El pasado mes de octubre, el compositor y trombonista venezolano Adrián Suárez ganó el Segundo Concurso Iberoamericano de Composición para Banda Sinfónica Ibermúsicas, en la ciudad mexicana de Oaxaca, con su obra Aerofanía, retumbos místicos para banda sinfónica.


Por Ana María Hernández Guerra | Venezuela Sinfónica

Esta obra está diseñada a partir de la sagrada Tetraktys de Pitágoras, y contiene diez “peldaños místicos” organizados ceremonialmente. Como señala el propio Suárez “los retumbos se transforman en canto y lenguaje, a través del aliento de la Banda Sinfónica, y su contenido anuncia el ciclo eternamente transformador del mundo, en constante retorno”.

En el marco del concurso, la obra se estrenó con la Banda del Estado de Oaxaca, dirigida por Alfredo Hernández, el pasado 26 de noviembre.

-¿Cómo llegó a la concepción de esta obra?

-Yo hice en el año 2000 una obra, “Atavismos del sol y de la luna”. Es parte de un período que se abrió con “Watunna para orquesta sinfónica y Shaman”. En estas obras el sonido ocupa un lugar prominente en nuestras necesidades concretas. Recuerda cuando Beethoven, quien dijo que del archiduque nadie se iba a acordar de él sino es por su música, y gracias a que Beethoven escribió las sinfonías se le recuerda. Como lo que pasa aquí en Venezuela, con esta casta política: nadie sabrá de ellos, pero la memoria histórica es un compromiso del arte y del creador. La gente está afectada, está entretenida con lo cotidiano, y esto es un asunto de Estado. Las monarquías se acabaron en Europa y tenemos esa música, gracias a que los creadores pudieron entender. La gran crisis nuestra es espiritual, y, concretamente, esta música avanza hacia esos contenidos, de religarnos a ese mundo espiritual.

-Eso forma parte de lo que investiga…

Para mi ha sido muy importante el encuentro con las culturas indígenas del Orinoco en su día a día, su cosmovisión. En todo está la estructura de lo sagrado, que les ha permitido tener un equilibrio con el entorno. Tenemos grandes desequilibiros con la sociedad, y estas culturas han sido un pilar fundamental, simbólico, del mundo de las sonoridades tan maravillosos que suceden entorno a lo sagrado, tienen contenido. Mi investigación en el oficio de la creación, como compositor, de lo que trata es de proponer nuevas estructuras, y que ellas contengan nuevas sonoridades y más importante que tenga el contenido de lo que hago.

-¿Ha tenido experiencias cercano a lo sagrado?

-Sí, me han iniciado en algunos saberes. Eso ha sido una bendición y me ha cambiado mi concepción de las cosas. Hay culturas donde la música no tiene connotación profana, y no la usan para otra cosa que no sea lo sagrado, mientras que para nosotros es entretenimiento. La música es entretenimiento, tenemos que avanzar, ver los orígenes, las culturas indígenas. Esta obra se llama “Retumbos místicos” porque trata de los Vedas. En los Vedas están los conceptos de cómo tratar los sonidos. Eso pasó a occidente, a Grecia, a todo lo que tenemos. Todo eso se fue desvaneciendo desde la Revolución Industrial, y veo la historia como meandros, vamos, venimos, y yo estoy en ese retornar, en ese religar. El sonido, la música, tiene una función concreta de religarnos a lo sagrado.

-¿Ha indagado en las investigaciones pitagóricas?

-Sí, cada obra plantea algo, la Tetraktys, la década. Son diez retumbos místicos. Esa idea de  la década pitagórica está en la estructura. Luego, también está en la estructura del sonido como yo la elaboro. Trabajo con una escala de 24 tonos y establezco estructuras de grupos de sonido. Por ejemplo, hay antiguas simbologías, sonidos a determinada altura, que deben sonar a determinada hora y en determinado momento. Ese tipo de cosas son conocimientos que yo mantengo. Las familias orquestales, las maderas, viento-metales, las cuerdas, para mi tienen una connotación en esa sentido también; y las alturas. Un “re” de un violín no es lo mismo que un “re” de un trombón, no solo por el timbre sino por la altura, porque lo que frota, el pelo frotando (en el caso de los instrumentos de cuerda frotada como el violín) es el anuncio de un elemento concreto. Los instrumentos estaban ligados a elementos, el bambú es agua y viento, y hay una relación mística de hacer que dos elementos conjuguen.

-¿Qué elemento está en las cuerdas?

-Mucho fuego, sobre todo las frotadas. Como te digo, depende de la hora, el momento, tienen un cruce con otros elementos. Eso está muy estudiado, y que está en los Vedas. Eso se transmitió al folclor, algunos signos quedan de esa época y a mi me interesa mucho. Yo no solamente orquesto instrumentos, sino que orquesto elementos. Un acorde tiene una connotación de alturas tímbricas y tienen connotación de participación concreta de elementos de la naturaleza que yo multiplico y permuto al infinito; porque tengo toda la paleta orquestal con una orquesta sinfónica. Entonces, es un trabajo infinito, maravilloso, que tiene y debe tener contenidos. Este es un instrumento (toma la caracola) es muy cercano a mi. Esta obra, “Retumbos místicos”, “aerófana”, es una palabra que concibió Octavio Paz, ceremonia. (Sopla la caracola) Este es un instrumento tan arcaico, sucede que el sonido aparece de forma tan nueva, insospechada…

-Y usted se conmueve…

-Sí, de eso se trata componer. Primero, de una nueva estructura, pero con los preceptos que estamos hablando, si tienes un problema en el cuerpo emocional, el sonido va al cuerpo emocional. El sonido va a ese cuerpo, otros no. Y eso es lo que los compositores no saben, porque no está en nuestra tradición; está en otras tradiciones. Hay instrumentos que hacen ese trabajo.

Eso que estás escuchando tengo que traducirlo a instrumentos europeos, de manera física, metafísica, sobre todo físicas, y es un poco mi trabajo.

-¿Una audición de una de sus obras requiere un momento y unas circunstancias precisas, determinadas? ¿Pueden hacerse en cualquier espacio?

-Esos son el tipo de cosas que hay que infiltrar, porque tenemos un momento histórico concreto, y esta música debemos poder escucharla. Por ejemplo, esta obra ganó un premio entre 60 de una manera un poco mágica. El cómo ellos determinan que una obra gane, eso pertenece al mundo invisible, metafísico que contiene todo. En Oaxaca, la música de banda tiene una tradición muy grande, más que de la orquesta sinfónica, en cada pueblo hay varias bandas,  y que esta música haya hecho aportes concretos a la música de banda es importante.

-Y esta fue una obra que escribió para el concurso, con la especificidad de que fuera para banda…

-Sí, la banda es un aparato de instrumentos de viento y percusión. No tiene instrumentos de cuerda.

-¿Qué elementos de la naturaleza usó?

-Tuve que trabajar con la conjunción del viento que convoca la tierra, el viento que convoca el agua, el viento que convoca el fuego y todas las permutaciones posibles. Los instrumentos de cobre, trompeta, trombón, corno, tuba, bombardino, están muy ligados al fuego, por ser de metal. Pero en la obra, a los trombones y a las trompetas se les coloca agua, al interior y hay una sonoridad del agua borboteante, más la altura que están tocando, y allí hay una relación bastante difícil en la naturaleza, que es el agua con fuego.

-¿El instrumentista tiene que agregarle agua al interior? Siempre luchan con sacarle el agua condensada del aliento.

-Hay una sonoridad. El instrumentista le coloca agua y hay una relación que lo llevo a la tierra con la percusión, y allí tengo todos los elementos, es un arsenal grande, tengo todos los elementos. Que me ayuda a tejer el aire, yo tejo el aire entre ellos mismos, los metales con los viento-madera, oboe fagot, clarinete sobre todo, que es un instrumento de metal con lengüeta, un hibrido entre madera y agua, puedo conseguir analogías y debo concebir analogías en todas las familias instrumentales para luego concretamente proponer la estructura que el sonido tiene. Todo está en mi pensamiento, contiene una onda primordial, eso contiene todo, pero debe manifestarse en el plano físico para luego manifestarse en el metafísico.

-¿Cómo se sintió cuando escuchó la obra en vivo? ¿Era lo que había pensado, hicieron lo que usted quería?

– Fue como una escucha nueva. No tenía nada que ver, porque antes había sido pensamiento, el asunto de lo concreto fue como una caricia, podemos imaginar, lo que genera la caricia, es la experiencia y fue una experiencia grata profunda.

-¿Había trabajado con los músicos?

-Estuve en cuatro ensayos, y fue interesante, porque la obra propone lenguajes nuevos, cosas no convencionales, y en primera instancia no están acostumbrados…

-Como agregarle agua a los instrumentos…

-Sí, y así como eso varias cositas que hay en la obra, técnicas, que yo creé especialmente, eso ayudó a que el jurado se fuera por esta obra, porque concretamente se propone algo.

-Se avanza…

-Sí, eso está en mi idea. Es poco probable que alguien vea la partitura y cuando el sonido lo escuchas sí, porque va más allá, fue una experiencia hermosa constatar a lo que el sonido nos lleva.

-¿Un compositor como usted hace acotaciones como los dramaturgos, más allá de las dinámicas, en la partitura?

-Todo está explícito en unja notación que lo contenga. El problema o riesgo de eso es que dejas al intérprete un margen demasiado grande, que se vaya por caminos que tú no quieras. Uso parámetros del sonido, todos, y si necesito una nueva notación la creo, pero debe contener todos los parámetros para que el instrumentista ejecute lo que está allí. Con el director sí, hay consideraciones agógicas de dinámicas, rituales, que el director debe verlo… llevarlo como si fuera un ritual, todo el mundo entendiendo lo que debe hacer, y el director, Alfredo Hernandez, supo entender, leer, y el finale es una cosa impactante porque terminó la obra y estuvo como dos minutos en silencio. No se sabía si había concluído, evidentemente fue una de las cosas más hermosas, que no pensé, cómo todo retornó al silencio, esa inmanencia maravillosa fue algo que el director propuso, y terminó la idea como un ritual.

-¿Se escuchará en Venezuela?

-Voy a ver si este año, 2017 se puede hacer aquí. Conversé con la Banda Sinfónica Simón Bolívar que dirige Sergio Rosales, yo le había dado la partitura a él antes de que se premiara, y al ser premiada tenía que hacerse allá en Oaxaca antes. Quedó pendiente esa conversación, porque nuestro país debemos curarlo nosotros mismos, y el sonido es medicina espiritual.

-¿Hay posibilidad de grabarla?

-Ellos grabaron allá, pero posiblemente saquen un disco. Este es un festival que se llevó a cabo en el marco del 22 Festival Eduardo Mata que hacen anualmente. El premio es bienal pero ellos siempre hacen obras para banda, y seguramente lo incluirán en el disco.

-En abril usted hizo un trabajo con la salsa ¿Cómo conjuga esos dos mundos?

-Porque soy caraqueño y yo creo que la salsa te toca, la cultura salsera es del venezolano, del caraqueño, es muy profunda, es un público que sabe. El salsero venezolano conoce la salsa, los discos, los músicos, los procura, acude, es un mundo que yo particularmente desde niño he estado cerca, y toco un instrumento que es muy importante en la salsa que es el trombón. Hice un espectáculo que propuso algo, la historia del instrumento y de la salsa, viendo hacia las fuentes. Es un instrumento que viene desde finales del siglo XIV y cómo se contextualiza en nuestra urbe, y en el fenómeno de la salsa, que arranca en los años 50. El espectáculo ligaba esas dos historias paralelas, cuando llega a la rumba. Es un poco la visión, como ejecutante, como compositor, en cosas sagradas en puestas profanas, estamos en ese eterno retorno, en ese espiral eterno y el sonido es la herramienta más potente con lo que la humanidad cuenta. Como dijo Eugenio Montejo, el arte es la última religión que nos queda y la música es lo más profundo, yo siempre hablo de que hay que tomar consciencia de ello. Se toma a la música sinfónica como entretenimiento.

-Y tenemos mucho de la cultura de lo que “me gusta/ no me gusta” o “me aburre/ no me aburre”.

-Eso mejoraría si hubiese una política de Estado. Los compositores venezolanos no se tocan, y los que queremos proponer algo no nos van a tocar, ni a los latinoamericanos. Es una concepción de entretenimiento que es terrible, se toca Beethoven por entretenimiento. Esta cosa genera mucho estrés.

-¿Qué tiene para 2017?

-Un proyecto de música coral, estoy empezando una ópera. Y también, siempre hay un estreno de una pieza, una que tiene tres años escrito con texto de Eugenio Montejo, algunas cosas con texto de Santos López. Tengo una cantidad de música ya escrita que no se ha hecho y que será toda una aventura montarla. Claro, es difícil en una sociedad donde el compositor es una entelequia, pero ese es el reto y no tengo otra forma, y cada vez ha crecido más mi responsabilidad como creador. Este premio es un mensaje, que hay que continuar, el mensaje para continuar. Hay varios proyectos, pero nada concreto, y los estaré anunciando en la medida en que salgan, cosas por fuera, que también espero se concreten. Mi idea es seguir en este país, no tengo posibilidad de estar en otro país que no sea este. Como dijo Caupolicán Ovalles, la obra de arte que no sea de este país es de otro país, inexistente.

La realidad cotidiana es una sola, está atada con hilos al infinito, y yo sigo trabajando.