María Elisa Flushing

María Elisa Flushing

Escrito por (María Elisa Flushing)

Una producción operística, considerada como la suma de las artes, involucra la participación de muchos y variados elementos. Unos están a la vista del público: los cantantes solistas, el coro, los figurantes (extras), la orquesta y el director musical; otros, detrás del escenario: el equipo técnico (iluminación, maquinarias, audiovisuales), equipo de caracterización (maquillaje y peluquería) y equipo de sastrería. En el engranaje de toda esta maquinaria –conformada por seres humanos- son casi inevitables los errores y generalmente no son percibidos por el público; pero otros son de tal magnitud que pasan a formar parte del anecdotario burlesco de la ópera.

Leo Slezak

Una de estas anécdotas la protagonizó el gran tenor checo Leo Slezak (1837-1946), y decir gran Slezak es en sentido literal: era un hombre alto y corpulento, de pecho fuerte y grueso. Su estatura física era tan impresionante como su voz. Tenía, además de un timbre heroico y brillante ideal para interpretar papeles wagnerianos, un excelente sentido del humor. Y precisamente interpretando Lohengrin, el personaje principal de la ópera de Wagner del mismo nombre, ocurrió el traspié.
Lohengrin, cuya acción se ubica en el siglo X, narra la historia de un caballero que llega a tierras de Bramante en un una barca tirada por un cisne blanco a defender a una doncella, Elsa, acusada de asesinar a su hermano, el legítimo heredero al trono; ofrece, además, casarse con ella bajo la condición de que nunca pregunte por su identidad. Naturalmente, ella no resiste la tentación de averiguar el nombre de su futuro marido y formula la pregunta prohibida. Lohengrin reúne a la corte, se identifica como caballero del Grial y se ve obligado, ante la inoportuna exigencia, a volver a su castillo en la misma barca impulsada por el cisne blanco. Al final resulta que el cisne es nada menos que el hermano de Elsa, el legítimo heredero al trono que había sido hechizado y ahora retoma su condición humana.

Leo Slezak Wagner

Durante una representación de esta ópera en 1906, donde se utilizó como elemento escénico clave un cisne mecánico, cuando Lohegrin (Leo Slezak) ya ha revelado su identidad y se está despidiendo para abordar el cisne, sucedió que al voltear observó como el plumífero artefacto que habría de transportarlo se alejaba en el horizonte. Ante el error del maquinista o de alguna señal mal entendida, Slezak en lugar correr tras el animal mecánico, se dirigió con mucha naturalidad hacia el público y pregunto: “¿Alguien sabe a qué hora parte el próximo cisne?”

Cuando lo inesperado sucede, nada como el humor para superarlo y Slezak sin duda lo tenía. En sus memorias escribió: “El amado Señor me ha concedido cuatro gracias a lo largo de mi vida: mi voz, mi mujer, mis hijos y… mi humor; éstas son las que me han ayudado a soportar las horas difíciles que no le faltan a todo mortal. Por esto quiero estar agradecido de todo corazón”.