Periódico La Jornada | Por Pablo Espinosa

He aquí un gran logro cultural.

El nuevo disco de Gustavo Dudamel es un avance definitivo en su posicionamiento como, ya, una de las grandes batutas mundiales.

Dudamel-Strauss

Dudamel-Strauss

Also Sprach Zarathustra (Deutsche Grammophon), es el título de esta grabación del joven de Barquisimeto al frente de la mejor orquesta del planeta: la Filarmónica de Berlín. A la obra que da título al álbum entero se suman otras dos de Richard Strauss (1864-1949): Till Eulenspiegels Lustige Streiche y Don Juan.

Se trata, también, de la mejor celebración hasta el momento de la efeméride más importante de todo el año: el sesquicentenario de ese compositor alemán.

Lo sustancial de este disco imprescindible es que aporta luz, entendimiento, contexto, pone de relieve los valores prácticamente ignorados hasta el momento de uno de los más grandes compositores de la historia, aún incomprendido: Richard Strauss.

Las versiones de Dudamel al trío de obras straussianas develan los aspectos más relevantes del valor de la obra de ese autor: intensidad dramatúrgica, densidad orquestal, unidad estilística, reciedumbre de discurso, entre otras capacidades creativas que desplegó Strauss, ese gran innovador, ese revolucionario ignorado por comodidad de oído, flojera de músicos y público y además la sombra del nazismo sobre él, entre otros factores.

Gustavo Dudamel construyó este disco durante muchos años. Desde sus primera época con la Orquesta de la Juventud Bolivariana ya figuraba la dificilísima Sinfonía Alpina, entre otras obras de Strauss. Este disco es consecuencia de su denuedo: en abril de 2012 dirigió a la Filarmónica de Belín en Así hablaba Zaratustra y en 2013 hizo lo propio durante cuatro ocasiones con las otras dos obras que completan el álbum.

La conformación de un repertorio es definitivo en la carrera de un director de orquesta. El facilismo cunde. Los lugares comunes abundan en la programación de la mayoría. Un autor tan difícil y prácticamente inédito como Strauss, a lo mucho un autor de culto, de quien existen, ciertamente, numerosas grabaciones, pero que no es todavía un compositor masificado, como su amigo Gustav Mahler, significa no solamente disciplina, sino que evidencia la calidad de una batuta, su solvencia técnica y artística.

De hecho este disco suma contundencia a la decisión de Sir Simon Rattle, director de la Filarmónica de Berlín, de nombrar a Gustavo como su suplente durante los meses en que dedicará su tiempo el músico inglés a su nueva paternidad, con su esposa, la mezzo checa Magdalena Kozena. También ubica al venezolano como puntero entre los candidatos a suceder a Rattle en 2018, cuando se efectuará el relevo en la más importante organización orquestal existente.

Los argumentos:

Desde su inicio, este nuevo disco es una auténtica maravilla, un tesoro: uno a uno van develándose secretos, emergiendo novedades, se iluminan territorios antes no vislumbrados. A diferencia de las versiones de Herbert von Karajan, máxima autoridad en la materia (fue alumno directo de Strauss), Dudamel no añade “efectos especiales”, es decir no aplica trucos, recursos, herramientas de más para lograr contundencia.

Por el contrario, siguiendo las enseñanzas de su maestro Claudio Abbado, Dudamel limpia de todo estorbo el camino para conducirnos al reino poderosísimo del pensamiento musical de Richard Strauss.

He aquí, entonces, la filosofía de Nietzsche hecha música, la ironía, el sarcasmo, el humor más inocente, en sonidos (Till Eulenspiegel), he aquí la magia quijotesca, el relatar con sonidos la literatura (Don Juan). He aquí la maravillosa, aún ignota, magia de la música de Richard Strauss en todo su esplendor.

He aquí a un gran director de orquesta. Un maestro: Gustavo Dudamel