Vía: cultura.elpais.com/

La directora mexicana participa en el Festival de Verbier con un centenar de estudiantes

La imagen es, cuanto menos, inhabitual. Aunque debería estar ya normalizada. Una mujer embarazada coge la batuta y se pone al frente de una orquesta de un centenar de músicos, a los que pide que bailen, salten y jueguen mientras otros colegas tocan. Que expresen el ritmo de otra manera. Que vivan la música sin las limitaciones que estos chicos de 15 a 17 años encontrarán más tarde en su vida adulta como músicos. Los jóvenes se muestran sorprendidos durante el exigente ensayo, pero están encantados.

¡Jugando con música! A moverse y sentir, aquí en uno de los talleres que di en el Verbier Festival

¡Jugando con música! A moverse y sentir, aquí en uno de los talleres que di en el Verbier Festival

Demasiado caro

El Festival de Verbier (del 17 de julio al 2 de agosto) está considerado como “el mayor festival del mundo fuera de una gran ciudad”. En esta ocasión acudirán invitados como Zubin Mehta, el violoncellista Misha Maisky o los pianistas Grigory Sokolov y Andras Schiff. Aunque el exclusivo evento suizo debe enfrentarse a la competencia de otras citas europeas, y digerir críticas que consideran nociva su devoción al star system de la música clásica; así como a unos precios considerados excesivos. Incluso para la rica Suiza, donde la fortaleza del franco hace hoy casi prohibitiva la visita de turistas.

¡Jugando con música! A moverse y sentir, aquí en uno de los talleres que di en el Verbier Festival

¡Jugando con música! A moverse y sentir, aquí en uno de los talleres que di en el Verbier Festival

¡Jugando con música! A moverse y sentir, aquí en uno de los talleres que di en el Verbier Festival

¡Jugando con música! A moverse y sentir, aquí en uno de los talleres que di en el Verbier Festival

La persona responsable de la curiosa escena es Alondra de la Parra, una directora de orquesta mexicana nacida hace 34 años. “Quiero que los chicos se muevan y bailen como sea; que se acepten tal como son”, explica sobre su iniciativa pedagógica. “El cambio en su forma de tocar será luego notable”.

Alondra de la Parra llega a la cita en un hotel, el día siguiente del ensayo, rodeada por tíos, primos y familiares. “Tenemos que hacer malabarismos para vernos con mi familia, entonces aprovechamos mis conciertos”, aclara. La directora se encuentra por vez primera en la exclusiva estación de esquí de Verbier, en los Alpes suizos. La diminuta (y lujosa) localidad acoge desde hace ya más de 20 años un festival que se ha convertido en cita ineludible para la crema de la música internacional. Y es aquí donde Alondra de la Parra se presentó con una orquesta de estudiantes junto al violista ruso Yuri Bashmet. En el programa: Prokofiev, Copland, Britten y el Danzón N° 2 de Arturo Márquez. “Una concesión a mis orígenes mexicanos”, comenta con un guiño. Formada por eminencias del calibre de Kurt Masur, Simon Rattle o el suizo Charles Dutoit, quien la puso al frente de la Filarmónica de Buenos Aires con apenas veinte años, Alondra de la Parra vive hoy en Ciudad de México. Aunque sueña con un puesto fijo como directora titular en una orquesta: “Me gustaría asentarme, porque ser directora invitada es algo agotador. Quisiera establecerme y contribuir a formar el sonido de una orquesta”.

¿Se encuentra con resistencia por parte de orquestas que siguen siendo eminentemente masculinas? La cuestión la incomoda. Hace un gesto de fastidio y responde: “Me encuentro con resistencias a menudo. Pero no tanto por el hecho de ser mujer, sino por ser directora de orquesta, y por tanto líder. Tengo que imponer mi visión de las obras a un grupo de artistas, y eso no siempre es fácil”.

Acto seguido, recuerda con una sonrisa que el gran Kurt Masur le dijo: “Si quieres que la gente te quiera y te acepte, busca otro oficio. Los directores de orquesta no estamos aquí para eso”. “Pero no creo en el modelo del maestro dictador. Es una idea arcaica con la que no estoy de acuerdo”, sentencia.

Alondra de la Parra hace hincapié en un evento memorable: cuando dirigió un concierto gratuito al aire libre ante la friolera de 140.000 personas en uno de los lugares más inesperados que quepa imaginarse para las sutilezas sinfónicas. Nada menos que en Ciudad Juárez. “Ciudad Juárez se ha hecho famosa por el crimen, las drogas y los asesinatos de mujeres. Pero en ese lugar hay también 140.000 personas capaces de venir a disfrutar de la música en paz. Suele ser el tipo de noticias a las que la prensa no presta nunca atención”.

De la Parra planea presentarse en Londres, Brasil o España. “Aunque aún es pronto para avanzar más datos”. Interrogada sobre el repertorio con el que se siente más a gusto, confiesa sentir afinidad por Mahler y Strauss. “Mis intereses son variados, y no me gusta encasillarme. Creo que la música clásica debería ser parte de nuestra vida cotidiana. Tenemos que dar más difusión a las transformaciones que la música provoca en la gente. Sobre todo en los más jóvenes”.