El pianista húngaro tocará hoy en el Colón El clave bien temperado, de Bach, cumbre de la música para teclado; “es una obra eterna y de un modernismo increíble”, dice

Vía: www.lanacion.com.ar
Por Pablo Gianera

Cada uno tendrá sus preferencias, pero si se pidiera una lista de los tres pianistas vivos más amados (y admirados sin reticencias) casi nadie excluiría a András Schiff. Una de las observaciones más agudas que se hayan hecho acerca del pianista húngaro corresponde a Edward Said. En la crítica de un concierto en el Carnegie Hall, publicada originalmente en 1989 y recogida ahora en su libro Music at the Limits, el intelectual palestino amigo de Daniel Barenboim y creador con él de la Orquesta del Diván, proponía dos categorías de pianistas a partir de una comparación entre Schiff y Vladimir Horowitz. Esta comparación era discutiblemente desventajosa para el segundo, que encarnaría un estilo de demostración extrovertida. Para Said, Schiff, en cambio, sólo se revela a sí mismo al revelar la partitura; su prodigiosa pericia técnica se subordina a “una estética de modestia, afabilidad y musicalidad introvertida”. Schubert, Beethoven, Janácek… Schiff conoce ese repertorio como nadie; no hay ahí secretos para él. Pero en ninguna otra parte se revela mejor esa poética de la que hablaba Said que en sus versiones de Bach, un compositor al que volvió una y otra vez a lo largo de los años. En su nueva visita a Buenos Aires -un recital imprescindible para Nuova Harmonia-, Schiff se propuso escalar una cumbre y llevar consigo al público: El clave bien temperado.

En la segunda mitad del siglo XIX, Hans von Bülow definió el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento de la música para teclado: El clave bien temperado de Bach y las sonatas para piano de Beethoven, cada uno a su tiempo. Pero en qué sentido El clave bien temperado es ese Antiguo Testamento del que hablaba Von Bülow. “Bach tenía fe; era un hombre profundamente religioso y entiendo que ese solo hecho ya alcanza para justificar la metáfora -explica Schiff-. Hay de veras algo bíblico en esta música. En el arte de Bach, los elementos sagrados y los seculares aparecen representados simultáneamente. Es por eso que algunos preludios y fugas podrían perfectamente ser partes de La Pasión según San Mateo, mientras que, por otro lado, ciertos pasajes de la Pasión son auténticas danzas: minuetssarabandespassepieds. ¡Y no se olvide de la alegría de tocar o escuchar la música de Bach!”.

El clave bien temperado parece un mundo en sí mismo. ¿Pero cuánto influye el conocimiento de otras obras de Bach, y no necesariamente de las obras para teclado, en la comprensión del Libro I?

-¡Influye muchísimo! No alcanza con conocer las piezas para teclado, y aquí incluyo también las que fueron escritas para órgano; es necesario conocer en profundidad los conciertos, las cantatas, las pasiones, la Misa en si menor.

-Suele pensarse que El clave bien temperado es una obra especulativa y teórica. Sin embargo, si así fuera tal vez Bach habría encadenado las tonalidades por la sucesión de quintas, pero, por el contrario, siguió el orden de la escala cromática. ¿Cómo entiende usted esta relación entre teoría y práctica?

-Una buena cantidad de sus obras son teóricas o pedagógicas. Bach era también un gran maestro, un científico y un enciclopedista que buscaba problemas y los resolvía a la perfección. Las invenciones a dos y tres voces son una lección para cualquier joven de la manera de dominar el arte del contrapunto y la polifonía en tonalidades relativamente simples. En las cuatro partes de su Clavier-Übung, en la Ofrenda musical y en El arte de la fuga, Bach enfrenta géneros diferentes, problemas distintos y muestra su maestría con resultados extraordinarios. En los dos libros de El clave bien temperado, Bach nos demuestra que es posible usar temperamentos iguales (la division de la octava en doce partes iguales) y escribir música maravillosa en todas las tonalidades mayores y menores. Otros compositores de segunda línea lo intentaron también, pero únicamente Johann Sebastian Bach tenía las condiciones intelectuales, espirituales y emocionales de superar los límites de la teoría y alcanzar el arte más elevado.

-¿Y qué pasa cuando se considera la relación entre teoría y práctica en la interpretación? Pienso por ejemplo en el uso del pedal. ¿Su posición sobre este punto es dogmática, práctica o intuitiva?

-Nunca es dogmática. Durante un buen tiempo, toqué sin pedal para demostrar que era posible hacerlo así. Ahora lo uso escasamente, y sobre todo por razones acústicas. Es un hecho que el pedal no existía en ninguno de los instrumentos de la época de Bach. En el piano moderno, es un recurso de enorme valor, pero puede ser desastroso cuando se lo usa irresponsablemente.

-Es claro que existe un modernismo latente en El clave bien temperado. ¿Dónde lo encuentra usted?

El clave bien temperado tiene una modernidad increíble y, a la vez, es eterno. La conducción de voces de Bach, su rotundo cromatismo y sus disonancias, su simbolismo… no existe nadie como él ni que lo iguale. Hay actualmente algunos estúpidos que comparan El clave bien temperado con los preludios y fugas de Shostakovich. Pura blasfemia. Y Shostakovich debía haber sido el primero en estar de acuerdo con esto.

-Es difícil no recordar lo que escribió Robert Schumann: “Que El clave bien temperado sea tu pan cotidiano”. ¿Lo es para usted?

-¡Sí! Cada día de mi vida empieza con una hora entera en la que toco Bach. Es la manera más perfecta de limpiar el cuerpo, la mente y el espíritu.

Otras voces, las mismas manos

En coincidencia con la visita de András Schiff, Universal Musical editó localmente la versión de las Variaciones Goldberg, otro monumento de Bach que el pianista registró para el sello ECM en 2001 (el CD salió dos años después). Si bien Schiff había grabado ya las Goldberg para Decca en 1982, esta nueva versión cava más profundamente en ciertos atributos: un legato personalísimo y de la mayor expresividad, un dominio asombroso de las dinámicas y un pulso rítmico que, aunque severo, evita cualquier previsibilidad porque parece recrearse casi como una repentización. A propósito de las Goldberg, Schiff mismo se definió una vez como un guía: alguien que ya hizo el viaje y sabe sobre qué cosas llamar la atención.