La academia, que enseña música clásica hace 22 años, tiene los objetivos claros y los instrumentos justos.

Vía: www.eldiariodelarepublica.com

Corría 1995 cuando un grupo de profesores de música comenzaron a proyectar un nuevo concepto musical en San Luis. El entusiasmo imperaba y la gran inspiración fue el Collegium Musicum de Buenos Aires.

El objetivo era conseguir una metodología de aprendizaje más moderna a lo que nuestra provincia acostumbraba. Eso implicaba innovación en el lenguaje musical, dejar de lado el sistema de teoría y solfeo y que la relación del alumno con el instrumento sea individual y, por ende, personalizada. Con las ideas en claro, el Instituto Amadeus comenzó a tener forma. La fundación fue obra de un trinomio de pianistas: Hugo Cerúsico (de Catamarca) junto a su esposa Silvia Mercau, y Cecilia Maqueda, ambas de San Luis.

Hugo y Silvia vivieron un tiempo en San Luis hasta que  se radicaron en Mendoza. En ese momento Cecilia quedó como única directora del Instituto. Maqueda nació en San Luis, se formó en el colegio Aleluya, es egresada de la Universidad Católica Argentina donde estudió Licenciatura en Música y se especializó en composición. Es madre de seis hijos, tres se dedican tiempo completo la música, la mejor herencia que les dio su madre. Otros dos tienen viva la llama musical que traen desde la cuna pero eligieron otra carrera profesional y el más chico, que va por el mismo camino, estudia violín mientras termina sus estudios secundarios.

La directora destacó que al iniciarse el proyecto, San Luis tenía menos movimiento musical. “Hubo que traer profesores de afuera; había muchos entusiasmados con el proyecto y viajaban. Eran profesionales muy reconocidos”, comentó sobre el profesor en flauta traversa Renato Ligutti, solista de la sinfónica de San Juan, y el concertino de la Sinfónica de Mendoza en violín, Arcadio Logorsky. También Cecilia destacó que su primera camada de alumnos eran hijos de amigos, pero con muchas aptitudes musicales y, que por eso, lograron excelentes resultados.

El  instituto conserva sus valores fecundos. Lejos de planes de estudios, los alumnos avanzan de acuerdo a su progreso en las clases grupales de lenguaje musical y las clases individuales con el instrumento se dictan según lo que aprende el alumno.

“Cada alumno es un vaso de distinto tamaño, nuestro objetivo es llenarlos sin importar el tamaño”

Respecto a la forma de enseñanza la directora del instituto dijo que “cada alumno es un vaso de distinto tamaño, nuestro objetivo es llenarlos sin importar el tamaño. Cuando tenemos alguno que tiene perspectiva de dedicarse a la música en un futuro, es para nosotros un vaso más grande, apuntamos a que cuando terminen la secundaria estén listos para ingresar a cualquier licenciatura de instrumento, y que  el examen de ingreso le resulte algo fácil y sencillo, tanto en el lenguaje musical como en el instrumento”.

El ingreso al instituto no tiene límites de edad, aunque el grueso de la institución son niños.
Tampoco requiere conocimientos básicos de música pero en casos de tenerlos, se nivela al alumno en el lugar que le corresponda.

En Amadeus se puede aprender piano, guitarra, flauta traversa, violín, viola, violonchelo y canto. A Cecilia le encantaría tener más instrumentos para enseñar, pero tiene una política clara: “Para empezar a enseñar un nuevo instrumento -dijo- nos gusta tenerlo para facilitárselo al alumno. Hay algunos que son más costosos y no siempre estamos en condiciones de poder adquirirlo”.

Muy agradecida recordó al respecto a la artista plástica Graciela Barón, quien donó varios de xilofones y metalofones que fueron de su hermano Alejandro Barón, un músico que falleció muy joven.

Al referirse a la presentación de fin de año de sus alumnos, la directora resaltó que la academia no selecciona a los chicos que van a  tocar, sino que tocan todos y cada uno a su nivel. “Acá cada chico es lo que ha logrado en el año, para cada uno es mucho. Apuntamos a ver los logros de los chicos y no tanto el resultado. Los chicos tocan a nivel individual y después en música de cámara, conjuntos o la orquesta”.

Cecilia destacó que trabajar con alumnos en edad escolar es recomenzar permanentemente, por el ingreso de nuevos alumnos junto a los que terminan la secundaria y se van a vivir a otras provincias. Al referirse a su legado, Cecilia permanece sonriente, como quien vive de lo que le da felicidad.