a los medios; no se separa de «Lord Dunn-Raven», su Stradivarius. Con él vivió en mayo una experiencia singular; un concierto en un club de Berlín, el Neue Heimat, un entorno absolutamente distinto para ella (dentro del proyecto Yellow Lounge), y cuya grabación acaba de editar Deutsche Gramophon. «Aunque la acústica no era la más adecuada -relata la violinista-, el público fue increíble: por sus nervios, por su escucha y por la emoción que transmitían».

-¿Qué supone una experiencia así para usted como intérprete?

-La presencia de la música clásica en los medios está disminuyendo cada vez más. Y es importante para nosotros encontrar lugares donde compartir esa música con la gente joven, poco acostumbrada a ella pero con la mente abierta, y enseñarles a sentir el increíble poder emocional que tiene.

-¿Es éste el camino para llevar la música clásica a los jóvenes?

-Es uno de ellos, pero hay muchos: conciertos-conferencias, conciertos para estudiantes, para niños, gratuitos, conciertos por televisión, al aire libre, descargas… Hay muchas posibilidad para restar cuanta más solemnidad mejor y lograr que un joven que no ha estado nunca en un concierto esté cómodo y se sienta parte de él. Mi hijo vino de niño a un concierto mío en Salzburgo con la Filarmónica de Viena y Riccardo Muti; tuvimos un gran éxito y la gente se puso en pie e incluso saltaba. Mi hijo, lógicamente, también. Y la persona que estaba detrás de él le regañó por su mal comportamiento. Mi hijo se quedó impactado… Pero no es cierto. Un concierto de música clásica es un lugar tan apropiado como otro para expresar las emociones. Y hay en el mundo de la música clásica la costumbre, sobre todo en Alemania, de reprimirlas, como si se perdiera la educación si no. Los artistas, cuando estamos en escena, necesitamos sentir al público, que se expresen con libertad y griten «¡Bravo!» si así lo sienten. La música clásica debe quitarse muchos complejos y corsés. Si lees las cartas que escribió Mozart a su padre, él cuenta cómo el público explotaba en mitad de un concierto. ¿Por qué no puede la gente aplaudir después de un movimiento? Hay que decir al público, y especialmente a la gente joven, que pueden, y deben, mostrar sus emociones y relajarse en los conciertos.

-Algunos alegan que este tipo de conciertos abarata la música…

-Déjeme decirle algo sobre el repertorio que elegí para el concierto en el club. Yo quería mostrar cómo suena el violín en la música de la calle, a gente que nunca hubiera escuchado uno: qué significaba en el siglo XVII y qué significa en el siglo XXI. Estábamos en un club, y busqué piezas que no durasen más de cuatro o cinco minutos. No me gustan los fragmentos, pero en un lugar así no podía ofrecer un concierto entero. Creo que por ello no soy culpable y que los que por suerte tenemos una educación sólida podemos seguir apreciando la música escuchando fragmentos de vez en cuando.

-Todos estos intentos se quedan en nada si no hay una buena educación…

-Por supuesto… Así es. Pero no podemos esperar a que los políticos comprendan la importancia de la educación; ya hemos esperado bastante. Mi generación esperó inútilmente que hubiera educación musical en las escuelas. Lo que nosotros, los músicos, podemos hacer es tratar de convencer a los padres de que enseñen a los niños que hay muchas maneras de entretenerse, y no solo la televisión y los videojuegos.

-En ese concierto tocó «La lista de Schindler», de John Williams. Hay quien opina que la música de cine es la verdadera música clásica de hoy.

-John Williams es un magnífico compositor clásico y cinematográfico. Los músicos que escriben para cine, especialmente en los países de habla germana, están mal considerados. Muchos autores escribieron en el pasado música por encargo. ¿Qué hay de malo en componer música para cine? ¿Por qué la separamos del resto? Solo hay dos tipos de música, buena y mala. Y hay bandas sonoras y compositores excelentes. Pero no existiría sin las imágenes, y la música necesita emocionar por sí misma. Un cuadro de El Greco no necesita de Sarasate, ni al contario: ambos hablan por sí mismo. Pero hoy en día parece que tenemos que hacer varias cosas al mismo tiempo: comer mientras leemos o mientras trabajamos… Es una locura. Tenemos que cultivar la habilidad para centrarnos en una cosa, en una persona… Lo mismo ocurre con las relaciones; creo que una de las razones de que haya tantos divorcios está en que las parejas no se centran la una en la otra… Nunca tenemos tiempo; no lo tenemos para sentarnos, para discutir, para reflexionar tu posición en la vida… Todo eso nos convierte en marionetas perfectas de un sistema que solo quiere consumidores; nada de preguntas o cuestionamiento. Solo consumidores y que guardemos silencio