El pianista bilbaíno explica su relación con su instrumento antes de su concierto en el Festival del Santander


Vía: www.elmundo.es | Por P. Unamuno

 

Como hombre exquisitamente educado que es, Joaquín Achúcarro alaba por sistema el piano que le ponen en todo auditorio del mundo que le reclama. Como intérprete más que avezado, sabe que los teclados, como los toros, se dividen en tres clases: buenos, malos y traidores, que son los que suenan bien en el estudio y te traicionan durante el concierto. En general, añade, «el piano es un mentiroso».

Como veterano concertista (Bilbao, 1932), sabe también que las certezas son solo para algunos ‘afortunados’, y que -al contrario de lo que muchos creen- se desvanecen conforme pasan los años. Cerca de cumplir los 86, él es plenamente consciente de que el resultado de cada velada depende no sólo del instrumento, sino también «del local, del sonido que le llega, de la presión que ejerza sobre cada tecla…», mil detalles que hacen de cada concierto «una prueba nueva cada día» y entre los que hay que contar el ‘feeling’ del público.

«Se siente al momento si están pensado en las cotizaciones de la Bolsa», bromeaba el pianista ayer en Santander, horas antes de la proyección del documental sobre su trayectoria que elaboró TVE con motivo de su 80 cumpleaños, y de su actuación por la tarde dentro del Festival Internacional de Santander (FIS), donde interpretó obras de algunos de sus compositores más queridos: Chopin, Falla, Debussy y Ravel.

Más incertidumbres que, en labios de Achúcarro, suenan a pasión e infinita entrega al instrumento al que se consagró a partir de los 13 años (hace ahora 72…): «Cada concierto mío es el último de mi vida… hasta mañana, cuando tengo el siguiente», dice mientras explica con su singular llaneza el modus operandiprevio a cada recital: «Estudio mucho por la mañana y luego me pongo en modo avión: repaso y ahorro fuerzas».

Siempre presto a la guasa, el vasco se siente parte de la especie de pianistus estupidus que no pueden alejarse de piezas «sobrecogedoras» y que «nunca se acaban de entender por completo» como Gaspard de la nuit de Ravel, que tocó anoche junto a los 24 preludios de Chopin, tres otras de Debussy y la habanera que Falla compuso como homenaje a este último compositor.

Achúcarro alabó la «seguridad muscular» de los intérpretes jóvenes, cuyos «volatines» técnicos le impresionan, no sin recordar que, más que el virtuosismo, importa «hacer cantar el piano», explorar sus inacabables posibilidades sonoras que el simple uso del pedal puede hacer revivir…

A la charla con el director del FIS, Jaime Martín, siguió la proyección del documental de la serie Imprescindibles en el que analizan la figura de Achúcarro personalidades musicales como Zubin Mehta, Simon Rattle, Plácido Domingo, Carlos Kalmar y la esposa del artista, y también pianista, Emma Jiménez.