Sergio Calero | Vía: paginasiete.bo

“Yo pensé que la mejor forma de aprender era reuniéndome con músicos, por ejemplo de jazz, que es gente muy a la vanguardia armónicamente.

Apareció sorprendente y sin aviso, era una combinación imposible y a la vez inevitable de escuchar, exprimimos los siempre escasos bolsillos juveniles y sumando pudimos comprar ese curioso disco de portada negra con tres nombres por demás llamativos: Al di Meola, John Mclaughlin y Paco de Lucía, registro de su histórico primer encuentro la noche del viernes 5 de diciembre de 1980 en el Teatro  Warfield de San Francisco.

Y como resultaba inevitable escuchar este combinado, también era difícil anticipar a lo que uno se enfrentaba, primero por la curiosa formación de tres guitarristas tocando simultáneamente, y segundo porque los tres eran notables solistas y de un protagonismo incuestionable. John Mclaughlin ya había dado una nueva vida a la guitarra eléctrica introduciéndolo en el jazz con su compleja y fascinante Mahavishnu Orchestra, sin olvidar su paso por discos excepcionales del maestro Miles Davis.

Al Di Meola para entonces ya era nuestro nuevo héroe de la guitarra, quien, a su modo, también nos había revelado una nueva forma de concebir la guitarra, con la potencia de rock y la precisión del jazz, lo descubrimos primero con su paso por la sensacional banda de jazz rock Return to Forever del genial Chick Corea y luego como solista con tres discos imprescindibles, en especial Elegant Gypsy de 1977 y donde compartía precisamente con el maestro del flamenco.
De Paco de Lucía conocíamos poco, además del soberbio dúo con Al en Mediterranean Sundance circulaba un disco nacional (de pobre registro), con uno de los hits de Paco Entre dos aguas y ambas grabaciones ya evidenciaban su maestría.

Con esos antecedentes adquirir aquel disco Friday Night in San Francisco resultaba hasta una obligación, y las expectativas fueron superadas ampliamente porque este encuentro vino a ser una especie de celebración de la guitarra, donde el instrumento parecía llegar al límite de sus posibilidades por el despliegue desbordante de estos tres eximios. El tiempo mostró que esa sensación se compartía en todos los públicos de las más diferentes latitudes, quizá porque hasta entonces no se había escuchado nada parecido.

¿Era jazz?, ¿ o era flamenco? tenía de ambas y ninguna en exclusiva, sobre todo tenía la virtud que pocos discos logran, el de gambetear los géneros y clasificaciones para brillar dentro de lo “único” y “lo diferente”, con un portentosa demostración de técnica, velocidad y buen gusto. Por supuesto, hay quienes criticaron el encuentro tildándolo de “alarde”, y si que lo era, sin embargo siempre he creído que el secreto de su éxito no fue este alarde sino el disfrute del experimento en principio de los propios maestros de la guitarra, que desarrollaban su virtuosismo desde la diversión, desde el gusto de compartir y la satisfacción de coincidir, no como una competencia, sino como un delicioso juego de destrezas y desafíos con el instrumento, sin perderse nunca de la buena música como fin último.
¿Cómo y por qué surgió este encuentro histórico?, en el caso de Paco de Lucía venía a ser la lógica búsqueda de nuevos horizontes y retos musicales después de haber sellado su nombre entre los más grandes de la guitarra en su país y habiendo compartido con otros gigantes como Camarón de la Isla, el propio Paco explica en una entrevista: “Yo pensé que la mejor forma de aprender era reuniéndome con músicos, por ejemplo de jazz, que es gente muy a la vanguardia armónicamente. Como siempre fui curioso e inquieto… yo nunca pretendí dejar de ser un flamenco ni dedicarme a tocar jazz ni nada de eso, yo iba con la idea muy clara de que iba a aprender para luego traerlo de nuevo a mi flamenco y tratar de crecer de alguna manera”.

A Friday Night in San Fransisco le siguió en 1983 Passion, grace & fire, grabado ya en estudio y para mi gusto precisamente con poca pasión y fuego. Y tuvieron que pasar 13 años para un reencuentro, el que denominaron The Guitar Trio y que ratificó la delicia de la coincidencia. Sin embargo, si hay un disco que quedó como emblema de su encuentro y de una forma distinta de apreciar la guitarra, es sin duda el primero. Hoy lo rescato del estante y lo repasó después de muchos años tras escuchar la noticia de la muerte de Paco de Lucía el pasado 25 de febrero. Noticia que se suma a otras que hoy suenan con mayor frecuencia porque los héroes, ya con edades avanzadas, comienzan a mostrar su mortalidad. Nos dejan sus obras no sólo como testimonios de su paso por el arte en el mundo, sino como páginas de nuestras propias vidas y en las cuales perviven además de su maestría el brillo de la  coincidencia como la del aquel viernes de diciembre de 1980, cuando se encontraron, por primera vez, Al di Meola, John McLaughlin y… Paco.