Vía: www.elperiodico.com/ Por MARTA CERVERA

La joven soprano Anna Prohaska se ha convertido en la intérprete más deseada de su generación. Actúa el domingo 13 de diciembre en el Auditori de Barcelona

Con paso firme y una voz cálida y brillante que encandila, esta joven soprano alemana se ha convertido en la intérprete más deseada de su generación. Los mejores escenarios, directores y compositores desean contar con ella.

En su primer álbum en solitario, Sirène’ (2011), profundizó en el universo romántico de Schubert, con Eric Schneider al piano. Después, con ‘Enchanted forest’, en cuya carátula aparece con un aire a lo Kate Busch, se convirtió en ninfa barroca acompañada del Ensemble Arcangelo. En su último trabajo,Behind the lines, volvió a reunirse con Schneider para, de forma muy íntima y personal, rendir un sentido homenaje a las víctimas de la primera guerra mundial. Su versátil voz se paseó por los campos de batalla, por las esperanzas y los miedos de los combatientes, a través de canciones cultas y mundanas, desde elRenacimiento hasta nuestros días, en diferentes idiomas.

“No me interesa cantar solo cosas bellas. Es vital crear un clima y un tono en un recital, y por eso busco siempre una idea poderosa para dotarlo de contenido –señala–. Me aburriría cantando piezas inconexas, el típico recital con canciones archiconocidas”, afirma esta inquieta y enérgica joven nacida en 1983 en Neu-Ulm, Bavaria. Le interesa dar a conocer nuevo repertorio, tanto obras de compositores actuales como temas olvidados extraídos de partituras que no han superado el paso del tiempo. “Quiero abrir los oídos y los ojos de la gente a obras menos conocidas, pero magníficas”. En el Auditori alternará célebres arias de óperas de Purcell y Händelcon otras de Daniele Castrovillari, Christoph Graupner,Johann Adolph Hasse y Antonio Sartorio.

Prohaska está fascinada por la figura de Cleopatra. “Nunca ha sido fácil para las mujeres alcanzar el poder, y menos aún mantenerse en él. Antiguamente, sobre todo, si lo conseguían era porque eran madre, esposa, amante o hermana de un faraón, rey o emperador. Cleopatra se casó con su hermano, tuvo un romance con César y se unió a Marco Antonio. Han tenido que pasar siglos para que las mujeres sean valoradas por su inteligencia y por ellas mismas y no por su belleza o su capacidad de seducción. Es bastante triste”. Se imagina a la reina de Egipto como una mujer dura y manipuladora, pero aun así se identifica con ella porque “en aquella época esa actitud era de lo más normal, había que ser así para sobrevivir”.

“NO SOY UNA MÁQUINA DE CANTAR”

La voz es un delicado instrumento y convivir con él a veces es duro, sobre todo cuando uno quisiera estar al cien por cien para cantar y no puede, como le ocurrió a mediados del mes pasado. Prohaska tuvo que suspender por culpa de un resfriado algunas funciones de ‘Le nozze di Figaro’, de Mozart, en la Staatsoper de Berlín, con el venezolano Gustavo Dudamel a la batuta, otro crack. “Otros músicos, aunque tengan un pequeño catarro, pueden ir a ver un museo, yo no –dice resignada–. La voz requiere un cuidado especial, hay que mimarla. A mí me encanta salir y descubrir lugares nuevos. Me resulta frustrante tener que quedarme en casa”, explica la intérprete. Cuando está enferma suele cocinarse una reconstituyente sopa de pollo, pero hoy estaba tan cansada que no ha tenido ni siquiera ánimos para prepararla y ha comprado una en un restaurante asiático próximo. “Los cantantes debemos cuidarnos, pero no quiero obsesionarme con eso. Para no volverme loca siempre guardo unas semanas para desconectar, para poder hacer vida normal y quedar con gente, discutir apasionadamente, beber, comer y divertirme. Quizá no sea lo mejor para mi voz, cierto, perotambién necesito alimentar mi alma. Necesito sentirme bien conmigo misma. No soy una máquina de cantar”.

“Me aburriría si ofreciera el típico recital con obras famosas”

Nada mejor para subir la moral que invitar a amigos a su casa para ver películas cuando está enferma. Y, cuando está sana y está de gira, le encanta disfrutar de pequeñas escapadas culturales allí donde va. “Cuando estuve en Torroella este verano aproveché para visitar elbarrio judío de Girona y la catedral de Barcelona –explica. Y añade–: Me encantaría cantar ópera en España”. Hasta ahora, los proyectos que le han propuesto en el Liceu y el Teatro Real no han llegado a buen puerto por problemas de agenda.

“Tengo muchas ganas de actuar en Barcelona”, subraya la soprano, que ha tenido la suerte de colaborar desde muy joven con figuras relevantes. Antes de cumplir los 20, debutó en la Komische Oper de Berlín, con ‘Una vuelta de tuerca’, de Benjamin Britten. A los 23, entró en la compañía de la célebre ópera de la capital alemana que dirige Daniel Barenboim, que se ha convertido en su segunda casa. Y un año después, realizó su primera colaboración con la flamante Filarmónica de Berlín. Con ella estrenó ‘Mnemosyne’, ópera del alemán Wolfgang Rihm, destacado compositor que más tarde le dedicó ‘Samothrake’. “Mi carrera está centrada en Europa. He de tener una oferta realmente interesante para aceptar actuar en otro continente”,asegura la soprano, a quien el Festival de Salzburgo dio la bienvenida en el 2008 con ‘Rusalka’, de Dvorák.

MÁS ALLÁ DE BACH, MOZART O LIGETI

Prohaska cuida tanto su voz como la imagen que proyecta en sus videoclips. Algunos tienen un inquietante tono Lars von Trier, otros juegan al contraste entre pasado y presente. “No creo que un artista solo logre cambiar el concepto que muchos jóvenes tienen de la música clásica –asume–. Pero la imagen es un aspecto a tener en cuenta. Mis interpretaciones, no obstante, siempre son fieles. Hay quienes han intentado convertir la música clásica en otra cosa. Llenar estadios con espectáculos como ‘Pavarotti& friends’ está lejos de lo que es la clásica –comenta–. Soy más partidaria de ofrecer conciertos íntimos en lugares especiales y también de abrir nuevos caminos, de no limitarse a cantar siempre a Bach, Mozart y Ligeti, que son fantásticos. Pero hay que ir más allá”. Entre sus próximos retos operísticos figuran ‘Lulú’, de Berg y ‘Mélisande’, de Debussy. En cuanto a la ópera barroca su sueño sería encarnar a Cleopatra, por supuesto, “o cualquier ópera de Händel”, comenta sin olvidar ‘La Calisto’, de Cavalli.

Provenir de una familia de músicos es un acicate. Su abuelo paterno era un conocido director musical vienés, su padre es director escénico de óperas, su hermano mayor es tenor y su madre, de ascendencia angloirlandesa, también canta. “En casa son muy críticos conmigo, no se callan nada. Después de una actuación, me hacen una lista con sus objeciones”, dice, acostumbrada. Junto con la música, la religión es otro de los temas que da más juego en su familia. “Mi madre es muy católica. Mi padre, en cambio, es agnóstico, ateo. Me educaron con este doble rasero, así que, aunque respeto a Dios y a los que creen en él, también reconozco y critico sin tapujos todo lo malo que la Iglesia ha hecho”.