El Cuarteto Simón Bolívar actúa el 8 de junio en el Auditorio Nacional de Madrid


Vía: www.elmundo.es | Por BENJAMÍN G. ROSADO

¿Cuál es el país con más orquestas profesionales del mundo? Si la pregunta fuera de Trivial, Alemania, Austria o Inglaterra aparecerían seguramente entre las opciones, aunque ninguna sería la respuesta correcta. El récord lo ostenta Venezuela gracias al Sistema Nacional de Orquestas que puso en marcha hace 42 años el economista Jose Antonio Abreu y que ha rescatado de los barrios marginales del país a cientos de miles de niños que hoy se ganan la vida como músicos en alguna de las sucursales sinfónicas de la organización. “El milagro del Sistema ha consistido siempre en reunir bajo un mismo techo a niños de todas las razas y estratos sociales para transmitirles un mensaje de unidad y de convivencia”, explica al teléfono desde Caracas Alejandro Carreño, violinista del Cuarteto Simón Bolívar que visita el 8 de junio la sala de cámara del Auditorio Nacional de Madrid. “Ahora que Venezuela está tan dividida debemos esforzarnos en crear lazos de entendimiento. Nuestro lema es tocar, cantar y luchar”.

Carreño se formó muy pronto como músico en las aulas del Sistema en Trujillo, su ciudad natal, y desde hace algunos años defiende como concertino el primer atril de su buque insignia, la Orquesta Simón Bolívar, un ambicioso proyecto cultural y social con el que el maestro Gustavo Dudamel se dedicó a sacudir conciencias por el mundo y a llenar de ritmos latinos las viejas salas de concierto de Europa. Durante una manifestación en Caracas el pasado 3 de mayo, una bala de la Guardia Bolivariana acabó con la vida de Armando Cañizales, un joven integrante del Sistema. “Fue un acto horroroso y absolutamente repudiable, un golpe durísimo para los venezolanos”, recuerda Carreño, que se enteró de la noticia tras un concierto en Australia. “Ismael Campos [violista del cuarteto] conocía perfectamente a Cañizales, pues además de haber coincidido con él en varios proyectos musicales le había dado clases. No lo podíamos creer”.

Con el concierto de Alejandro Carreño (violín), Boris Suárez (violín), Ismel Campos (viola), y Aimon Mata (violonchelo) se inicia el popular y conclusivo Contrapunto de verano del Centro Nacional de Difusión Musical. El hilo conductor del programa es Rusia, que estará muy presente en la primera mitad de los Cuartetos de cuerda op. 33 de Haydn, los Rasumowsky de Beethoven y, por supuesto, en el Octavo de Shostakóvich. “Queríamos conmemorar el centenario de la Revolución Rusa pero sin rencores ideológicos, es decir, desde una perspectiva netamente musical”, continúa el músico venezolano. “La Rusia de Beethoven es absolutamente luminosa y rítmica. Aunque el compositor sigue siendo respetuoso con la forma clásica su música se proyecta hacia el futuro”. Es posibles escuchar en las largas frases de su partitura ecos de algunas de sus sinfonías. “El movimiento lento del nº 1 y los dos primeros acordes del nº 2 guardan un parecido más que razonable con la marcha fúnebre de la Heroica“.

El segundo de los cuartetos de Haydn es una mezcla de audacia técnica y templada ironía, como si el compositor se divirtiera riéndose de sí mismo. “Sus glissandi y contrastes forte-piano son artefactos humorísticos colocados en el epicentro del clasicismo al que Beethoven abrirá camino más adelante”. En cuanto a Shostakóvich, su Cuarteto nº 8 requiere de otro estado de ánimo, más serio si se quiere, pues está dedicado a la memoria de las víctimas del fascismo. ¿Víctimas como Cañizales? “No creo que haya conexión entre una cosa y la otra”, asevera el intérprete. “Cañizales fue víctima de la violencia que vive en estos momentos Venezuela. Los integrantes del Sistema no somos políticos ni está en nuestras manos la solución, pero la música nos ha enseñado que el fin del conflicto pasa por escuchar al pueblo”.