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Gustavo Dudamel: “No tengo tiempo para poder sentirme estrella del rock”

Maricel Chavarría | Barcelona | La Vanguardia.com

El batuta venezolano regresa a L’Auditori el 30 de junio con la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar

Gustavo Dudamel

Gustavo Dudamel

Ya fue muy celebrada su primera visita a L’Auditori el año 2009, ocasión en la que dejó una estela de entusiasmo, genio y pasión junto a la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela. Y no sería de extrañar otro lleno total el próximo día 30 de junio, en la misma sala, muy a pesar de los sustos de esta crisis y de los 80 euros que cuesta la entrada más cara (25 la más barata). Gustavo Dudamel (Barquisimeto, 1981), el batuta más mediático y celebrado de su generación, regresa a Barcelona junto a la formación joven con la que creció y de la que es titular: 200 músicos de entre 18 y 28 años. Esta esta una tarea que compagina con la dirección musical de la Filarmónica de Los Angeles, con la que ha prorrogado hasta 2018-19, y con la de la Sinfónica de Gotemburgo, cuya colaboración finaliza ahora. Dudamel ha salido de gira primaveral con la Filarmónica de Berlín y ha inaugurado los conciertos de verano en los jardines de Schönbrunn con la de Viena. Ahora llega a España –el 2 de julio en Madrid– con disco de Beethoven bajo el brazo, no sin antes mantener una cálida charla telefónica con La Vanguardia.

¿Cómo lleva lo de ser una estrella del rock en el mundo de la clásica?

Uno no cae en cuenta porque está permanentemente haciendo conciertos y viajando. Son tantas cosas en tan poco tiempo… vengo ahora de Gotemburgo, estuve en Viena, en Los Angeles, antes en Berlín, en París, ahora en Escocia y luego en Barcelona y Madrid. Estás en un corre corre y al final no te das cuenta de si hay un reconocimiento o si la gente piensa en ti como una estrella del rock.

¿Pero se siente parte de una generación de jóvenes talentos extrovertidos y heterodoxos, que están revolucionando el mundo de la clásica?

Todo evoluciona con los tiempos. Ahora vivimos un cambio del concepto de lo que significa la música clásica y lo cerca que debe estar de los jóvenes. ¿Y cómo llamar su atención? Pues poniendo a jóvenes a tocar, que puedan sentirse identificados. Yo formo parte de una generación que tiene una gran responsabilidad de atrapar a la juventud, pero construyendo una base sólida sobre eso, que no sea una moda.

Tiene 31 años y lleva casi una década en el candelero. ¿Cree que se apostó por usted como director de grandes orquestas siendo demasiado joven?

Yo siempre soñé con dirigir grandes orquestas y con tener la oportunidad de ser titular o principal, pero nunca hubo una presión. La gente puede imaginarse a un niño prodigio que se pasaba el día encerrado, que no jugaba con los otros niños. No, mi vida ha sido llevada de la forma más natural. Y es verdad que siendo muy joven empecé a dirigir grandes orquestas, pero no soy el único. Hay grandes jóvenes directores que están haciendo una maravillosa carrera. Y para mí es un privilegio. No hay nada más gratificante que hacer lo que te gusta y al más alto nivel. Imagínese estar al frente de la Simón Bolívar con la cual yo crecí, que es mi familia, con la hemos evolucionado juntos. Es hermosísimo. Y la Filarmónica de Los Angeles, la Sinfónica Gotemburgo con la que ahora termino, o Berlín, Viena… son parte de algo natural, no hay una receta para llegar aquí.

¿En realidad qué es más sexy: Gustavo Dudamel, el director apasionado, de gesto claro y expresivo, o el proyecto social de la Orquesta Simón Bolívar?

No son elementos separables. Yo nací en el Sistema Nacional de Orquestas de Venezuela, me eduqué y crié formando parte de él, y estoy orgulloso de llevar el mensaje de que la música como elemento social es extremadamente importante, que la gente sepa que esos proyectos que se desarrollan por el mundo inspirados por el Sistema son parte del camino iniciado por el maestro Abreu, y que sus hijos seguiremos luchando y tocando por ese proyecto.

En un principio, su visita con la Simón Bolívar a Barcelona incluía el proyecto social en el barrio de la Mina, pero la crisis impide que se pueda costear. ¿No es una contradicción?

La Orquesta siempre forma parte de este proyecto. Ahora llegamos a Escocia, al barrio de Raploch, en Stirling, una comunidad de escasos recursos donde hay un proyecto inspirado en el Sistema que en un año ya cuenta con 450 niños. Y pasaremos cinco días. La orquesta dará clases, tocará con los niños, habrá un concierto al aire libre en el que los padres van a verse reflejados… Ese compromiso existe y espero que volvamos a Barcelona con tiempo y podamos tener una experiencia como esa, como sucedió la semana pasada en Londres, donde la gente está envuelta en un programa educativo alrededor de los suburbios. Esperamos hacerlo en Barcelona, un sitio maravilloso donde estuvimos hace tres años con una maravillosa calidez del público.

Entonces, ¿no era un problema de tiempo o de dinero?

Creo que no había el tiempo. Llegamos el mismo día del concierto y al día siguiente nos vamos a Madrid. Hay que volver a Barcelona con cinco o seis días por delante, para hacer un par o tres de conciertos y compartir todo eso. Hay que planificarlo bien.

¿Y si le dieran a escoger entre L’Auditori o la Mina…?

Ir al barrio es importante. Lo hacemos en Venezuela todo el tiempo. Y ahora no estamos en Escocia para el festival de Edimburgo, ni siquiera vamos a un Concert Hall, sólo a un barrio de Escocia. Como artista hay que cambiar el sistema y que la gente pueda ver la orquesta y la música sinfónica como parte de la comunidad. Y lo vamos a hacer en Barcelona.

¿El próximo año?

Por mí este mismo año. Es un compromiso primordial en la agenda de la orquesta.

¿Qué alega usted ante los recortes a la cultura por la crisis?

El arte es un derecho humano como la educación, la alimentación o el derecho a la salud. Suena muy romántico y utópico, pero es un concepto realmente básico: el ser humano no es para las artes, sino las artes para el hombre. Ese derecho primordial hay que ejercerlo en crisis o fuera de ella. Recortar en cultura porque se cree que no se come de ella es ilógico en nuestros tiempos, cuando necesitamos un mensaje mucho más profundo. La música, el arte, sensibiliza, enriquece el espíritu. Hay un poeta colombiano que habla de los siglos-instantes, esos momentos que obran tan poco pero que son eternos; eso es lo que pasa con la música. es un permanente siglo-instante, dura poco pero en esos minutos pasa una vida, se crea una sensación. y eso es algo que sensibiliza, te cambia. ¡Los jóvenes y los niños no tienen acceso a la belleza!

La Fundación Musical Simón Bolívar ya va por los 400.000 niños beneficiarios, y el 75% son pobres.

Pero eso no soy yo, eso ha sido el maestro Abreu, que comenzó con once muchachos y ha llegado a eso. El sistema se ha convertido en un símbolo patrio, y es algo hermosos que una institución cultural se convierta en una bandera de un país, porque la gente ve en el sistema un proyecto de futuro.

¿Y hasta qué punto el Sistema es una herramienta política que puede escapar a la voluntad de los artistas en una país presidencialista?

El Sistema es un símbolo absoluto del país y trasciende la política. Desde el momento en que se empieza a hablar de política surge el conflicto porque el mundo vive en una crisis política y económica. Creo que el mundo está despertando. Soy muy optimista, soy de Pangloss en esta historia de Voltaire, el filósofo optimista que ve en ese el mejor de los mundos.

Sobre todo si el presidente está interesado. ¿Es cierto que Chávez le pone un avión privado para ir de gira nacional?

Ja, ja, ja, mentira, no vale. Lo que hay que entender es que el Estado tiene que respaldar la cultura, no puede seguir siendo algo elitista. La gente está ávida de vivir belleza, y no una avalancha de malas noticias de que se nos está viniendo el mundo abajo.

¿Qué ha aprendido con las orquestas europeas… Gotemburgo, Viena… la Filarmónica de Berlín, con la que ha estado de gira esta primavera?

Imagínese… es un sueño hecho realidad. Es un privilegio y le doy gracias a Dios, a la vida, a mi familia y al Sistema por haberme dado la oportunidad de ser música. Uno en la música siempre está aprendiendo, es un arte infinito, no es como la escultura que quedó allí, la música se recrea permanentemente, siempre es distinta, es un arte que te hace pensar todo el tiempo y repensar.

¿Y qué me dice de su aportación rítmica? Su Sibelius debe resultar chispeante en Suecia.

Uno se adapta. Es una interacción hermosa, recibes lo que es la orquesta y aportas algo, pero es una combinación de tradición de ideas en la cual tu juegas y desarrollas una interpretación. He hecho Sibelius con la orquesta de Gotemburgo, que lo ha tocado 200 veces, incluso dirigida por el mismo Sibelius. O hice Strauss con la Filarmónica de Berlín, y las partituras de los músicos decían el timing de la obra… 33 minutos con el doctor Strauss. O vas a Viena ves las mismas partituras que usaban cuando Mahler… Y uno tiene que hacer un balance y respetar mucho a los músicos que tienes enfrente, por la experiencia y la calidad y por lo que te están brindando.

En Barcelona tocarán la “Heroica”, la Tercera Sinfonía de Beethoven, un homenaje del compositor al ideal de héroe.

Es una obra humana convertida en el homenaje de Beethoven al ser humano como héroe de su propia vida, de esa batalla permanente que uno tiene. Así veo yo a Beethoven: es un ejemplo no sólo de revolución musical sino que revolucionó la música como un gran mensaje humano.

Beethoven hace un homenaje a la Revolución Francesa, aunque luego se enoja muchísimo al ver cómo Napoleón pervierte la revolución. ¿Usted teme que la perversión de la revolución en Venezuela?

La revolución es algo mundial que está sucediendo porque los pueblos despiertan. Es importante ver por dónde andamos, darnos cuenta de si el camino que hemos labrado ha sido labrado en la dirección adecuada. Creo que estamos a tiempo de cambiar el rumbo de un mundo lleno de conflictos y de crisis. La vida del ser humano es una revolución permanente, de lo contrario que aburrida sería.

La suya no, desde luego.

Yo estoy en un cambio permanente y eso es maravilloso porque te hace pensar, evolucionar. Soy muy duro conmigo mismo, muy autocrítico, pero eso me hace seguir creciendo y repensando lo que hago. Ahora tengo un hijo, y eso te hace cambiar mucho la forma de pensar, tienes una responsabilidad muy grande con el mundo, con tu país, y uno tiene que seguir luchando por cambiar lo que al gente puede predecir.

Y la segunda pieza que interpretarán es “Una sinfonía alpina”, de Richard Strauss, un canto a la naturaleza. ¿Comparte ese ideal romántico por la naturaleza?

“La alpina” es una obra perfecta para la Simón Bolívar, por esa cantidad de energía que requiere, por las dimensiones de la obra –12 cornos fuera del escenarios, en total 21–. Es una obra descriptiva tan bien hecha que puedes sentir las imágenes: el momento del peligro, la tormenta, el amanecer de ese sol entre las montañas, el paisaje alpino… Me enamoré de ella no hace mucho, porque yo era más de Zaratustra, de Don Juan… pero cuando en 2004 escuché por primera vez en vivo la Alpina en Berlín… uff. Es tan maravillosa la textura de la orquestación… cuando tienes la caída de agua suena tan cristalino… es maravillosa. Estoy seguro que el publico sentirá que adoramos esta obra.

Siempre dice que es un artista apasionado. ¿Cómo es su proceso de trabajo?

Estoy estudiando permanentemente. Igual que nunca he sentido presión sino placer por lo que hago, lo mismo sucede cuando estudio. Estudio incluso obras que no tengo que dirigir en los próximos cinco años. Me gusta estar atento porque siempre aparece una nueva idea, te aparecen cosas que no aparecieron ni la primera ni la segunda vez. Estructurar una obra es sencillo para mí, dirigir de memoria es algo supernatural, forma parte del mismo estudio cuando se tiene una memoria fotográfica, pero para poder llegar a eso tienes que trabajar muchísimo. A mi me gusta leer. Combino mucho el estudio de la música y la lectura, hago como un contraste de cosas que me funciona para el cerebro.

0 0 189 19 junio, 2012 Eventos junio 19, 2012
Patricia Aloy

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Directora del Noticiero Digital Venezuela Sinfónica @vzlasinfonica www.venezuelasinfonica.com Los invito a leerlo! Caracas, Venezuela

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