En el repertorio del Tour Europeo 2015 de la Sinfónica Simón Bolívar figura la pieza del español Julián Orbón, estrenada en Venezuela en 1954 y que en su momento fue descrita por el compositor Aaron Copland como uno de los hallazgos del 1er Festival Latinoamericano de Música

Conoceremos la historia de esta pieza que guarda tanta relación con el país y que fue interpretada en el 2012 por el mismo Dudamel y la Sinfónica Simón Bolívar en El Carnegie Hall en el Festival Voices from Latin America.

El asturiano Julián Orbón se destacó como pianista, compositor e intelectual en la vida cultural cubana de la época. Se traslada a Cuba en 1932 y en 1944, al morir su padre queda a cargo del Conservatorio Orbón. Fue fundador del Grupo de Renovación Musical (1942-1948) y estuvo estrechamente ligado al Grupo Orígenes.

Participó a los 29 años en el 1er Festival Latinoamericano de Música en Caracas en 1954, que fue convocado el 25 de agosto de 1953, con el fin de presentar las obras que resultaran ganadoras en el marco del mencionado festival y que se realizaría en Caracas, entre el 22 de noviembre y el 9 de diciembre de 1954.

De izquierda a derecha: Carlos Chaves, Alejo Carpentier. J J Castro, Hilario González y Julián Orbón en Venezuela (1954).

De izquierda a derecha: Carlos Chaves, Alejo Carpentier. J J Castro, Hilario González y Julián Orbón en Venezuela (1954).

La realización del evento estuvo a cargo de los profesores Inocente Palacios, el maestro Enrique de los Ríos, Pedro Antonio Ríos-Reyna y el escritor cubano Alejo Carpentier, tenía entre sus objetivos reunir a los principales compositores del continente para conocer las últimas tendencias de la música de América Latina.

Los jurados para esta actividad fueron el maestro Vicente Emilio Sojo (Venezuela), Heitor Villa-Lobos (Brasil), el compositor y musicólogo Adolfo Salazar (español-residenciado en México), Edgar Varèse, (francés residenciado en NY), Erich Kleiber, (austríaco residenciado en Buenos Aires).

El asturiano Julián Orbón, residenciado en Cuba obtuvo el premio Juan José Landaeta por “Tres versiones Sinfónicas”. La obra se estrenó como estaba previsto en el concierto de clausura del Festival.

Según Copland:
«Orbón probó ser uno de los hallazgos del festival. Todo lo que escribe para la orquesta “suena”.»

Sobre esta obra dice Carpentier en su libro “La música en Cuba” :

«He aquí un compositor en perpetua evolución dentro de una trayectoria propia, sin paralelo, que yo sepa, en la producción musical de nuestro continente. En todo caso puede afirmarse que las dos obras que de él se escucharon en el transcurso del festival, obedecen al enfoque de objetivos concretos, muy distintos de los perseguidos por otros autores presentados.

Sin usar para nada del folklore, alcanza la expresión a la vez propia y nacional partiendo de las raíces —quiero decir: de los elementos puros que, originándose, a veces, en lo muy remoto (como el caso del “Xilophone”) forjaron, por proceso de simbiosis, la cultura actual del continente. De ahí que al unir los nombres de Luis de Milán y de Perotino a los títulos de las dos versiones primeras, sólo quiso el compositor aclarar su concepto en cuanto a una posición inicial que puede compararse a la del escritor moderno que estampara una cita clásica en el frontispicio de un libro.

A partir del mero enunciado del tema, todo lo que sigue obedece a la creación propia del autor: creación de orden metafórico, llevada hasta el extremo de sus posibilidades. De ahí que la Pavana de Luis de Milán, correctamente ubicada en la obra de un compositor de América Latina, por cuanto su expresión forma parte de un espíritu que fue traído al Continente por los músicos de la Conquista —¿qué tocarían los vihuelistas mencionados por Bernal Díaz del Castillo sino algo parecido?—, se transforme inmediatamente, después de su vigorosa introducción, en un movimiento sinfónico tan henchido de las esencias musicales que se integraron en nuestro patrimonio, que pronto cobra el más legítimo acento cubano […].

El mismo proceso se opera en “Conducto”. Partiendo de dos cláusulas de Perotino el Grande, organista del siglo XII, el compositor transpone, transfigura, una materia melismática de canto gregoriano que pertenece a todos los países de América por igual, puesto que no fue el hombre del renacimiento quien operó la magna obra de la Conquista, sino un hombre de pensamiento y comportamiento medieval —hombre que trajo aeste suelo, con toda la gran cultura cristiana, el canto secular de sus catedrales. Pero el problema resuelto es totalmente distinto del planteado en la “Pavana”, tratándose con el espíritu más personal una materia modal metaforizada en un discurso de una admirable elevación lírica, donde algunas de las cuestiones capitales de la tonalidad son puestas en entredicho para encontrar soluciones de una novedad sorprendente.

Además, en esta peripecia del tríptico —peripecia en el sentido dramático del término— Julián Orbón nos revela su trascendental hallazgo consistente en lograr el desarrollo por los caminos de la inflexión, de la acentuación, de la escansión, apartándose de todas las reglas que rigen, habitualmente, el desarrollo tradicional de la melodía.

De ahí la extraordinaria tensión lograda de súbito en ciertos pasajes cuya intensidad es obtenida más por un desplazamiento de acentos y por la progresión modulatoria en sí, que por el empleo de medios meramente orquestales. Tengo el “Conducto” de Julián Orbón (coincidiendo este criterio con el parecer del maestro Juan José Castro) por uno de los aciertos más notables de la música contemporánea —vereda abierta para penetrar en un vasto mundo de síntesis, destruyéndose las barreras de tiempo alzadas en la milenaria evolución de la cultura que compartimos.

El “Xilophone” final, basado en una frase elemental del Congo Belga, repite en el dominio del ritmo puro, el logro de la “Pavana”. Pero aquí, partiéndose de la raíz primitiva, se alcanza lo americano —¡y qué ecuménicamente americana resulta esta página de una instrumentación deslumbradora!— a través del paso del negro al Continente. Tres proposiciones. Tres versiones. Tres problemas perfectamente resueltos —a base de un concepto de libertad nuevo en las escuelas contemporáneas—, que erigen a Julián Orbón en el primer compositor cubano de la hora actual, y, en cuanto al continente, en el plano de sus más grandes músicos.»

Alejo Carpentier. La música en Cuba. México, Fondo de Cultura Económica, 1972; «Orbón, Premio Landaeta». En: Temas de la lira y del bongó. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1994;«Tres versiones sinfónicas de Julián Orbón». En: Temas de la lira y del bongó. La Habana, Editorial LetrasCubanas, 1994.
Fuente: CLÁSICOS CONTEMPORÁNEOS DE LATINOAMÉRICA,
Programa 03, conducido por el maestro Alfredo Rugeles y Diana Arismendi, transmitido por la CUltural de Caracas

Con información de www.encaribe.org/