Escrito por el Prof. Alejandro Ramírez García | Exclusivo para Venezuela Sinfónica

ALBERTO FLAMINI CORTESI (Roma 1920 – Caracas 2013)

He comentado en no pocas ocasiones que uno de los oficios más nobles del hombre es el de ser maestro, el de educar a otros. Es esa tarea de transmitir los conocimientos sobre lo aprendido y la experiencia, a los efectos de que nuestra raza humana continúe su marcha ininterrumpida que comenzó desde que el primer homínido pobló la tierra y se desplazó por ella para crear grupos nómadas que luego se convertirían en poblaciones estables dedicadas al cultivo, a la construcción de viviendas y, en suma, a buscar su sustento y superación.

maestro Alberto Flamini Cortesi

maestro Alberto Flamini Cortesi

Ya vemos en la música como fue evolucionando el hombre buscando nuevas formas de escribirla e interpretarla e ir creando y perfeccionando nuevos instrumentos. Y así fue pasando el tiempo hasta llegar a la conquista y colonización de América con la venida de allende los mares de músicos peregrinos, generalmente religiosos, que vinieron a enseñarnos las bases elementales de la teoría de la música.

La transculturización entre los pueblos del mundo ha permitido que así como nosotros hemos ido a aprender a otras tierras, aquellos también han venido a Venezuela a hacer de ésta su patria y a inculcarnos nuevos valores del conocimiento humano.

Y llegamos a 1947 cuando la Orquesta Sinfónica de Venezuela contaba con 17 años de historia, año en el cual pasaba a recibir una subvención estatal para el período 1947-1948 por parte del Ministerio de Educación. Era imperante pues, como consecuencia de este importante aporte, que la orquesta se profesionalizara definitivamente y se completaran las vacantes que eventualmente fueran dejando aquellos músicos que, por razones de no estar al nivel artístico que ahora se exigía, tuvieran que renunciar. Esta nueva concepción artística de la orquesta ameritaba entonces que se contrataran músicos profesionales provenientes del viejo continente, tarea que se le encomendó al Maestro Pedro Antonio Ríos-Reyna.

Quiso el destino que entre los ilustres profesores que vinieron a engrosar las filas de la orquesta por invitación del Maestro Ríos-Reyna estuviera el violinista Alberto Flamini Cortesi.

Nacido en Roma el 14 de Marzo de 1920, significaba que ingresaba a nuestra institución sinfónica a la edad de 27 años. Su padre, Enrico Flamini, contralor en la Ciudad del Vaticano, lo inicia en su educación musical a los seis años haciéndolo participar en el Coro “Schola Cantorum” de la Capilla Sixtina.

A los 8 años inicia sus estudios de violín y a los once gana una de las cinco plazas para ser aceptado en la “Academia de Música de Santa Cecilia” de Roma bajo la égida del ilustre Maestro Remy Principe, connotado educador, co-autor de “El Violín – Manual de Cultura y Didáctica Violinística”, traducido a varios idiomas.

A los 21 años se graduó en la “Academia de Música Santa Cecilia” de profesor de violín y continúa su perfeccionamiento con el Maestro Zuccarini. Seguidamente gana el concurso para formar parte de los primeros violines de la “Orquesta Sinfónica de Santa Cecilia”, pero los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial comprometen el buen desenvolvimiento de dicha institución orquestal.

Pasada la guerra acepta la proposición del Maestro Ríos-Reyna de venir a Venezuela y se incorpora a la Orquesta Sinfónica de Venezuela como integrante de la fila de primeros violines. Con el tiempo mantendría con el Maestro Ríos-Reyna estrechos vínculos de amistad y admiración mutuos.

Estando activo en la Orquesta Sinfónica de Venezuela, el Maestro Ríos-Reyna le sugiere irse por un tiempo a la región de los Andes a terminar de borrar las secuelas psicológicas de la guerra y allí en la ciudad de San Cristóbal reside hasta 1952, momento en el cual regresa, ya casado con la Sra. Julieta Chacón, para incorporarse definitivamente a la orquesta. En esta ciudad andina funda con algunos colegas el “Cuarteto Galzio” que se convertiría en una de las pocas agrupaciones en su género en llegar a tener relevancia internacional. Igualmente utilizaría algunos días de la semana para impartir clases en la Academia de Música.

Sus hijos Lydia y Fidel Enrique fueron testigos de que la unión con la Sra. Chacón fue una de felicidad, de comprensión, de amor y de vida ejemplar para ellos y para sus hijos durante 61 años, hasta su fallecimiento.

Su trabajo en la Orquesta Sinfónica de Venezuela fue de entrega total, de disciplina, profesionalismo, cumplimiento artístico y defensor de su causa justa. Existe la apreciación, compartida por la mayoría de sus compañeros de la orquesta de la época, que él y el Profesor Mario Méscoli, otro músico italiano invitado por el Maestro Ríos-Reyna, conformaron un cuasi legendario y ejemplar tercer atril en la fila de los primeros violines durante muchos años. Su fidelidad hacia la orquesta fue traducida en acción en diversas oportunidades, muy especialmente en 1987 cuando la OSV se enfrentó, en unión de un nutrido grupo de compañeros, al poder del gobierno de turno y no vaciló un solo momento en ponerse del lado de los que defendían su nombre y su integridad institucional.

En Caracas también ejerció el cargo de Profesor de la Cátedra de Violín en el “Conservatorio Italiano de Música” del cual fue también co-fundador; destino que le permitió formar durante 22 años a un sinnúmero de alumnos, entre los cuales vienen a mi memoria los nombres de Carlos Riazuelo, Luis Morales Bance, Carmen Helena Ochoa y quien escribe estas líneas- Todos llegamos a ser integrantes del profesorado de la OSV.

Además de haber recibido clases de violín en la cátedra del Maestro Flamini, recuerdo con especial cariño haber asistido al curso de Música de Cámara, auspiciado por el Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes, Inciba, dictado por él y la Profesora Graciela Rousset de Ríos. Su entrega como docente era realmente integral ya que iba acompañada de consejos personales y su digno ejemplo, los cuales dejaron huella imperecedera en sus alumnos.

Su amor por Venezuela lo llevó a tomar la decisión de renunciar a la nacionalidad Italiana y de sentirse orgullosamente 100% venezolano. Hasta el último momento, siempre fue optimista respecto a nuestro país, y confió en la voluntad de su gente en llevarlo hacia adelante.

Falleció el Maestro Alberto Flamini el 22 de mayo 2013 en la quietud de su hogar a los 93 años de edad.
Nuestra eterna gratitud a la Providencia por habernos permitido disfrutar de sus enseñanzas, su ejemplo y su amistad.

Paz a sus restos.
Alejandro Ramírez García
Nota: Mi agradecimiento muy especial al Arquitecto Fidel Enrique Flamini por haberme facilitado la breve biografía de su padre el Maestro Flamini, así como también a su nieto por entregarme una foto reciente de su abuelo. ARG