Vía: www.eluniversal.com | Por MARÍA GABRIELA FERNÁNDEZ B.

“A la identidad Latinoamericana la comprendí en París (…). Nos caracteriza el mestizaje “

Para hablar sobre su ejecución musical, el violinista venezolano Alexis Cárdenas, concertino súper solista de la Orquesta Nacional de París, se sumerge en su memoria hacia una infancia vivida en tierras marabinas. Recuerda a voces que aún hablan con alta sonoridad y aprecia, sobre todo, a la incandescencia de la luz solar con la que, a diario, forjó su sensibilidad artística. “Cuando se hace un violín, una vez que tallas la madera y antes de ponerle el barniz, hay que colocarlo un buen tiempo al sol para que se impregne y se curta. Los violines antes de nacer necesitan de los rayos del sol y los violinistas también”, apunta.

Aunque su vida transcurre entre calles parisinas y su instrumento está siempre al servicio de partituras de Bach o Mozart en grandes salones de Europa, Cárdenas asegura que “todos los días son un profundo y arduo regreso, una vida convertida en una vuelta eterna hacia la niñez, como decía Picasso”. Por esto, se describe como un artista de la “mundialización”, capaz de interpretar con el mismo gusto y rigor una sonata de Beethoven, un tango de Piazzolla, o un tema de onda nueva del venezolano Aldemaro Romero.

El próximo 17 de septiembre el violinista celebrará con su cuarteto la única función de un concierto al que, no por coincidencia, hizo llamar Vuelvo al sur, como el tango homónimo escrito por Fernando “Pino” Solanas. En el evento, no solo interpretará este tema esperanzador, sino que ofrecerá un repertorio de canciones latinoamericanas que, en su mayoría, estará presentando por primera vez. El cuarteto, que se presentará en el Centro Cultural BOD, está también integrado por el bajista Elvis Martínez, el cuatrista Jorge Glem y el percusionista Carlos “Nené” Quintero, con quienes Cárdenas grabó su discoEncores latinos, que saldrá a la venta en octubre. Además, el evento contará con la participación del pianista Juan Carlos Núñez y el guitarrista Gustavo Carucí. La voz en cinco de los temas será, para sorpresa de muchos, del mismo Cárdenas.

-Volver a mi tierra después de nueve meses de ausencia es maravilloso (aunque cada vez más complicado), y en esta ocasión lo hago para ofrecer un concierto especial porque también regreso a mi origen con la música que es el canto. Yo empecé a cantar a los 8 años y hasta llegué a ganar un concurso regional. Aunque soy violinista, creo que la fase máxima de la música es el canto y siempre lo he hecho por placer, pero esta vez voy a asumir más, sin grandes pretensiones, escudado en mi violín.

-¿Fue necesario alejarse de sus orígenes y su terruño para poder reconectarse con ellos?

-Fue necesario París, una capital del mundo donde convergen todas las culturas, pero sobre todo muchos latinoamericanos. A la identidad latinoamericana la comprendí en París, donde supe que a nuestros países nos une no solo la lengua, sino también la influencia artística y musical, sobre todo de Andalucía. Nos caracteriza el mestizaje, no tenemos miedo de mezclar estilos y eso es para un músico una riqueza increíble. Yo, por ejemplo, espero que mi violín siempre suene maracucho aunque interprete a Bach, como haremos en el concierto del jueves.

-¿Cómo perciben en Europa ese mestizaje musical en el sonido de su violín?

-Ha sido un plus, un privilegio y, cada vez menos, una rareza. Europa está empezando a abrirse en ese sentido, la Europa del siglo XXI ya no es la misma de la postguera, que nunca hubiera admitido que un concertino interpretara música popular. Los géneros latinoamericanos tienen mucha belleza que es valorada más allá de los clichés que todos conocen.

-¿Es su búsqueda como músico da proyección a los géneros latinoamericanos?

-Voy siempre en mi vuelta al sur. Hay géneros que faltan por difundir incluso en Latinoamérica y otros que me resultan maravillosos por su forma de contar historias, como las rancheras o hasta los viejos vallenatos. La música y las formas de narrar en el Caribe son fascinantes y llenas de lo que ha determinado mi identidad.

Convencido como está de la multiculturalidad de la música, este violinista cuya edad roza las cuatro décadas asegura que su rumbo podría devenir en la composición. “Algún día espero componer un concierto para violín con esta influencia latinoamericana, pero también con la academia. Un lenguaje moderno, con expresionismo, con serialsimo o música espectral pero con un chachachá detrás. Ya veremos”.