Vía: El economista.mx | Manuel Lino

En estos momentos, la directora mexicana Alondra de la Parra se está convirtiendo en la primera mexicana mujer (de la nacionalidad que sea) en dirigir un concierto en China. Lo hace al frente de la Orquesta Nacional del Capitolio de Toulouse.

Alondra de la Parra   Copyright © 2013 Alondra de la Parra

Alondra de la Parra Copyright © 2013 Alondra de la Parra

En la gira de cinco conciertos en cuatro ciudades chinas que hoy comienza, ya tuvo una representación en Francia (en el Halle aux Grains) y se incluyó a la mexicana porque el director titular de la orquesta, Tugan Sokhiev, no podía ir.

El sábado, en la noche para Alondra (con pocas horas de sueño en el avión y muchas despierta desde su llegada) y en la mañana para México, la directora nos contestó algunas preguntas sobre la racha que ha tenido al frente de la Orquesta de París, la Orquesta de la Radio de Berlín y ahora la del Capitolio.

—Los músicos alemanes tienen una merecida fama por su precisión, técnica y musicalidad. También tienen una, que supongo inmerecida, de no captar del todo el sabor latino. ¿Cómo te sentiste con ellos? ¿Te dijeron cómo se sintieron con el repertorio mexicano?

La verdad es que lo disfrutaron muchísimo, definitivamente no es lo que tocan todos los días. Sí se sorprendieron, en el primer ensayo, de la cantidad de trabajo que iban a tener que hacer, de lo compleja que es nuestra música rítmica y de que no iba a ser facilito. Pero lo que me encanta es que tienen un profesionalismo extremo y esa actitud de que no hay manera de que no salga, para ellos no existe esa posibilidad, entonces cada ensayo era otra orquesta, mucho mejor, mucho más incorporado el sabor. Al final salió muy bien. Fue un proceso el compartir con ellos el sabor de nuestra música. Hice muchas analogías con la música popular germana, eslava judía, de donde viene mucha de la música que ellos conocen. Eso para darles un poco la idea.

—El Huapango (de Moncayo) y el Danzón (no. 2, de Márquez) son piezas, accesibles para el público y que no parecen muy difíciles para la orquesta, que tocas con frecuencia. ¿Todavía les encuentras secretos y atractivos? ¿Va evolucionando tu concepción de estas piezas?

Totalmente, pero sí son muy difíciles. El Huapango no es nada fácil, le cuesta mucho trabajo a cualquier orquesta, estamos acostumbrados y todos lo podemos tararear, pero tienen los ritmos de tres contra seis contra dos y muchas maneras de hacer el tres contra dos y hay que encontrar la manera exacta de que suene a huapango y no a cualquier otra cosa. Cada vez que la monto con una orquesta es distinto y hay que buscarle para que suene como lo tengo en la mente. Hay orquestas que entienden primero el ritmo; otras, la calidad del sonido y otras, la actitud, esta parte medio improvisada que tiene que tener. Y cada vez descubro, también con el Danzón, nuevas vías y nuevas posibilidades de las piezas.

—Eres la primera (mexicana) mujer que dirige en China. ¿Cuáles son tus expectativas de eso y del repertorio que llevas?

Han sido unas semanas muy emocionantes. El debut en París fue a partir de la cancelación de Rafael Frühbeck de Burgos; de último me llaman para que lo reemplace, lo de Berlín sí estaba programado.

Pero a partir de lo de París, cuando cancela otro director (Tugan Sokhiev) me llaman a mí y me ofrecen sustituirlo. Es una gran responsabilidad porque es una gira con una orquesta de cien músicos con cinco conciertos en cuatro ciudades de China (Shangai, Wuhan, dos ocasiones en Beijing y Tianjin) con una orquesta francesa que ya tenía su repertorio, su director, todo planeado y de repente tienen que sustituir al director.

Es una responsabilidad muy grande, también, porque es la primera vez que una mujer de cualquier nacionalidad dirige en China, donde la música clásica está creciendo exponencialmente, entonces el público es relativamente nuevo.

El repertorio ya estaba armado: Preludio a la siesta de un fauno (de Debussy), dos conciertos para chelo; con la solista rusa Tatyana Vassilyeva vamos a tocar el de Dvorak y el de Saint-Saens, en unas sedes uno y en otras otro y de Rimsky Korsakov vamos a tocar Scheherezade. Son piezas que conozco y quiero. También vamos a estrenar una obra del compositor chino Deqin Wen.

Les pedí, a los músicos de la orquesta, que incluyéramos el Danzón de Márquez como encore y generosamente lo aceptaron. Es un gesto artístico diplomático cultural muy importante, una orquesta francesa de gira no tendría por qué tocar nada mexicano.

—Cuando te vi en el Auditorio Nacional me sorprendió que Natalia, Ely y Denisse esperaban atentas a que les dieras su entrada; ahora vas a la cabeza de cien músicos a los que casi no conoces. ¿Cómo sobrellevas tamaña responsabilidad?

Todo viene del respeto a todo el trabajo que se hace. Yo tengo que estudiar muy a fondo el material y tener una idea muy clara de lo que hay que hacer y después un respeto extremo al trabajo de los demás.

Y luego es jouer, en francés, to play en inglés; es jugar, un juego muy bien armado y fundado, pero un juego, una creación.

Parto del punto de que no hay propuestas correctas o incorrectas a la música. El director tiene la obligación de llevar una, más bien varias, a veces te dicen que sí y a veces te hacen otra propuesta y siempre es posible que nos guste más la propuesta de uno de los músicos o de un solista.

—Esta pregunta queda un poco mensa entonces, pero ¿cómo sabes que sabes qué hacer con un pedazo de música?

No es saber que sabes, es saber que estudiaste lo más posible, que te informaste y creaste una relación profunda y personal con esa música para tomar ciertas decisiones. Una frase musical se puede hacer de muchas maneras y no hay una que sea la correcta, lo que es correcto es preparase y respetar a la gente con la que trabajas.

—En el mismo sentido, ahora eres una suerte de embajadora cultural de México, representando, si me dejas ponerme un poco melodramático, al país entero con tu batuta. ¿Cómo enfrentas eso? ¿O no lo sientes así y nomás sales y haces música lo mejor que puedes?

Yo más bien lo veo como un granito de arena a un esfuerzo de todo el país. Siempre tener el nombre del país en alto, hacer las cosas bien y compartir que somos una nación llena de cultura, de alegría, de propuestas artísticas serias y un país con mucha dignidad y belleza. Si contribuyo con mis conciertos, me encanta, gozo cuando veo las caras de la gente de otros países sorprenderse con la música mexicana, de saber que no sólo somos Frida y Diego, que somos más que el tequila y el sombrero.

—Hace muchos años te pregunté cómo le hacías para mantener los pies en la tierra siendo tan talentosa, exitosa y bella. Ahora que eres aun más exitosa, sales en Hola. ¿Cómo le haces? ¿O ya no tienes los pies en la tierra?

Nuestra profesión no es como se ve o como lo hacer ver la prensa. Es un trabajo cansado, física y emocionalmente. Es estar estudiando y trabajando todo el tiempo, no es nada glamoroso sino todo lo contrario, uno tiene que encontrar la forma de hacer lo que tiene que hacer. Tengo el apoyo de mi familia y siempre extraño mi casa. Esa es mi vida, cuál es la siguiente partitura que me tengo que aprender, cómo le voy a hacer. Es mucha soledad. No hay manera de perder de vista lo que es el privilegio de dedicarte a hacer lo que quieres hacer.

UNAS PREGUNTAS RÁPIDAS PARA QUE TE VAYAS A DORMIR:

—Tres compositores contemporáneos que te sean cercanos.

Debussy, Mahler y Stravinsky.

—Tres solistas con los que te gustaría trabajar.

Evgueni (Yevgeni) Kisin, Rolando Villazón, que lo conozco y lo estimo, pero no hemos tenido chance de colaborar y con Helene Grimaud.

—Tres directores a los que admiras.

Carlos Kleiber, Simon Rattle, Kurt Masur y mi maestro absoluto y al que le debo todo, Kenneth Kiesler.

[highlight_orange]Modificamos el texto original publicado en Eleconomista.mx a petición de la Maestra Alondra de la Parra,  que nos informa que no lo expresó en la entrevista.[/highlight_orange]